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Crítica:LIBROS

La trampa de la desigualdad

Cada año, el Banco Mundial publica un informe sobre el desarrollo en el mundo al que dedica un extenso estudio monográfico sobre uno de los muchos factores que son decisivos para el desarrollo de los países. El informe 2005 trata de los efectos positivos que tiene la igualdad de oportunidades sobre el desarrollo y, al contrario, de los efectos nocivos que tiene la desigualdad sobre el mismo. La complementariedad entre igualdad y desarrollo tiene dos orígenes o razones. Primero, en la existencia de muchos fallos de mercado en los países en desarrollo, especialmente en los mercados de crédito, seguro, suelo, y educación, sanidad y capital humano, con lo que los recursos no se dirigen allí donde tienen mayor rentabilidad y el desarrollo tiende a ser menor y más lento.

Equidad y desarrollo

Banco Mundial

Banco Mundial, Mundi

Prensa y Mayol Ediciones

ISBN 84-8476-267-X

Muchos niños pobres muy bien dotados intelectualmente no consiguen completar su educación primaria y otros ricos poco dotados terminan sus estudios universitarios; muchas mujeres inteligentes son marginadas de la educación mientras que muchos hombres menos capaces consiguen una educación elevada; los agricultores trabajan mucho menos cuando están sujetos a contratos de aparcería que cuando lo hacen en su propio trozo de tierra; muchos de los mejores países productores internacionales de productos agrícolas y textiles no consiguen tener acceso a los mercados de los países ricos... Cuando no existen mercados que asignen los recursos por el mérito de cada persona, o son muy deficientes, la distribución de la riqueza y del poder es la que determina una asignación de los recursos basada en el favoritismo.

La segunda razón por la que son complementarios es que elevados niveles de desigualdad tienden a llevar a instituciones y a políticas económicas y sociales que sistemáticamente favorecen los intereses de aquellos con mayores recursos, mayor poder o mayor influencia, lo que genera costes económicos muy elevados. Si los derechos personales y de propiedad sólo se defienden para unos pocos y las asignaciones presupuestarias sólo benefician a los más ricos o influyentes, se deja sin explotar una gran parte del talento de la sociedad (la mayoría que se queda marginada) y se reducen las oportunidades del país para aumentar su inversión y su innovación y mejorar su desarrollo. La desigualdad hace que no se usen los mercados para la asignación eficiente de los recursos, sino el poder y la influencia, lo que aumenta todavía más la desigualdad. Al final, se reduce el crecimiento potencial y el desarrollo sostenible de dichos países.

El banco propone una serie de ideas para conseguir romper esta "trampa de la desigualdad". Aunque la introducción de la igualdad de oportunidades tiende a reducir las desigualdades en los niveles de educación, de sanidad y de renta, su objetivo no es conseguir una igualdad de logros o resultados, ya que, en justicia, hay que dejar que surjan diferencias derivadas de diferentes talentos, esfuerzos o suerte. En segundo lugar, para conseguir una mejora en la igualdad de oportunidades, la acción pública debe de concentrarse en la distribución de recursos, de activos, de oportunidades económicas y de voz política, en lugar de en la igualdad de rentas. Basta con invertir en el desarrollo de los recursos humanos de los pobres, en un mayor y más igual acceso de éstos a los servicios públicos y a la información, en unos derechos de propiedad garantizados para todos por igual y en unos mercados más accesibles para los marginados. Para tener éxito hay que hacer, en paralelo, un gran esfuerzo en conseguir una mayor representación y capacidad de influencia política de los excluidos.

En tercer lugar, aunque puede haber a corto plazo algunos problemas de elección entre el binomio igualdad/eficiencia cuando se realizan análisis coste-beneficio, a largo plazo los grandes beneficios de la igualdad para el desarrollo, aun siendo difíciles de medir, son reales e indiscutibles. Una equidad mayor implica una economía más eficiente, más confianza en la sociedad y el país, menos conflictos y mejores instituciones, todo ello a favor de una mayor inversión y crecimiento.

Guillermo de la Dehesa es presidente del CEPR (Centre for Economic Policy Research). Londres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de enero de 2006