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Reportaje:Los tentáculos del narcotráfico

Los testaferros de Chupeta en Madrid

Dos hermanastros del último gran 'narco' detenido crearon en España "sociedades mixtas" con 'hombres de paja' nacionales

El Chupeta había puesto sus tentáculos en España. Juan Carlos Ramírez Abadía, detenido el pasado 7 de agosto en Sao Paulo (Brasil), es el último gran narcotraficante colombiano que cae en manos de la justicia. Sus hermanastros habían residido en España entre octubre de 2001 y octubre de 2004, tiempo que emplearon en crear una red de empresas para el blanqueo de dinero. Esas empresas supuestamente enviaron a Brasil, a través de España, el dinero de sus ganancias en Europa; y

vía México, sus beneficios en Estados Unidos. El dinero fue reexpedido a un banco de Uruguay, desde donde dos socios brasileños de Chupeta se lo iban llevando hasta São Paulo. Con esa pasta, el narco había creado 16 empresas.

El dinero salía vía Uruguay para llegar a manos de Ramírez Abadía en Brasil

Ramírez Abadía, de 44 años, creció al amparo de los hermanos Rodríguez Orejuela, mandamases del cartel de Cali, hasta que logró independizarse de ellos sin entrar en guerra. Se licenció en Económicas en Bogotá. Considerado como un hombre de buenas maneras pero extremadamente violento, prácticamente tomó el control de toda la cocaína que se vendía en Los Ángeles (California). Luego extendió su polvo blanco por la ciudad de Nueva York. Su poder llegó a ser tal que la Agencia Antidroga Americana (DEA, en sus siglas en inglés), ofrecía por su captura una recompensa de cinco millones de dólares y lo situó en la lista de los 11 narcotraficantes más importantes, ya que fue elevado a la categoría de "jefe del cartel del Norte del Valle".

El día que fue detenido estaban junto a él sus hermanastros Peter García Verano (también se hacía llamar Victor), de 44 años, y Jaime Hernando Martínez Verano, de 49. Ambos fueron localizados en España, en Madrid, en octubre de 2001. Peter obtuvo permiso de residencia y estuvo viviendo en la calle del Capitán Haya. Jaime, en cambio, entraba y salía continuamente de España como turista.

Los dos hermanastros por parte de madre del Chupeta desarrollaron "actividades empresariales", mediante la creación o participación en "sociedades mixtas en las que figuraban españoles", muchos de los cuales eran meros "testaferros u hombres de paja", según fuentes de la Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco) central y el Grupo de Localización de Fugitivos, ambos dependientes de la Comisaría General de Policía Judicial.

Dichas empresas eran utilizadas para el blanqueo de capitales. Las pesquisas permitieron descubrir "un entramado utilizado para dar aspecto legal a los pingües beneficios obtenidos de las actividades de narcotráfico a gran escala". Los hermanastros abandonaron España a finales de 2004, pero la información obtenida desde España coadyuvó a la localización de Chupeta.

El dinero procedente de España iba dando saltos por empresas hasta acabar en sendas cuentas del Banco de la República, en Uruguay. Ramírez Abadía, según las autoridades colombianas, logró acumular una fortuna calculada en 1.800 millones de dólares.

Pero el Chupeta era también especialista en amontonar dinero en metálico. El narco lo escondía en bolsas de plástico cerradas al vacío para evitar su deterioro. Ese dinero lo empleaba en el pago de mercancías y servicios. En enero de este mismo año fueron encontradas de esa guisa, enterrados bajo unas casas de Cali vinculadas a Ramírez Abadía, seis caletas o escondites subterráneos con más de 89 millones de dólares en metálico, de los cuales casi dos millones se los habían comido los gorgojos (insectos). Más seguro, guardaba 309 lingotes de oro en un escondite en el barrio Prados del Norte, de Cali.

La detención de Ramírez Abadía ha reabierto en Cali el misterio de las caletas donde supuestamente oculta el dinero, incluso cierta fiebre del oro por encontrarlas. El Gobierno colombiano se ha comprometido a utilizar el dinero en metálico incautado por ahora -que según la revista Semana, de Colombia, se guarda en una bóveda del banco de la república- para construir casi 5.000 viviendas en Cali y Buenaventura.

Sin embargo, en el momento de su detención en una mansión de Morada dos Lagos, en Aldeia da Serra, zona de Grande São Paulo, los agentes sólo localizaron 300.000 dólares en metálico. La operación que llevó a la detención en São Paulo de Chupeta y 12 personas más fue fruto de la colaboración de las policías de Estados Unidos, Brasil, Argentina, Uruguay, Colombia y España.

De nada le valieron sus operaciones de cirugía estética (su aspecto físico, francamente, había empeorado) ni las artimañas que había inventado para que se perdiera su rastro en Brasil, para que pareciera que ya no se dedicaba a traficar con cocaína. Le delataron sus operaciones financieras (había creado 16 empresas en Brasil con operativas sospechosas) y la adquisición de 28 viviendas, muchas de ellas de lujo, en São Paulo, Río de Janeiro, Minas Gerais, Paraná, Santa Catarina, Cutitiba, Porto Alegre y Río Grande del Sur.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de agosto de 2007