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Análisis:ANÁLISIS

Explosión en el mercado del cómic

Un millón de dólares (740.000 euros) por un tebeo. Más de uno se llevará las manos a la cabeza calificándolo de capricho marciano, pero la noticia no es una excesiva sorpresa para los aficionados al mundo del cómic. Quizás más temprana de lo esperado, pero lógica si nos atenemos a la explosión de precios de un mercado cada vez más pujante y que tiene precisamente como representante máximo ese primer número de Action Comics que ahora ha batido todos los récords.

La primera aparición de Superman en un cómic, considerada como el nacimiento del género de superhéroes, trasciende la importancia histórica para convertirse en un mito palpable para miles de aficionados, tradicionalmente coleccionistas compulsivos que atesoran sus cómics como objetos de culto. Una razón que ha justificado siempre el alto precio -calculado a partir de cuidadosas y medidas escalas basadas en el estado de conservación del cómic- que alcanzaban las primeras apariciones de los personajes más famosos del medio como Batman, Hulk o Spiderman, pero que poco a poco ha ido exagerándose, a medida que ese coleccionismo dejaba de ser una simple consecuencia de la pasión por las historietas para convertirse en interés por los cómics como objetos.

Aparece así una nueva figura, el coleccionista de cómics que no está interesado por las historietas que contienen sus páginas, sino por un objeto que en sí mismo es valioso. En apenas unos años, la carrera ha enloquecido: el año pasado, este mismo cómic se subastaba por algo más de 300.000 dólares, creando una duda acerca de si superaría o no el medio millón; duda que ha sido pulverizada, en un camino que está arrastrando a otros cómics de la época que superan con facilidad los 100.000 dólares en las pujas y que han creado un floreciente mercado de compraventa, liderado por las empresas de subastas en Internet.

Esta loca carrera se repite en otro mercado relacionado con los cómics: la venta de originales. Una afición muy minoritaria hace años, pero que hace apenas unos meses recibía todas las atenciones de los inversores en arte: el original de la portada de Tintín en América se vendía por 780.000 dólares (577.264 euros), rompiendo todos los récords conocidos. Coleccionar páginas de cómic, bocetos o comissions (encargos que se hacen a los dibujantes) ya no es una pasión friki, sino un lucrativo negocio que, con la desaparición progresiva de los originales físicos -sustituidos por los digitales- no hace más que predecir un aumento exponencial de los precios.

Dos mercados que, además, aparecen para muchos como una salida natural ante el futuro digital que se anuncia: la incorporación del cómic al libro electrónico, favorecida por las nuevas tecnologías y plataformas -desde el móvil al iPad-, obliga a las librerías especializadas a buscar nuevos mercados que bien podrían estar marcados por los ahora lucrativos negocios del coleccionismo puro y duro de cómics antiguos y la venta de originales de historieta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de febrero de 2010