Arquitecturas cruzadas

Unas jornadas estudian la mutua influencia entre España y Cuba

"Cuando salí de la Habana válgame Dios / nadie supo mi partida, sino tú y yo". Al igual que las habaneras, de las que aún se discute si eran de allí o de aquí, la numerosa emigración española a Cuba a lo largo del siglo XIX creó un mestizaje cultural del que se beneficiaron tanto los de allá como los de aquí. Allí porque empresarios y arquitectos trasladaron el estilo modernista que tanto furor causaba en Europa. Aquí porque a la vuelta, si habían conseguido hacerse ricos, construían casas en las que introducían detalles exóticos y mundanos que han creado todo un estilo de arquitectura indiana cada vez más reivindicado. Y la influencia no era sólo artística, sino también ideológica y vital. "En las casas de indianos eel espacio privado interior se diseña desde una perspectiva más laica y pagana que la que predominaba en la pacata España", comenta Josep Maria Fortià.

Sobre cómo ha sido este viaje de ida y vuelta en la arquitectura y de la situación patrimonial en la que se encuentra esta herencia han estado discutiendo durante tres días más de doscientos arquitectos españoles y cubanos en Barcelona. Ha sido en el marco de las 32ª Jornadas Internacionales sobre la Intervención en el Patrimonio arquitectónico.

Los grandes temas han sido la influencia directa de la arquitectura modernista catalana del siglo XIX en Cuba, reivindicada por el cubano Eduardo Luis Rodríguez y Fortià, el director de las jornadas; la reclamación de que se cataloguen en España muchos edificios de indianos que ahora se encuentran en peligro debido a su escasa protección, y la llamada a rehabilitar no sólo los edificios históricos de los cascos antiguos sino también la buena arquitectura cubana del siglo XX, compartida por muchos ponentes.

"Se ha hablado mucho del abandono de la arquitectura anterior a la revolución, pero también está en peligro la que hizo la misma revolución. Durante años el mantenimiento no ha sido una prioridad y ahora los edificios modernos están sufriendo el mismo proceso de degradación", comentaba ayer el arquitecto cubano Mario Coyula, que había centrado su ponencia en el análisis del barrio de El Vedado, un ensanche exactamente del mismo año que el de Cerdà en Barcelona ("Aunque no hemos encontrado ninguna relación", dice) que con su moderno modelo de ciudad jardín "sigue teniendo un trazado urbano sencillo pero eficiente".

Como estrella de las jornadas ha actuado Rafael Moneo, que presentó sus ideas, aún en proceso, para la remodelación del Hotel Packard de La Habana, un edificio que en los años cincuenta alojó a Neruda y Marlon Brando pero que hoy es sólo una pared medio derruida a la espera de la cadena española Iberostar la convierta en un establecimiento de lujo con 300 habitaciones. También presentaron su proyecto para la ampliación de la embajada española en Cuba los madrileños José María Churtichaga y Cayetana de la Quadra Salcedo. Ambos proyectos fueron bien recibidos. "Necesitamos proyectos de calidad como éstos, que rompan con los de extranjeros que han llegado a Cuba en los últimos tiempos y o son muy malos o nada interesantes", dice Coyula. "Se trata de elevar el listón".

Una esquina de La Habana vieja.
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