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Tribuna:

"Bilbao" y "Bilbo"

La aprobación de la norma académica 145, Bizkaiko Herri Izendegia, es decir el nomenclátor eusquérico de los municipios vizcaínos, ha podido generar una peligrosa confusión, por culpa de una errónea información en un determinado medio de comunicación. Como ponente de la correspondiente comisión académica, es decir, la de Onomástica, y también como colaborador bilingüe de este periódico, intentaré aclarar el alcance del citado nomenclátor. Me ceñiré al nombre del municipio de la capitalidad, objeto de una confusa polémica.

El artículo 3.3. de la Constitución reza lo siguiente: "La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección". Y el artículo 6.4. del Estatuto de Autonomía dice: "La Real Academia de la Lengua Vasca-Euskaltzaindia es institución consultiva oficial en lo referente al euskera". Finalmente, el Real Decreto 272/2000, de 25 de febrero, reconoce a Euskaltzaindia lo siguiente en su artículo 1-j: "Como institución consultiva oficial en materia de lengua, expedir los oportunos certificados, informes y dictámenes". No entiendo, entre gente que se dice constitucionalista y estatuista, que se tenga tan poco respeto a la lengua vasca -a su toponimia, en este caso- y a su Academia, mofándose con una ignorancia supina, digna de mejor causa.

No entiendo que se tenga tan poco respeto a la lengua vasca -a su toponimia, en este caso- y a su Academia

Parece mentira que en una comunidad bilingüe aún existan ciudadanos resistentes a la oficialidad del bilingüismo

La legislación que regula los nombres de los municipios aclara que la oficialización de su o sus nombres le compete, en primera instancia, al respectivo Ayuntamiento y su sanción, a las Juntas Generales, correspondiendo a la institución académica su dictamen preceptivo. Euskaltzaindia, en base a un exhaustivo informe firmado el 31 de enero de 1983 por Luis Mitxelena, presidente de su Comisión de Onomástica, decía en el último párrafo: "Que por todo ello esta Comisión entiende que ambas expresiones: Bilbao y Bilbo son compatibles y de uso alternativo, que no ambivalentes, de lo que se deduce que, así como Bilbao era solamente oficial en su forma usual castellana, también ha de pasar Bilbo a tener idéntico rango oficial en su uso euskérico, al pasar también la lengua vasca a ser lengua oficial, de acuerdo con el artículo 6 del Estatuto de Autonomía del País Vasco, y concretamente del artículo 10 de la Ley Básica de Normalización del Uso del Euskara, que trata de la nomenclatura oficial de las entidades de población".

No voy a cansar al lector con los veintiséis párrafos anteriores, bien documentados, del citado informe. Por sí quiero aclarar que cuando se dice que el topónimo "Bilbao" es arcaico se pretende señalar que su uso en euskera, documentado por lo menos desde el siglo XVIII no es tal, sino "Bilbo". Así se atestigua sobre todo en textos religiosos, donde la lengua tenía un grado de oficialidad. El lector que así lo desee puede consultar dicho dictamen en la revista Euskera, órgano oficial de la Academia, en su edición de papel o digital.

Parece mentira que, en una comunidad bilingüe como la nuestra, todavía existan ciudadanos resistentes a la oficialidad del bilingüismo. Podían viajar, por ejemplo a Bélgica. Creo que hay varios vuelos diarios a su capital, Bruxelles/Brussel (Bruselas), las dos formas, francesa y flamenca, oficiales. Incluso la capital histórica del ducado de Flandes tiene una forma flamenca "Gand" y otra francesa "Gent", que solo varían en dos letras. Evidentemente, allí no tiene rango oficial la forma Gante. Lo mismo ocurre en el caso de Limborg/Limbourg. ¿Por qué muchos monolingües viajan intelectualmente tan poco?

En conclusión, que es falso que la Academia haya dicho Bilbo o Bilbao.

Jose Luis Lizundia es académico de número de Euskaltzaindia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de febrero de 2006