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Reportaje:

A la sombra de Cervantes

La vida de cuatro jóvenes autores hispanoamericanos en la capital del Quijote

Alcalá de Henares

Cervantes nació aquí, y tiene mil ojos. Estos chicos los sienten. Son muchachos hispanoamericanos a los que la Universidad de Alcalá invitó a sentir esa atmósfera en la que aún queda el aire del que nació el Quijote. La universidad quiere que "se midan" con Cervantes, y con los Cervantes.

Son un mexicano, Tryno Maldonado, que nació en 1977; Giovanna Rivero, boliviana, de 1972; Andrea Jefatanovic, chilena, de 1970, y Juan Terranova, argentino, de 1975. Creían que era una broma cuando les dijeron que tenían esta beca para Escritores en Residencia. Hasta que la Universidad inauguró la exposición de fotos de los premiados con el Cervantes, desde Jorge Guillén (1976) a Juan Marsé (2008), que mañana mismo les mirará, como les mira ahora Cervantes, pero en directo.

"Nosotros somos unos chiquillos que han sido invitados a una fiesta rara"

"La globalización es una patria, y como toda patria puede ser muy mala madre"

Están sobrecogidos. La sombra de los Cervantes es alargada; algunos (Paz, Diego) les miran, en las fotos expuestas (hechas por fotógrafos de EL PAÍS) con la solemnidad de la Academia, pero Marsé, precisamente, "se parece a sus personajes, esos muchachos de la periferia de Barcelona", comenta Andrea.

Cada uno tiene su personalidad, claro, pero parecen hablar al unísono. "Tenían mucho riesgo de no acertar en la lista, porque hay tantos escritores, ¡y nadie nos conoce! Así que si aciertan es de casualidad", bromea Juan. Todos han publicado ya; Terranova tiene varios libros, pero habla mucho de Mi nombre es Rufus; Rivero es la autora de Tukson, historias colaterales; Jeftanovic tiene, también entre otros libros, Geografía de la lengua; y Maldonado es autor de Temporada de caza para el león negro. Tryno explica así la situación: "Pasamos de golfos de barrio a mirar los retratos de los Cervantes". Mantienen, dice Patricio Pron, joven escritor argentino, que un domingo les enseñó Madrid, "una relación irónica con los predecesores".

El Cervantes, al que asistirán mañana, tiene para ellos "algo de solemne; pero hemos visto a algunos escapar de esa solemnidad", según palabras de Giovana. "Miren a Rafael Alberti", dice Juan, "con esa camisa floreada, o a María Zambrano, fumándose un pitillo hasta que sólo es ceniza...". ¿Y qué me dices de Roa Bastos?, insiste, "que se parece a Clint Eastwood, con su camisa blanca y su aire de buen mozo". "¡Todos son como latin lovers!", replica Andrea, quien exclama: "Mira qué pintas: Edwards, Vargas Llosa, Fuentes..., ¡latin lovers!". Como si estuvieran con colegas que son escritores y papel al mismo tiempo, uno de ellos resume así el sentimiento que les cae cuando pasean entre tanto retrato de los antepasados: "Somos unos chiquillos que han sido invitados a una fiesta rara".

Más acá de esa atmósfera están los asuntos y la lengua. Los asuntos: ahora no hay literatura local. Giovana considera que "la globalización es una patria, pero como toda patria puede ser muy mala madre". Así que esa patria mala madre dicta asuntos que ya "joden, o friegan, o culean lo local"; aunque aquella aberración ("a los latinoamericanos habría que traducirlos al español de España") ya no significa nada: "La lengua es lo que ponemos en el papel, y se parece a lo que hablamos, y ya está, aclara Adrea.

Marsé, ahí lo tienen, con su casaca amarilla. Pero mañana lo tendrán de frac. Andrea y Juan le juzgan así: "Lo veremos como el Pijoaparte. Es un tipo del exterior del circuito. Premiarlo fue un atrevimiento". Y eso les gusta. Marsé escribió que la Universidad les ha dado: "Vestido de diablo y ligero de equipaje -algunos discos, algunos libros (ninguno de Baltasar Porcel), algunas fotos- se va por fin al infierno. Abur". Allí lo verán, pero no el infierno, en la gloria. En la que ellos, en definitiva, también andan buscando, vestidos de diablo o ligeros de equipaje.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 22 de abril de 2009