Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
La lucha contra el terrorismo internacional

Bin Laden se hace fuerte en Pakistán, lucha en Irak y recluta en Europa

Islamabad está en el punto de mira de EE UU a pesar de ser aliado en su "guerra contra el terrorismo"

La amenaza de Al Qaeda sobre Occidente se hace cada día más firme. Mientras los talibanes recuperan los territorios perdidos en Afganistán tras el 11-S, la organización terrorista de Osama Bin Laden campa a sus anchas por Pakistán, se extiende por diversos países -desde Somalia al Magreb- y recluta en Europa, para su ejército mundial, a jóvenes musulmanes no integrados en los países de acogida. Su gran baza es el estrepitoso fracaso de la política de EE UU en Oriente Próximo y Afganistán, que incluye desde la invasión de Irak y la conversión de este país en un campo de entrenamiento de terroristas suicidas a la incapacidad estadounidense para reconstruir tanto Irak como Afganistán.

Negroponte asegura que el grupo islamista tiene escondites "seguros" en Pakistán

Analistas independientes destacan la gravedad de la amenaza que representa Al Qaeda

Pakistán está en el punto de mira de EE UU. A pesar de tratarse de un aliado clave en su "guerra contra el terrorismo", declaraciones públicas y filtraciones oficiosas han empezado a cuestionar, si no su cooperación, sí su estrategia antiterrorista. La incapacidad del Gobierno de Pervez Musharraf para controlar las regiones tribales fronterizas con Afganistán y el efecto rebote desencadenado en Irak están permitiendo el resurgimiento de Al Qaeda. Todos los analistas consultados coinciden en que el grupo de Bin Laden está organizándose en Pakistán, luchando en Irak y reclutando en Europa.

¿No se había debilitado a Al Qaeda hasta casi anularla? Oficialmente, era el único logro indiscutible de la campaña que Estados Unidos lanzó a raíz el 11-S, tras el fiasco de Irak y la falta de avances en Afganistán. Sin embargo, en los últimos meses, han aumentado los indicios de un resurgir del grupo terrorista. Investigaciones policiales y judiciales han encontrado sus huellas en, entre otros, la trama de los atentados contra el metro de Londres de julio de 2005 y el compló para hacer estallar 10 aviones con explosivos líquidos desmantelado el verano pasado. Todas las pistas llevan a Pakistán, o más concretamente a las regiones tribales de su frontera con Afganistán.

"Bin Laden está reconstruyendo Al Qaeda", titulaba llamativamente el pasado domingo una información de The New York Times. Fuentes de los servicios de información y de la lucha contra el terrorismo de EE UU filtraron a ese diario que, desde Pakistán, la cúpula del grupo ha logrado restablecer un control significativo sobre la red terrorista y establecer una serie de bases de entrenamiento, incluida una que "puede estar entrenando a agentes capaces de atacar objetivos occidentales".

Analistas independientes reconocen la gravedad de la amenaza que continúa representando Al Qaeda, pero niegan que se haya producido un cambio repentino. "No hay nada nuevo, pero la presión [de EE UU] sobre Pakistán está creciendo mucho ante la esperada ofensiva de primavera de los talibanes para la que la OTAN no está preparada y armada de forma adecuada", señala desde Lahore Ahmed Rashid. El autor de Los talibán recuerda que EE UU no ha logrado reunir todas las tropas y helicópteros que deseaba de sus socios en esa alianza militar.

"Al Qaeda ha resurgido, en tanto que organización terrorista, en las áreas tribales de Pakistán, concretamente en el norte y sur de Waziristán, pero no es un proceso que haya ocurrido de súbito, sino que venía desarrollándose desde hace ya tiempo", admite por su parte Fernando Reinares, director del Programa sobre Terrorismo Global del Real Instituto Elcano. Aunque para este analista "no está claro que Al Qaeda disponga allí de la infraestructura y los recursos suficientes como para planificar y ejecutar con éxito grandes atentados", en su opinión sí cuenta con "instalaciones para adoctrinar y entrenar a potenciales terroristas, de origen paquistaní o foráneo, también europeo".

La novedad es sin duda el cambio de actitud de Washington. En contraste con el triunfalismo del presidente Bush el pasado octubre ("Estamos ganando. Al Qaeda está en fuga"), John Negroponte reconoció el pasado enero que persiste la amenaza. En su evaluación anual de riesgos aún como jefe de todas las agencias de inteligencia, hizo oficial lo que ya era un secreto a voces en Islamabad y Kabul, que esa organización ha encontrado escondites "seguros" en Pakistán y "está cultivando conexiones y relaciones" en Oriente Próximo, norte de África y Europa. Esa inusitada crítica a su aliado revelaba la frustración estadounidense por la falta de resultados.

El problema de fondo es la peculiar cultura yihadista que se ha instalado en Pakistán durante las últimas décadas. Después de años de utilizar a los grupos radicales islámicos para avanzar sus objetivos en Cachemira o en Afganistán, esa ideología ha penetrado amplias capas de la sociedad paquistaní. Pero, además, algunos observadores interpretan que el Ejército no termina de pacificar la zona fronteriza porque quiere guardarse una carta en la manga frente a su vecino del oeste.

En cualquier caso, el enfoque puramente militar del problema no da frutos. Antes al contrario, está alentando el extremismo. Las decisiones unilaterales del Ejército ignoran a la población local, predominantemente pastún. Mientras Islamabad no aclare sus relaciones con esa comunidad que se divide a ambos lados de la Línea Durand (la frontera internacional que Afganistán nunca ha reconocido) y por ende con Kabul, cualquier solución será transitoria. Y ocho años después del golpe de Estado de Musharraf, muchos dudan de que un Gobierno militar pueda conseguirlo.

Epicentro ideológico

"Pakistán es en la actualidad el epicentro ideológico y organizativo en la reproducción del terrorismo internacional que se relaciona con la yihad neosalafista global liderada por Al Qaeda", señala Fernando Reinares, director del Programa sobre Terrorismo Global del Real Instituto Elcano. Islamabad refuta con energía esta acusación y menciona los 800 muertos que sus fuerzas de seguridad han sufrido combatiendo a los terroristas desde el 11-S.

Sin embargo, algunos hechos cuestionan el proceder paquistaní. Por ejemplo, el alto el fuego alcanzado el pasado septiembre entre el Gobierno y los líderes tribales de Waziristán del Norte, uno de los siete distritos semiautónomos fronterizos con Afganistán. Allí se refugiaron los talibanes y la cúpula de Al Qaeda a raíz de los bombardeos estadounidenses de 2001. Desde entonces, Estados Unidos presiona a Islamabad para que capture o expulse de allí a Bin Laden y sus secuaces. Pero el abandono histórico de esas regiones y años de aliento a los extremistas han hecho fracasar la campaña militar y, ante el coste humano y político, el presidente Pervez Musharraf optó por el apaciguamiento.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de febrero de 2007

Más información