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53º FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN

'Malas temporadas', de Martín Cuenca, y un 'thriller' intimista

Se proyectan el segundo largometraje del director español y un filme de Anne Fontaine

El festival entra ya en su último tramo y lo hace con una película española, Malas temporadas, de Manuel Martín Cuenca, y la francesa En sus manos, de Anne Fontaine.

Malas temporadas, segundo largometraje de quien debutó en la ficción con La flaqueza del bolchevique, demuestra en primer lugar la sólida formación de su realizador para narrar con eficacia la historia que desea contar. Su estilo es funcional, directo, sin distorsiones, como lo es el reparto: un sobrio y hermético Javier Cámara, unas estupendas Nathalie Poza y Leonor Watling, un muy correcto Eman Xor Oña y el descubrimiento notable del joven Gonzalo Pedrosa. Martín Cuenca ya había demostrado en La flaqueza del bolchevique, adaptación de la novela homónima de Lorenzo Silva, finalista del Premio Nadal de 1997, su buen hacer con los actores: María Valverde consiguió el Goya 2004 a la mejor actriz revelación y Luis Tosar el de mejor actor en el festival de Miami del mismo año.

Destacan un sobrio Javier Cámara y unas estupendas Nathalie Poza y Leonor Watling

En el filme presentado ayer en el Festival de San Sebastián quizá el principal reparo que cabe señalar, siempre dentro de la subjetividad de quien lo comenta, sea del guión pues hay un momento en el último tercio de la película en el que se encadenan excesivamente las desgracias en las tres historias de los personajes principales. Un suicidio, un accidente de tráfico y una paliza se convierten en el punto de inflexión vital de los protagonistas a la vez que hacen tambalear una trama que, pese a su título, Malas temporadas, se aproxima más al siniestro total. Afortunadamente la acción no alcanza el cenit apocalíptico, incluso retoma un cierto horizonte esperanzador. La vida continúa.

Entre sus manos, la segunda película presentada a concurso en la sesión de ayer, la define su realizadora, la francesa Anne Fontaine, como "un thriller intimista", al mismo tiempo que explica que sus deseos fueron los de rechazar los códigos del género para que "el espectador intimara directamente con Claire y Laurent [los protagonistas] a través de lo anodino, lo no espectacular". El problema es que lo anodino puede encajar en una historia sencilla o incluso dramática pero en una narración en la que el suspense es esencial, un tratamiento basado en lo insustancial desemboca en la frialdad.

Describir la compleja relación de fascinación y terror entre una agente de seguros y un veterinario sospechoso de ser un asesino en serie, y hacerlo apostando por realzar lo insignificante, deja en quien lo contempla un poso de indiferencia que a buen seguro no era lo deseado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de septiembre de 2005