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El rodaje de Buñuel en Las Hurdes llega al cómic

La obra cuenta las secuencias manipuladas por el cineasta

En Las Hurdes aman y odian a Buñuel. Fermín Solís (Madroñera, Cáceres, 1972) palpó esa dualidad en sus visitas a la comarca extremeña cuando se empapó de la atmósfera que le empujó a dibujar Buñuel en el laberinto de las tortugas, una novela gráfica que recrea el rodaje del documental Las Hurdes, tierra sin pan, realizado por el cineasta en 1932.

Solís buscaba inspiración para un registro diferente en su trayectoria historietística, donde los guiños autobiográficos (Los días más largos) conviven con incursiones en el cómic infantil (Astro-ratón y bombillita) o el policiaco (Dan Laxante, detective cotidiano). Un día visitó Las Hurdes. Y allí seguía, 76 años después, el espíritu de Buñuel. "Para muchos es un ogro, para otros es el responsable del desarrollo. Está aún tan presente que descubrí que ahí estaba la historia", añade.

Con lo que sé ahora no me atrevería a hacer este libro", confiesa el ilustrador

Buñuel invirtió dos meses en el rodaje, financiado con el premio de lotería ganado por su amigo Ramón Acín. Solís dedicó un año a documentarse. Le desilusionó comprobar que el cineasta apenas dedica cinco líneas en sus memorias, Mi último suspiro, a la experiencia: "Me decepcionó, pero a la vez me dejaba las puertas abiertas para imaginar cómo pudo ser el rodaje".

Duro. El equipo chocó con la hostilidad de unos seres condenados a la exterminación por la vía de la miseria. Tampoco Solís lo tuvo fácil: "La gente me miraba fatal cuando hacía fotos, al final recurrí a personajes ficticios". En el cómic, que Astiberri sacará a la venta el viernes 27 (la primera edición, en 2008, se distribuyó sólo en Extremadura, publicada por la Junta), no hay hurdanos con nombres y apellidos, a diferencia del equipo de rodaje (el fotógrafo Eli Lotar, el ayudante de dirección Pierre Unik, el productor Ramón Acín y Buñuel).

Gracias a los descartes de la película que le facilitó la Filmoteca de Extremadura, Solís descubrió algunas manipulaciones de Buñuel. El despeñamiento de una cabra por unos riscos, filmado mientras se explica que los vecinos sólo comen su carne cuando alguna muere de forma fortuita, no tuvo nada de accidental. Buñuel le pegó un tiro. El cineasta que retrata Solís filma la crudeza real y a veces fuerza secuencias para conmocionar. Cree que el fin justifica los medios. La miseria de Las Hurdes impacta por realidades tremebundas: niñas que comen pan tras mojarlo en un regato, moribundos que agonizan en rincones durante días, cuellos deformados por el bocio, casas sin ventanas ni chimeneas. "El realismo de Zurbarán o Ribera se queda por debajo de semejante realidad", afirma una voz en off en el documental.

Tampoco Solís salió indemne. Conforme profundizaba en el rodaje, crecía su flaqueza. "Buñuel es complejo, ahora mismo no me atrevería a hacer este libro ni a enfrentarme al personaje, me daría vértigo", confiesa. Lo cual no le ha amilanado para elegir nueva protagonista: Medea, cualquier cosa menos simplona."

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de marzo de 2009