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El Auditorio de El Escorial pasa a la gestión privada tras dos meses de cierre

Cornejo, Cantoblanco e Ibercámara dirigirán el que iba a ser el 'Salzburgo español'

El Teatro Auditorio de El Escorial, que abrió sus puertas el pasado verano tras una costosa obra pública de 65 millones de euros y hoy permanece cerrado a cal y canto, será gestionado a partir de estas navidades por una empresa privada. La decisión tomada por el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid, encargado del nuevo espacio escénico, se ha adoptado después de un concurso público cuya convocatoria se hizo el 13 de julio y en la que resultaron finalistas dos opciones: la que se hará cargo del proyecto, que se presentó como una Unión Temporal de Empresas (UTE) en la que están, según la CAM, el productor teatral Enrique Cornejo; el Grupo Cantoblanco, liderado por el restaurador Arturo; Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEIM, y la promotora de conciertos Ibercámara; y otra candidatura con la empresa del productor teatral y televisivo José Luis Moreno.

Las dos fueron admitidas como finalistas, pero el martes pasado, la empresa de Moreno fue desestimada por unos defectos de forma. En concreto, según la propia Comunidad de Madrid, por lo que en la Administración denominan "baja temeraria", es decir, por no cumplir alguna de las condiciones básicas requeridas. Enrique Cornejo no quiso valorar ayer la elección de su proyecto. "Todavía no nos lo han comunicado oficialmente", aseguraba. Tampoco quiso desvelar cuáles serán las líneas maestras del mismo. "Lo anunciaremos en una rueda de prensa la semana que viene, probablemente", aseguró.

La experiencia de Cornejo y la mayoría de sus socios en la nueva gestión de El Escorial dentro del campo de la ópera, el ballet y la música clásica, tres disciplinas que en principio deberían tener una gran presencia en el nuevo auditorio, es prácticamente inexistente. Tan sólo el grupo Ibercámara está especializado en ese área, mientras que Cornejo ha destacado en otros estilos. Actualmente, por ejemplo, tiene en cartel en el teatro Reina Victoria la obra Desconcierto, protagonizada por Arturo Fernández y Juncal Rivero. Al grupo Cantoblanco apenas se le conocen otros méritos dentro de ese mismo mundo que encargarse del restaurante del Teatro Real.

Son pocas garantías para una gestión artística que, según Santiago Fisas, consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, debe alcanzar una excelencia y "superar el nivel" que, según él, se vio este verano en la inauguración del nuevo espacio escénico. El nuevo teatro, realizado por el estudio Picado-De Blas Arquitectos, con un aforo de 1.500 localidades repartidas en dos salas y una superficie de 25.401 metros cuadrados dotada de avanzados equipos técnicos, generó altas expectativas entre el público de toda la región con un cartel atractivo que hizo a muchos calificarlo como el Salzburgo español. Fue inaugurado el 3 de julio por Riccardo Muti y la orquesta del Maggio Musicale Fiorentino, a los que siguieron en cartel otras grandes batutas como Colin Davis, que dirigió La flauta mágica, de Mozart; John Eliot Gardiner, o las españolas de Víctor Pablo Pérez al frente de la Orquesta Sinfónica de Galicia o José Ramón Encinar con la de la Comunidad de Madrid. También acudió el Royal Ballet del Covent Garden, una de las compañías de danza más importantes del mundo, con su estrella, la española Tamara Rojo.

Pero pocos podían creer que, después de ese despliegue, el nuevo teatro cerraría. Hoy, una valla metálica impide el acceso a sus instalaciones, que volverán a cobrar vida, según responsables de la Consejería de Cultura, estas navidades. Los nuevos gestores privados deberán montar una programación que llene todo el año. Además, habrá festivales especiales en verano, Navidad y Semana Santa. Pero las instalaciones del teatro, aparte de los espectáculos, podrán utilizarse para más cosas, según Fisas. "Para actividades universitarias y congresos", asegura el consejero del Gobierno presidido por Esperanza Aguirre.

Cuando el Gobierno entonces presidido por Alberto Ruiz- Gallardón puso en marcha el proyecto del teatro de El Escorial, nadie contemplaba que su gestión fuese privatizada en la Consejería de las Artes, que entonces encabezaba Alicia Moreno. Su viceconsejero, José Antonio Campos Borrego, hoy director del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem), asegura que, en principio, se pensaba constituir una fundación que se responsabilizara de ello, como ocurre con el Teatro Real. "Nunca contemplamos privatizarlo", dice. Santiago Fisas, por su parte, asegura que la privatización de la gestión de teatros públicos "es un modelo que cada vez adoptan más instituciones en toda Europa".

El teatro Canal, por el mismo cauce

Todavía es pronto para conocer cuál será el futuro del teatro Canal, el que fuera proyecto estrella del Gobierno autónomo de Alberto Ruiz-Gallardón, por el que su sustituta, Esperanza Aguirre, no ha mostrado mucho interés pese a los 88 millones de euros que costará su construcción y equipamiento. Probablemente, cuando la ambiciosa obra llevada a cabo por el arquitecto Juan Navarro Baldeweg llegue a su fin, previsto para otoño de 2007, corra la misma suerte que el Auditorio de El Escorial y su gestión acabe en manos de un grupo privado. Así lo venía a anunciar el consejero de Cultura, Santiago Fisas. "Es muy posible que sí, aunque todavía no hay nada decidido al respecto", aseguró.

En principio, según Fisas, el Canal también servirá de sede del Festival de Otoño, ya que su infraestructura será válida para acoger espectáculos que hoy no pueden ser trasladados a ninguno de los teatros donde habitualmente se celebra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de octubre de 2006

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