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ANÁLISIS | Vida & Artes

En la encrucijada

La Comisión Ballenera Internacional (CBI) se creó debido a una "sobrecaza" de ballenas después de la II Guerra Mundial. Esto hundió los precios de los derivados de ballena (principalmente el aceite) y los países cazadores fundaron la comisión para regular las cuotas y evitar el hundimiento de precios del aceite. Así, en 1949 nació como algo a imagen de lo que hoy podría ser la OPEP.

A partir de los años 80, debido al estado de los stocks de ballenas, con más de una especie prácticamente desaparecida, diversos grupos ecologistas, liderados por Greenpeace, consiguen la primera gran victoria del ecologismo y en 1986 se promulga una moratoria de cinco años, para poder regular las cuotas que los países cazadores de ballenas (entre los que se encontraba España) podrían capturar. La intención era asegurar una sostenibilidad en las poblaciones de ballenas.

Estas cuotas se debían calcular a partir de un plan de gestión regional, para ser desarrollado por el comité científico asociado a la comisión. Pasados los cinco años iniciales se presentó dicho plan y fue rechazado por los "países conservadores", que reclamaron una moratoria de cinco años más. Desde entonces, la moratoria ha continuado, y Japón decidió utilizar la argucia legal de caza científica, a través de dos programas de investigación (JARPA I y II), para cazar y distribuir localmente carne de ballena.

La situación sigue desde entonces bloqueada y países como Japón o Islandia dudan de la necesidad de seguir en la comisión, al haber, desde su punto de vista, perdido los objetivos para los que fue creada. Esto ha llevado a la situación actual, con dos posturas prácticamente irreconciliables. Por un lado, los países conservadores estarían a favor de continuar en la situación actual. Por otro, países cazadores de ballenas, como Japón, desean conseguir cazar ballenas (incluso a niveles más bajos de lo que lo hacen actualmente con la caza científica).

Lógicamente la situación es totalmente insostenible, y ello podría llevar a Japón a dejar la CBI, por lo que sus actividades quedarían totalmente desconocidas. Por eso este año diversos países intentan llegar a un acuerdo, que consiga acercar las posturas de los bloques, y salvar la CBI.

Renaud de Stephanis es coordinador de Conservation, Information and Research on Cetaceans (Circe).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de junio de 2010