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UN ACUERDO HISTÓRICO SOBRE LA LENGUA

Recomendado: un castin en Bangladés

El 'Diccionario panhispánico de dudas' ayuda al español a adaptarse a los nuevos retos

Un paseo detenido por el nuevo Diccionario panhispánico de dudas da cuenta de la inmensa cantidad de posibilidades que ofrece el español en sus variantes y de lo bien cohesionada que se encuentra una de las tres lenguas mayoritarias hoy en el mundo pese a su gran dispersión geográfica. La iniciativa de las 22 academias españolas de la lengua, con un trabajo basado en el consenso y el acuerdo, ataja lo que podría haber sido una excesiva dispersión futura de una manera realista y ayuda a filtrar neologismos y extranjerismos que pueden resultar demasiado nocivos cuando en realidad pueden ser sustituidos fácilmente y evita que se conviertan en contaminantes para un cuerpo con varios miembros fértiles, según la visión de Juan José Millás.

Cambia el mundo, se transforman las cosas, surgen nuevos inventos, varían las costumbres. Y aparecen palabras que nombran una realidad distinta. Muchas vienen de fuera. ¿Ha visto que la Red se ha llenado de blogs? Hace unos cuantos años nadie hubiera comprendido la frase. Hoy seguro que la entienden muchos, pero igual algunos se pierden en la segunda parte: ¿qué es eso de blogs? ¿Qué es eso, y cómo se escribe, cómo se dice?

En blog, el Diccionario panhispánico de dudas te remite a la palabra "bitácora". Allí se nos explica que blog es el abreviado de weblog -de web+log(book)-, que significa "sitio electrónico personal, actualizado con mucha frecuencia, donde alguien escribe a modo de diario o sobre temas que despiertan su interés, y donde quedan recopilados asimismo los comentarios que esos textos suscitan en sus lectores". Pero lo importante es que los académicos proponen la palabra bitácora para traducir el término inglés de blog. Bitácora ("el armario, junto al timón, donde está la brújula"), que nombra ese cuaderno donde se apuntaba el rumbo, la velocidad, las maniobras y demás accidentes de navegación. En vez de blog, la propuesta es utilizar bitácora, acaso (lo comentan) ciberbitácora.

'E-mail' es un extranjerismo superfluo y es mejor utilizar correo electrónico

'Crack': cuando se refiere a "quiebra financiera o bursátil", hay que utilizar 'crac'

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Que con el tiempo el uso imponga una palabra o la otra, ya se verá, pero lo que sí se demuestra con este ejemplo casual es que el español está lleno de palabras para nombrar realidades que surgen a partir de fenómenos recientes, como Internet -que ha de escribirse con mayúscula, y sin artículo, y que nombra la "red mundial de computadoras u ordenadores interconectados mediante un protocolo especial de comunicación"- o la llamada web, que acepta ya el diccionario y que puede referirse (cuando se usa en mayúscula) a la World Wide Web (el servicio de Internet que permite acceder a la información que ofrece la red mundial de comunicaciones) o que, cuando se usa como adjetivo, significa "de la Red o de Internet".

E-mail y attachment. He ahí otras palabras que se manejan con soltura y que entiende cualquiera que maneje un ordenador. ¿Pero cómo deben decirse en español? E-mail aparece en el diccionario en cursiva, lo que quiere decir que es un extranjerismo superfluo o innecesario, y que es mejor utilizar la palabra equivalente en español: correo electrónico. En cuanto al "documento o archivo que se adjunta en un mensaje electrónico", no debe utilizarse atachar ni atachado, términos que vienen del inglés y que se usan en algunos países, sino "adjuntar" o "anexar" (o "adjunto" o "anexo").

Recorrer el Diccionario panhispánico de dudas sirve para descubrir con qué imprecisión se utilizan tantos términos heredados del inglés, e invita a defender la riqueza de la lengua española. Pero sobre todo sirve para unificar criterios, de ahí su voluntad de ser normativo en España e Hispanoamérica, y limpiar de incorrecciones una lengua asediada por los términos que generan las nuevas tecnologías, que suelen surgir en el ámbito anglosajón. Aun así, hay batallas ya perdidas (y vaya que suenan mal en algunos casos). Por ejemplo, monitorear, que viene del inglés monitor ("dispositivo o pantalla de control"), y que ya se ha aceptado "con el sentido de vigilar o seguir mediante un monitor".

