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Reportaje:EN LA FRONTERA CHINO-NORCOREANA / 1

No más coñac para Kim

China se enfrenta al reto de hacer cumplir las sanciones internacionales y controlar el contrabando en su larga frontera con Corea del Norte

China, que comparte 1.400 kilómetros de frontera con Corea del Norte y es su primer socio comercial, será el principal responsable de hacer efectivas las sanciones impuestas por la ONU contra el régimen de Pyongyang tras su prueba nuclear del 9 de octubre. EL PAÍS ha viajado a uno de los pasos fronterizos entre los dos países.

El camión cargado de fardos con ropa, viejos electrodomésticos y muebles usados se detiene junto al puesto de aduana. Varios soldados del Ejército Popular de Liberación (EPL) chino se acercan, y uno de ellos interpela a las mujeres que descargan los paquetes: "¿Qué hay ahí?, ¿Eso es nuevo o de segunda mano?". "Sólo las bombonas de gas son nuevas", responde una de ellas, que luce sobre el corazón una insignia con la efigie de Kim Il-sung, padre del actual dirigente de Corea del Norte, Kim Jong-il. "Son norcoreanos que han venido a visitar a familiares en China y llevan cosas de vuelta. Allí no tienen de nada", dice un vecino de Tumen, una población china de 140.000 habitantes, de etnia mayoritariamente coreana, situada en la frontera.

Cuando el pasado 9 de octubre Kim Jong-il apretó el botón y efectuó la primera prueba nuclear de la historia del país, la élite norcoreana amante del buen coñac fue alcanzada de lleno por la onda expansiva. La ira provocada por el ensayo desembocó en la imposición de sanciones económicas por parte del Consejo de Seguridad de la ONU. Las medidas no pretenden castigar el flujo de mercancías normales como minerales, grano o los bienes que las dos mujeres están descargando para ser inspeccionados, sino que prohíben a Corea del Norte el comercio de material nuclear y de armas de destrucción masiva, y la venta al país asiático de artículos de lujo como el famoso aguardiente de origen francés.

El remoto puesto fronterizo de Tumen, en la provincia china de Jilin, es uno de la media docena de pasos terrestres que unen el país más poblado del mundo con el más aislado, y está situado apenas a 200 kilómetros del lugar en que Pyongyang realizó la prueba atómica. Ocasionalmente, los Gobiernos de ambos países dan a algunos ciudadanos norcoreanos un permiso especial para visitar a sus familiares en China, por un máximo de tres meses, en una frontera donde normalmente el tráfico de personas es muy restringido.

El puente que cruza el río que hace de divisoria es uno de los puntos de paso donde Pekín tiene que implementar la resolución de Naciones Unidas para impedir que el armamento prohibido salga de Corea del Norte, o que entren los productos de glamour con los que el Querido Líder Kim Jong-il recompensa a sus acólitos. Algo que, entre dos países que comparten 1.400 kilómetros de frontera, no será fácil, como denota un cartel escrito en chino y coreano a la orilla del río Tumen, advirtiendo contra el contrabando.

Lo que realmente preocupa a la comunidad internacional es el comercio que no figura en los 4.056 millones de dólares (3.186 millones de euros) de intercambios -dos tercios de ellos importaciones- que tuvo Corea del Norte el año pasado con el resto del mundo. Un comercio secreto que incluye desde misiles balísticos a tecnología nuclear, pasando por drogas, dinero falso, y, según funcionarios estadounidenses, quizás incluso armas químicas y biológicas.

Washington afirma que Pyongyang ha suministrado equipamiento militar al menos a 18 países, principalmente en Oriente Próximo y África, por lo que podría decidir poner en el mercado sus armas nucleares para lograr divisas con las que alimentar su depauperada economía. Se estima que el régimen de Kim Jong-il obtiene unos 1.000 millones de dólares al año con la venta de misiles, narcóticos y productos pirateados, como cigarrillos. Sólo con las armas convencionales, ingresó 1.000 millones de dólares entre 1997 y 2000, según un informe del Congreso estadounidense de agosto de 2005.

Desde mediados de los ochenta, Corea del Norte ha vendido misiles y componentes a una larga lista de países, entre ellos, Irán, Libia, Egipto y Yemen. Además, se sospecha que ha intercambiado tecnología nuclear con Pakistán.

Al comercio de armas se suma otro igual de jugoso. Se calcula que alrededor de un 30% de las metanfetaminas que circulan en Japón proceden de Corea del Norte, y en el pasado han sido localizados barcos norcoreanos cuando intentaban introducir heroína en Australia. Según un informe del pasado septiembre del Comité de Inteligencia de la Cámara de los Representantes de EE UU, Kim tiene una fortuna personal de unos 4.000 millones de dólares, "amasada, al menos en parte, gracias a la venta de drogas y misiles, y a la piratería".

La Administración de George W. Bush ha acusado a Pyongyang de blanquear dinero y fabricar billetes falsos, conocidos como superdólares, dado su grado de perfección. Como consecuencia, en septiembre de 2005 le impuso sanciones financieras. Corea del Norte ha dicho que, mientras no sean levantadas, no regresará a las conversaciones multilaterales para el desmantelamiento de su programa nuclear, paralizadas desde noviembre de 2005.

El impacto de las sanciones de la ONU sobre el comercio norcoreano -ya sea legal o ilegal- dependerá en gran medida de China y Corea del Sur, que han declinado sumarse al movimiento para interceptar barcos norcoreaanos sospechosos, por temor a empeorar la crisis. Pero, en Tumen, según asegura un militar en el puesto fronterizo, el tráfico entre los dos países ha disminuido.

El secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, ha afirmado que, dada la falta de interés colectivo para que las inspecciones funcionen, será "prácticamente imposible" impedir que Corea del Norte exporte tecnología nuclear si realmente quiere hacerlo. Máxime cuando el material radiactivo en cuestión puede caber en una maleta. La pesadilla para Washington es que el plutonio norcoreano, el uranio enriquecido que Kim Jong-il asegura que tiene o las armas de destrucción masiva, puedan acabar en manos de científicos iraníes o del grupo terrorista Al Qaeda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de octubre de 2006