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MANERAS DE VIVIR COLUMNA i

La asombrosa inteligencia de Paris Hilton

Nunca me he fiado gran cosa de los test de inteligencia, de los test de Rorschard (ya saben, esas manchas simétricas en las que hay que imaginar figuras) ni de ningún test en general. No están mal como juego y tal vez puedan proporcionar algún indicio sobre los entresijos de las personas, pero lo malo es que la gente se los suele tomar a pies juntillas, y creer que se puede medir con seguridad y precisión algo tan impreciso e incierto como nuestra trastienda mental me parece un empeño tan peregrino como pretender contar las gotas de agua del océano.

Siempre sospeché, pues, que estas pruebas eran una tontería, pero ahora ya estoy segura de ello: acabo de leer en los periódicos que la inconmensurable petarda de Paris Hilton es, supuestamente, una superdotada. Se considera superdotado a todo aquel cuyo cociente intelectual es superior a 130 puntos, y la Hilton, dicen, sacó 132. Y convendrán conmigo que, si Paris Hilton es una superdotada, entonces cualquier cosa puede ser posible, desde la cuadratura del círculo a la existencia de las hadas. Claro que a lo mejor Paris le ha comprado los resultados del test a alguna chica lista; o puede que sea papá Hilton quien se los haya regalado: "¿Qué quieres para tu cumpleaños, nena?". "Un cociente intelectual de superdotada, porfa". A fin de cuentas, no sería tan raro: ya se sabe que quienes tienen de todo suelen mostrar caprichos raros.

Pero pongamos que no ha sido así. Pongamos que, en efecto, la chica hizo la prueba y salió eso. Por cierto que también Madonna tiene un cociente alto (140 puntos) y, aunque mucho menos mentecata que Paris, tampoco parece como para tirar cohetes. ¿Pero quién demonios quiere ser superdotado, si los superdotados son así? ¿No medirán en realidad estos test otra cosa, como el narcisismo, la superficialidad o el delirio egocéntrico?

Dicen que la persona más inteligente del mundo es una tal Marilyn vos Savant, una norteamericana de nombre predestinado e improbable (savant significa sabio en francés) que es escritora, tiene 60 años y sacó 228 puntos de cociente intelectual. Lo dice el Libro Guinness de los Récords, que es el sitio perfecto para estas tonterías. Teniendo en cuenta que Einstein rondaba al parecer los 150 puntos, no parece que Marilyn haya hecho gran cosa con su superferolítico cerebro. Cuanto más vieja soy, más claro tengo que los procesos de maduración de una persona son de una enorme complejidad. Por ejemplo, sé bien, porque la experiencia me lo ha demostrado múltiples veces, que para ser un artista no basta con el talento; al contrario, he visto a mucha gente genial perderse para siempre y no hacer nada, mientras que otros menos dotados, pero más perseverantes, más disciplinados y con la suficiente humildad como para saber aprender, han terminado siendo grandes artistas.

Y esta misma reflexión puede aplicarse a todos los demás campos de la existencia. Una inteligencia abstracta capaz de resolver formidables problemas algebraicos no es nada en la vida si no se humaniza, si no conoce sus propias debilidades y sus propias necesidades, si no posee también esa inteligencia emocional que apenas si se empezó a estudiar hace veinte años y que sólo se hizo más o menos popular a mediados de los noventa. Seguramente todos conocemos a personas que no han tenido la posibilidad de estudiar, que no poseen títulos ni sofisticados conocimientos intelectuales, y que, sin embargo, son capaces de iluminarte la vida… Gente que piensa, y piensa bien, porque además de pensar sabe sentir, y que puede aconsejarte de una manera atinada y certera. De hecho, lo que yo entiendo por ser una persona sabia es justamente alguien así: alguien que ha vivido, que ha visto, que ha escuchado, que ha reflexionado y ha aprendido. El proceso de maduración de los humanos pasa necesariamente por esa aptitud social y emocional; pasa por intentar entender los propios sentimientos y los de los demás. Somos animales sociales, y no hay vida digna de llamarse así si no se vive de alguna manera junto con los otros. Tal vez sea eso, entre otras cosas, lo que le falla a Paris Hilton: se diría que vive tan aislada dentro de su ombligo ególatra como Robinson Crusoe en su isla desierta. Si es verdad que ha sacado 132 puntos, se me ocurre que una capacidad intelectual tan alejada de cualquier referencia real, de cualquier reflexión y cualquier autocrítica, sólo puede servir, como mucho, para hacer crucigramas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de diciembre de 2007