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Ola de cambio en el mundo árabe | La visión de Pekín

Apagón informativo en China y rechazo a toda injerencia extranjera

El Gobierno chino ha respondido a la crisis en Egipto con una doble actitud. De puertas afuera, ha rechazado cualquier injerencia extranjera en la resolución del conflicto. De puertas adentro, ha activado los mecanismos de control de la información y censura para minimizar entre la población el debate sobre la revolución en marcha en el mundo árabe y evitar cualquier posible efecto de contagio; poco probable, en cualquier caso, según analistas y observadores políticos.

Ma Zhaoxu, portavoz del Ministerio de Exteriores, ha asegurado -antes de la renuncia del presidente egipcio, Hosni Mubarak- que el Gobierno chino está preocupado por la situación que atraviesa el país árabe, ya que "su estabilidad afecta a la estabilidad y la paz de toda la región". Pero insistió en que "los asuntos de Egipto deben ser decididos de forma independiente por el pueblo egipcio sin interferencia extranjera".

Los censores han desconectado los comentarios en las noticias sobre Egipto

La velada referencia a las presiones ejercidas por EE UU y algunos países europeos para que Mubarak salga del Gobierno sigue la tradicional política de Pekín de oponerse a cualquier injerencia foránea en los asuntos internos de otros países, y Oriente Próximo es una importante fuente de petróleo para China.

Con vistas al interior, los líderes chinos no quieren correr riesgos. La televisión y los periódicos están informando sobre las revueltas en Túnez y Egipto -saben que en la era de Internet es imposible ocultar lo que está ocurriendo-, pero la cobertura ha sido limitada y se ha concentrado principalmente en imágenes de Mubarak y en los esfuerzos de Pekín para repatriar a cientos de chinos desde Egipto. Pocas imágenes ha habido del Ejército, los tanques y los manifestantes, ya que podrían evocar el fantasma de las manifestaciones a favor de la democracia de Tiananmen (1989), en las que murieron cientos -si no miles- de personas tras la intervención de los blindados del Ejército.

Al mismo tiempo, los censores chinos han desconectado la función de comentarios en las noticias relativas a las revueltas en El Cairo en los principales portales de Internet y han bloqueado la búsqueda de la palabra Egipto en portales como Sina.com y Sohu.com, populares medios de intercambio de información -similares a Twitter, vetado en China-, que utilizan decenas de millones de personas. El país asiático tiene 457 millones de internautas.

¿Es probable que las revueltas de Túnez y Egipto provoquen en China manifestaciones y llamadas a la democracia y al fin del Gobierno de partido único del Partido Comunista Chino (PCCh)? No realmente. Las circunstancias, la historia y las condiciones de la sociedad china son muy distintas. Y aunque existe descontento en algunos sectores de la población, la corrupción es rampante y el país acusa enormes diferencias sociales, los chinos no sienten la rabia y la frustración que han estallado en Egipto.

El PCCh asienta su legitimidad en gran parte en el progreso económico y la mejora del nivel de vida de la población. De ahí su obsesión por mantener un fuerte crecimiento y barrer cualquier signo de oposición política.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de febrero de 2011