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Entrevista:MICHAEL HANEKE | Cineasta

"No se puede inventar nada peor que la realidad"

Las audiencias americanas, poco entregadas a los subtítulos, ni se enteraron de la existencia de la película Funny Games, estrenada en 1997 en alemán. El filme, que describía sin apenas mostrar sangre la tortura psicológica y física de una familia burguesa a manos de dos jóvenes que matan por el puro placer de hacerlo, ha vuelto a ser filmada ahora plano a plano por su director, el austriaco Michael Haneke, pero en inglés y con Michael Pitt, Tim Roth, Naomi Watts y Brady Corbett como protagonistas. El viernes se estrenó en Estados Unidos y a España llegará el 4 de julio.

Haneke es uno de los poetas del desasosiego cinematográfico. No le interesa entretener por entretener, sino más bien obligar a sus espectadores a sufrir junto a los personajes de sus películas y urgirles a hacerse preguntas incómodas. Extremadamente enervante y pretencioso para algunos, provocador sutil y genial para otros, toda su filmografía es un viaje a través de los desafectos humanos, en el que la crítica a la violencia juega siempre un papel esencial. Desde su primera película, The seventh continent, estrenada en 1989 y donde presentaba a una familia que perpetraba un suicidio colectivo, hasta la turbadora La pianista o a la inquietante Caché (con la que se llevó el premio a mejor director en Cannes en 2005), los filmes de Haneke difícilmente dejan al espectador indiferente.

Pregunta. ¿Cómo definiría la experiencia de filmar su propia película por segunda vez?

Respuesta. La decisión tiene algo de masoquismo porque es mucho más difícil. Si la filmas por primera vez, siempre puedes decidir montar o cortar planos, pero si la estás repitiendo plano a plano no tienes esa opción. Si tomas una decisión tienes que ser fiel a ella.

P. Pero usted podría haberse alejado de la original. ¿Por qué no lo ha hecho?

R. No tenía nada más que añadir y sentía que si cambiaba algo iba a ser impropio. De alguna manera se convirtió en un juego contra mí mismo, descubrir si era capaz de hacer exactamente la misma película pero bajo circunstancias muy diferentes. Está dirigida a quienes no vieron la primera versión. Quería llegar a más público.

P. Cuando usted estrenó Funny Games hace una década dijo que era una parodia de las películas violentas estadounidenses, pero ahora en Estados Unidos también se hacen filmes como No es país para viejos, donde pese a la violencia, la crítica contra ella es clara.

R. Es cierto, ésa es una gran película. Es violencia responsable, no la utiliza como objeto de consumo. Pero no es un thriller, es un filme sobre cómo es hoy América. Aunque para mí la mejor manera de mostrar violencia es Saló y los 120 días de Sodoma, de Pasolini. Es una película insoportable, pero precisamente por eso es buena, no puedes aguantar la violencia que hay en ella. Y espero que Funny Games tenga el mismo efecto. Hay otras, en cambio, como Asesinos natos, que aspiraba a ser una crítica y es una absoluta estupidez. No puedes pretender hacer una película antifascista utilizando una estética fascista. Es pura manipulación. No se puede inventar nada peor que la realidad

P. El filme toca el tema de la tortura y usted lo estrena en un país cuyo Gobierno está torturando presos abiertamente. ¿Le interesaba también llamar la atención sobre eso?

R. Sí, puede ser, pero no olvides que el Gobierno de un país es el resultado de una sociedad. Es como Alemania en los años treinta. No sólo es que Hitler fuera el malo, es que millones de personas le habían elegido. En todos los sistemas políticos los ciudadanos tienen que hacer examen de conciencia y asumir sus responsabilidades aunque no sea fácil. La gente llega al poder porque alguien les pone ahí.

P. ¿Por qué le obsesiona tanto el tema de la violencia?

R. No es una obsesión. Todas mis películas las generan temas que me enfadan o hacia los que estoy sensibilizado. La violencia física me puede. Incluso cuando era pequeño, si había alguna pelea a mi alrededor salía corriendo. Me hace sentir muy incómodo, pero a la gente parece gustarle.

P. ¿Trabajaría usted en Hollywood?

R. He pasado la última década haciendo películas en Francia, así que, ¿por qué no en América? Si me dejaran hacer una película sin condicionantes, sí. Dependerá de si ésta funciona."Todas mis películas las generan temas que me enfadan"

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de marzo de 2008