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Reportaje:LA MEDICINA DE LA VIDA

El difícil camino de la curación

La selección genética de embriones para curar hermanos es una carrera llena de obstáculos

La selección genética de embriones para tener bebés que sirvan de donantes a hermanos enfermos es una técnica que se apoya en el denominado diagnóstico genético preimplantacional (PGD), aunque implica un proceso más complejo. Todo parte de una fecundación in vitro, ya con 30 años de rodaje. La mujer se somete a un tratamiento hormonal para potenciar la maduración de ovocitos, que se extraen y se fecundan con el esperma de la pareja. Hasta aquí, ninguna innovación.

Los embriones con más probabilidades de salir adelante se transfieren a la madre. En las clínicas con mejores resultados, las tasas de éxito rondan el 40%. Con el diagnóstico preimplantacional, lo que se pretende no sólo es tener descendencia, sino que los hijos no hereden la enfermedad genética de los padres. De esta forma, cuando tienen ocho días, a los embriones fecundados se les extrae una célula para analizar cuáles de ellos están libres de la patología y se pueden transferir. Si lo que se pretende es curar a hermanos enfermos, es necesario que, además, los donantes sean compatibles. Se ha de cumplir entonces otra condición: que estos óvulos fecundados presenten los mismos marcadores HLA (compatibilidad de tejidos) que su hermano, para tratar de evitar problemas de rechazo tras el trasplante de médula.

Estos dos requisitos, a los que se añade el que los embriones sean viables, convierten esta técnica en un proceso mucho más exigente que la fecundación in vitro, lo que rebaja las probabilidades de éxito, en muchos casos, al borde del 10%. Y ello sin tener en cuenta la dureza del trasplante de médula, que consiste en reprogramar la médula ósea enferma anulando primero con quimioterapia su capacidad de producir glóbulos rojos, blancos y plaquetas. Con las defensas literalmente a cero, se transfunden las células regeneradoras obtenidas del hermano, y ellas mismas van directamente a los lugares de formación de la sangre, donde reactivan la médula y la hacen funcionar correctamente.

La técnica tiene más condicionantes. Es fundamental contar con un riguroso estudio genético que sirva para identificar exactamente las alteraciones genéticas de los padres, de forma que en la biopsia se pueda descartar con certeza que esta mutación está presente en el embrión destinado a salvar a un hermano. Este trabajo es distinto en cada pareja y puede tardar hasta un año. Pero además, la técnica sólo es aplicable a determinadas enfermedades oncológicas (algunas leucemias), hematológicas (betatalasemia, anemia de Fanconi), producidas por inmunodeficiencias (enfermedad linfoproliferativa ligada al cromosoma X frágil, inmunodeficiencia combinada severa) y errores congénitos del metabolismo (leucodistrofias, mucopolisacaridosis).

Es un camino complejo, laborioso y largo, pero, de momento, representa la única puerta que se les abre a muchos padres para curar las enfermedades de sus hijos. -

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de octubre de 2008