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Poeta adrede

Aunque la creación literaria invite a la variedad, a la evolución perseguida, a la búsqueda de caminos nuevos, la obra de todos los poetas importantes descansa en unas claves y en unas apuestas reconocibles que dan unidad a su mundo. Al abrir una antología de Gerardo Diego, además de sumergirnos en una propiedad particular, tenemos la sensación de entrar en la casa de la poesía, de estar en la celebración de la palabra lírica. Además de la voz de un poeta, percibimos la presencia de la poesía en general, de los mil rincones del género, con sus saltos vanguardistas y sus sonetos de perfección clásica, con su temblor religioso y su sensualidad pagana, con sus aspiraciones de pureza y sus inevitables rasgos de humanidad manchada.

No es un detalle menor esta capacidad de ofrecer un sentimiento general de poesía. Para conseguirlo, la obra y la figura de Gerardo Diego han necesitado reunir la maestría estilística, la pasión creativa y una inteligencia literaria dispuesta a descubrir y señalar rumbos compartidos.

Extracto del prólogo de Luis García Montero a la antología del poeta Gerardo Diego.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de junio de 2009