Conviene señalar, aunque sea sumariamente, algunos términos de uso habitual en los diarios y que suelen producir dudas. ¿Cómo ha de hacerse? El nuevo diccionario propone (que no impone), pero ya existe un acuerdo de muchos medios -entre ellos EL PAÍS, que asumirá en su Libro de estilo las sugerencias de las academias- para librar juntos la batalla por la unidad de la lengua.

- La economía. Stock options, broker, cash flow, crack o crash... El mundo de la economía es una selva para un gran número de lectores, y un dolor de cabeza para los hispanohablantes. ¿Qué dice el diccionario? De stock ("cantidad de mercancías que se tienen en depósito", o de manera más general: "cantidad de algo disponible para uso futuro"), dicen que es anglicismo evitable y proponen "existencias" para el primero de los sentidos, y "reservas", para el segundo. En vez de stock options, debería decirse, por tanto, "opciones sobre existencias o reservas o cualquier cosa disponible para uso futuro" (acciones, por ejemplo).

Broker es broker, y significa "persona que actúa como intermediario por cuenta ajena en operaciones comerciales, de seguros o bursátiles". Es un extranjerismo necesario o muy extendido, que no tiene un término español equivalente, o cuyo empleo está muy arraigado o muy extendido. Se ha adaptado: eso sí, con acento. En cambio cash flow, que es la "magnitud contable que se obtiene de la suma de beneficios y amortizaciones, y que mide la liquidez o rentabilidad de una empresa", no debe utilizarse: para eso tenemos el término "flujo de caja". Lo mismo ocurre con crack: cuando se refiere a "quiebra financiera o bursátil" hay que utilizar "crac". De paso explican que ni siquiera, con este sentido, el término correcto en inglés es crack sino crash.

- Cultura y espectáculos. "El casting de ese film, un thriller rodado en Bangladesh que es un remake de una vieja película, se hizo en los mismos sets donde luego se rodaría". La frase seguramente se entiende, ¿pero se deben utilizar tantos términos ingleses? Casting debe ser 'castin' ("proceso de selección del reparto de una película o de los participantes de un espectáculo"). En film el diccionario remite a "película" ("obra cinematográfica"), aunque allí explica que el término inglés film se ha aceptado como "filme" por haber dado lugar a diferentes derivados (filmar, filmografía, filmoteca...). En vez de thriller ("obra cinematográfica o literaria que suscita expectación ansiosa por conocer el desenlace"), se recomienda utilizar expresiones españolas como "película o novela de suspense". Remake es un anglicismo evitable: para eso tenemos "versión" o "adaptación", según los casos. En el caso de set, que es una palabra aceptada (se escribe en redonda, no hace falta la cursiva), en su sentido de "plató cinematográfico o televisivo", el diccionario considera que debería utilizarse "plató" o "estudio". Por cierto: la manera correcta de escribir Bangladesh es "Bangladés".

Hay mucho glamour en esta sección, donde a veces se habla de obras kitsch exhibidas en los stands de cualquier célebre bienal. Nada de glamour ("encanto sofisticado"), para eso ya tenemos "glamur". Siga diciendo kitsch ("estética caracterizada por la mezcla de objetos heterogéneos pasados de moda y que se consideran de mal gusto"), porque no hay un término español que lo sustituya pero cuando escriba este extranjerismo crudo ponga el término en cursiva. No use stand ("instalación, dentro de una feria de muestras, para la exposición, promoción y venta de productos"), son preferibles las voces españolas "pabellón" (si se habla de un edificio o construcción de cierta envergadura) o "caseta" o "puesto" (si nos referimos a un lugar de pequeñas dimensiones).

- Ciencia y tecnología. Cuando se le reviente el software y no tenga como sustituir el hardware para hacer cualquier download, entrar en un chat o pasar algo por el scanner, el Diccionario le va a dar una solución: Arregle el "soporte" o las "aplicaciones" de su ordenador para "descargar" alguna canción, ponerse a "chatear" con sus amigos o "escanear" unos planos. Si se aburre, pongase un video o vídeo, con acento o sin él según se encuentre en América para el primer caso o en España; o si lo prefiere, un DVD, que si no lo sabe, son las siglas del digital versatil disc y que en España le sirve tanto para el aparato reproductor como para los contenidos.

