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Universidad

La UPV ha registrado la mitad de sus 44 patentes en los tres últimos años

La universidad pública intenta mejorar un elemento "fundamental" de la investigación

La mitad de las 44 patentes en haber de la Universidad del País Vasco (UPV) se han obtenido en los tres últimos años, una progresión atribuible al mayor esfuerzo y atención de la universidad pública para paliar la que ha sido, como en el conjunto de la enseñanza superior en España, una de sus principales carencias en el campo de la investigación.

La tendencia es creciente, como destaca el director de Relaciones con la Empresa de la UPV, Iñaki Largo. "En 2003 obtuvimos cinco patentes, en 2004 siete y en 2005 doce. La progresión es evidente y creo que vamos bien", resalta. Para corroborar esta impresión, Largo resalta que el número de patentes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el organismo de carácter científico más importante de España, se sitúa aproximadamente en un centenar cada año.

Los sectores químico y farmacéutico y la biotecnología concentran la mayor parte de las patentes

Con todo, la obtención de patentes se encuentra muy condicionada por el complejo y exhaustivo proceso que deben seguir las invenciones para su registro, que, una vez logrado, otorga al beneficiario unos derechos que se limitan a 20 años improrrogables. El nivel de exigencia queda también avalado por un dato: 27 de las 71 solicitudes de patentes presentadas por la universidad pública desde 1986 fueron denegadas.

Los resultados del trabajo en investigación básica y aplicada se mezclan en el listado de patentes concedidas a la UPV. El campo en el que las invenciones son más numerosas es el vinculado con el sector químico (10 patentes), seguido por el área farmacéutica (7), el relacionado con la biotecnología (7) y la ingeniería eléctrica (6). En menor medida, están representados otras áreas de investigación, como la ingeniería mecánica o la alimentación.

La ley de 1986 determina que son patentes las invenciones nuevas que impliquen una actividad inventiva y sean susceptibles de aplicación industrial. El carácter novedoso o no se constata tras una evaluación en que se comprueba que la invención o el resultado de la investigación no están comprendidos en el denominado Estado de la Técnica. Este amplísimo registro está integrado por todo lo que antes de la fecha de presentación de la solicitud de patente se ha hecho accesible al público en España o en el extranjero por una descripción escrita u oral, por una utilización o por cualquier otro medio.

Del mismo modo, una invención es susceptible de aplicación industrial cuando su objeto puede ser fabricado o utilizado en cualquier clase de industria, incluso la agrícola.

El abanico de descubrimientos y trabajos patentables se amplía también a la materia biológica, esto es, que contenga información genética reproducible, aislada de su entorno natural o producida por medio de un procedimiento técnico.

La dificultad de la tramitación se traduce en una demora desde la petición hasta la concesión de la patente que se puede extender entre 12 y 18 meses. A ello hay que sumar la decisión sobre el alcance territorial de la patente, puesto que se puede limitar al ámbito nacional o ampliar al global. "La decisión está condicionada por su viabilidad productiva. Así, cuando hay interés por parte de una empresa por desarrollar y explotar una patente internacionalmente, solicitamos la extensión de la patente", describe Largo.

La titularidad de las patentes gestionadas por la universidad pública vasca corresponde tanto a los propios investigadores como a la institución en la que desarrollan su labor, en este caso la UPV. Lo mismo sucede con los posibles beneficios económicos, por lo general, como reconoce Iñaki Largo, muy escasos. "Nadie se ha hecho rico aquí con las patentes. De hecho, las estadísticas dicen que sólo llega al mercado el 2% de las que se conceden", indica.

No obstante, la baja proporción de patentes comercializadas no disminuye, a juicio del responsable de relaciones con la empresa de la UPV, el valor de esta figura dentro del proceso de acercamiento de la producción investigadora de la universidad a la sociedad. "Uno de los resultados magníficos del trabajo científico es sacar patentes, porque es una de las fórmulas clave de la innovación y permite establecer un puente, junto con los acuerdos de transferencia tecnológica, con el sector productivo", argumenta.

Por esta razón, la UPV ha incrementado los medios y las facilidades para multiplicar la lista de sus patentes. En este camino, la colaboración con las empresas se antoja fundamental, como asegura Largo. "La tendencia actual es obtener patentes como fruto de proyectos de colaboración con empresas, porque no podemos olvidar que son ellas las primeras interesadas en comercializar y cosechar un rendimiento económico de este trabajo", recalca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de febrero de 2006