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Reportaje:

Orgullo, prejuicio y eterno retorno

El estreno de la decimocuarta versión cinematográfica de 'Jane Eyre' confirma el inagotable hechizo de las historias de las hermanas Brontë o Jane Austen

Nietzsche estaría encantado si echara un vistazo a la cartelera de los últimos años. La teoría del eterno retorno de lo mismo parece campar a sus anchas en los proyectos cinematográficos, sobre todo en lo que tratan del rescate de los clásicos. La enésima revisión de la historia de Jane Eyre, de Charlotte Brontë, llega mañana a las pantallas españolas de la mano de Cary Fukunaga (California, 1977), con Mia Wasikowska en el papel de la huérfana rebelde que no encuentra su lugar del mundo. Y en este caso, lo de enésima no suena a exageración: se trata de la decimocuarta versión cinematográfica de la historia desde aquella primera, estrenada en 1921.

Fukunaga es solo el último exponente de una tendencia constante a resucitar clásicos de la literatura inglesa en femenino que no solo afecta a Charlotte, sino también a Emily Brontë y a Jane Austen. Parecía reservada a los cineastas británicos, pero ahora se antoja más bien una pandemia global.

"Son historias brillantes, totalmente actuales, que no pasan de moda"

"Estudié historia y en cierto modo el hacer una película de época es algo que siempre me interesó. Para ese proyecto en particular quería focalizarme en los actores y no tratar de ser demasiado ambicioso, de hacer algo de corte, como lo diría... tranquilo. Jane Eyre apareció en ese momento, la película en blanco y negro era una de mis favoritas cuando era un niño y el material era maravilloso", explicaba Fukunaga en el pasado festival de Sitges.

El director tiene un castellano casi perfecto pero prefiere manejarse en inglés en las entrevistas, una medida de precaución se supone. ¿Lo más difícil? "Bueno, lo que siempre traté de evitar mientras la rodaba es que pudieran etiquetar la película, me gustaba pensar que podría funcionar a varios niveles, ser un romance sin ser un filme romántico, ser una película de época sin ser solo una película de época... sí, creo que eso fue el mayor reto y espero haberlo conseguido". Luce gafas de pasta y suéter negro, y parece un intelectual metido en el cuerpo de un gimnasta, lo que combinado con una voz de barítono le da un aspecto de director de cine poco convencional, por decirlo de alguna manera.

El californiano no tiene muchas dudas sobre las razones que impulsan a los realizadores (británicos o no) a volver una y otra vez sobre el mismo sujeto: "Es brillante, absolutamente actual y nunca pasa de moda. Creo que cuando a un director le ofrecen enfrentarse a esa clase de material es francamente difícil negarse". La vigencia de aquella literatura ha dado pie en los últimos años a filmes como Sentido y sensibilidad (cuatro adaptaciones, la última en 2008) y Orgullo y prejuicio (cinco, la última en 2005). También ha hecho que en pocos meses el público pueda contemplar no solo las nuevas aventuras de la joven Eyre sino la resurrección de otro clásico con mayúsculas, Cumbres borrascosas.

Esta vez el foco queda puesto en el empaque visual: "Me gustaba mucho la posibilidad de reinterpretar a través del paisaje que rodea a los personajes y Robbie Ryan

[director de fotografía de la película, por la que recibió un galardón en la Mostra de Venecia] interpretó muy bien lo que yo buscaba: ese caos inherente a la naturaleza que de repente se convierte en belleza", decía la realizadora Andrea Arnold, gafas de sol en ristre, en un jardín de una villa veneciana a cuenta de su visión del mundo de Emily Brontë (que con la suya suma nueve versiones, eso sin contar los innumerables productos televisivos) y su particular (re)lectura visual del mismo.

Tampoco conviene olvidar la amalgama de productos que han surgido en torno a la literatura de las Brontë y Jane Austen y que van desde películas como From Prada to Nada (una extraña reconversión de Orgullo y prejuicio al universo hispano-parlante de Los Ángeles) o libros del estilo de Orgullo y prejuicio y zombies, ese invento que consiste en mezclar el clasicismo inglés del siglo XIX con zombis, vampiros o lo que se tercie y que también cuenta con lustrosos títulos como Jane Slayre (donde la dulce Jane es una psicópata asesina) o Sentido, sensibilidad y monstruos marinos (cuyo título es suficientemente explícito). "Que haya tantos proyectos alrededor de libros que, en algunos casos, se escribieron hace más de dos siglos demuestra que la calidad no caduca. No tengo ninguna duda de que muchos directores se acercarán a ellos en el futuro, ¿por qué no deberían hacerlo?", remata Fukunaga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de diciembre de 2011