Crónica:BRASIL | La Cumbre de CopenhagueCrónica
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La propuesta más osada a destiempo

Lula, que es un lince de la política, se marchó de la conferencia de Copenhague casi al mismo tiempo que su homólogo estadounidense, Barack Obama, es decir, sin esperar a que concluyesen las negociaciones. Brasil tenía claro que la cumbre había fracasado y que la mejor opción era abandonar la capital danesa rápidamente y llevándose los laureles de quien ha hecho la propuesta más osada del cónclave. Eso sí, se trató de una propuesta realizada a destiempo. El líder brasileño, cuando ya sabía que las negociaciones habían entrado en punto muerto, pronunció un ovacionado discurso en el que, por primera vez y ante la sorpresa de su propio equipo negociador, se mostró dispuesto a que Brasil contribuyese con dinero al fondo verde global, que sufragaría la adaptación de los países pobres a los retos del cambio climático. Sabía que con su ofrecimiento estaba dejando en evidencia a un Obama de perfil bajo, del que muchos esperaron infructuosamente grandes anuncios durante la cumbre. Una vez más, Lula supo jugar sus cartas, con astucia y sin estridencias. Por algo el propio Obama piensa de él que es "el hombre del momento".

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Lula regresó a Brasil con el apoyo casi unánime de su opinión pública, incluso de la oposición. El socialdemócrata José Serra, que el año que viene disputará las elecciones brasileñas con la candidata de Lula y actual ministra de la Casa Civil, Dilma Rousseff, felicitó al presidente "por la decisión de Brasil de aportar recursos al fondo de financiación del combate al calentamiento global". "En un principio Brasil no estaba dispuesto. El presidente revisó esa posición y la participación brasileña va a estimular que otros países desarrollados participen más".

En su intervención, Lula justificó su decisión avisando de que Brasil no aceptaría que las "figuras más importantes del planeta firmen un documento cualquiera sólo para decir que nosotros también lo hemos firmado".

Lula, que con no poca frecuencia recurre a expresiones de sacristía, dijo que como cree en Dios y en los milagros, "si el milagro se produce, quiero formar parte de él". Y el milagro no se produjo, aunque él sí volvería a Brasilia coronado como el líder que intentó salvar las negociaciones contra viento y marea. Su ministro de Medio Ambiente, el ex guerrillero Carlos Minc, fue quien se ocupó de ponerles nombre a los que, según Brasil, fueron responsables del fracaso: "Estados Unidos fue el principal obstáculo de esta conferencia".

Sin acuerdo, los planes de Brasil de conseguir en Copenhague más donantes para su Fondo Amazonas se han ido al traste. No obstante, siguen en pie las metas de reducir entre un 36% y un 39% las emisiones contaminantes en 2020 y de recortar en un 80% la deforestación del Amazonas en la misma fecha.

El Gobierno brasileño, que ha actuado en Copenhague como abanderado de los países amazónicos (Bolivia, Brasil, Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela, Surinam y Guayana) y guardián del mayor pulmón del planeta, se enfrenta estos días a una contradicción colosal ante los ojos del mundo: su Congreso acaba de aprobar un proyecto de ley para vaciar de contenido y funciones a su Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama), máximo órgano fiscalizador de delitos medioambientales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 20 de diciembre de 2009.

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