- Deportes. La manía por los neologismos y extranjerismos ha llevado, quizá por impulsos demasiado enérgicos, a crear nuestros propios anglicismos en inglés para entendernos en español. Cuando en Estados Unidos, los cachas hacen jogging y corretean por los parques, aquí hemos inventado footing y encima se ha impuesto hasta tal punto que la primera no se utiliza. Ambas están registradas en cursiva y remiten al término "aerobismo", mucho menos utilizado que el famoso y anglocastizo footing. La manía por el fitness y el wellness todavía no aparece en el Diccionario, pero hay ejemplos a destacar en el fútbol, por ejemplo, que animan a no dejarse vencer por el pesimismo. Cuando los niños de las generaciones anteriores hablaban del off side, conocido como "orsay" o del corner, ahora, a sus hijos y nietos les parece de lo más normal gritar: "¡Fuera de juego!" o "¡Saque de esquina!".

- Internacional. En las secciones de internacional de todos los periódicos la madre del cordero en este sentido aparece con los topónimos y muchas veces con las siglas de varios organismos. ¿Cómo escribirlas? ¿En mayúsculas siempre? Irak es un lugar de triste referencia en los últimos tiempos. También Iraq. México y Méjico; Tejas y Texas, son la misma cosa. Los "ucranios" son más bien "ucranianos" y los "malasios" viven en Malasia, jamás en Malaisia, que tiene una bolaspa bien grande en el Diccionario. En cuanto a las siglas, se escriben siempre en mayúscula éstas y algunos acrónimos, como ONG. Cuando los acrónimos son nombres propios y tienen más de cuatro letras sólo se escribe en mayúscula la inicial: Unicef o la Unesco.

¿Dónde está la autoridad?

La aparición del Diccionario panhispánico de dudas no resta ninguna autoridad a lo que se da como bueno en el Diccionario de la Real Academia (DRAE). Eso lo quiere dejar muy claro el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha: "El nuevo diccionario es una avanzadilla", asegura el responsable de la RAE. "El DRAE es el instrumento normativo por excelencia. Lo que ocurre es que para que un término esté entre los admitidos necesita pasar unos filtros, no pueden entrar aquellos que no estén suficientemente consolidados". Así que el nuevo Diccionario panhispánico de dudas aparece como una respuesta intermedia a esa fase en la que muchas variantes de la lengua todavía no han cuajado con suficiente fuerza e implantación como para ser adoptadas en su seno. "Afecta sobre todo a los neologismos y extranjerismos, en eso es donde más actúa como terreno de avanzadilla", asegura García de la Concha. Sobre esto, en la presentación del Diccionario panhispánico de dudas que tuvo lugar en la RAE de Madrid, Pedro Luis Barcia, responsable de la academia argentina puso un ejemplo bastante gráfico. Para Barcia, a aquellas palabras que provienen ahora, sobre todo, del inglés, hay que adaptarlas a nuestra imagen. "Al smoking le pusimos un pie encima, lo convertimos en esmoquin y ya es nuestro", aseguraba.

García de la Concha cree que son esos extranjerismos reconvertidos los que más futuro tienen en español. Aunque sabe que no se puede con todos. "Existen palabras que han tenido una presencia de marca o publicitaria que resultan imposibles de adaptar". Es el caso de playboy, por ejemplo. "Intentamos sustituirla por pleiboi, pero la fuerza de la cabecera de una revista por ejemplo hace que el hablante no lo entienda y lo rechace, así que queda como playboy, pero eso sí, siempre en cursiva", recalca el director de la RAE.

Esa condición de instrumento de avanzadilla va a obligar a que el nuevo diccionario se reedite más a menudo que el DRAE. "Estos diccionarios se suelen actualizar cada tres años, pero nosotros creo que lo haremos antes, incluso", afirma. En todo caso, mucho antes de los seis años que suelen pasar entre la publicación de un Diccionario de la Real Academia, que ahora van a ser incluso más, según García de la Concha, "porque al contar con el nuevo instrumento y al estar constantemente reactualizándose en Internet, hay menos prisa por hacerlo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de noviembre de 2005

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