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Una biografía del general Rojo gana el Premio Comillas 2005

José Andrés Rojo traza el retrato humano y profesional de su abuelo

Un jurado presidido por Jorge Semprún y formado por Miguel Ángel Aguilar, Santos Juliá, Enrique Krauze y Antonio López Lamadrid concedió ayer el XVIII Premio Comillas a la biografía Vicente Rojo, retrato de un general. El autor es José Andrés Rojo (La Paz, 1958), nieto del militar que defendió Madrid del fascismo y jefe de la sección cultural de EL PAÍS. El libro traza un inédito perfil humano y profesional de "un gran desconocido".

Militar, católico y patriota. Con esas tres palabras se definió siempre Vicente Rojo (Fuente la Higuera, Valencia, 1894-Madrid, 1966) y de esas tres palabras surge la biografía ganadora del Comillas 2005, que convoca Tusquets y está dotado con 20.000 euros.

José Andrés Rojo, periodista cultural de EL PAÍS desde 1992 y el ganador más joven de la historia de este premio, no entendía cómo su abuelo, "que siempre fue fiel a los ideales de la República, que dedicó su vida a luchar contra el fascismo y pasó a la historia como el organizador de la resistencia de Madrid, pudo sentirse identificado con unas palabras que eran la base ideológica de los vencedores".

Partiendo de esa perplejidad, Rojo empezó hace cuatro años a desbrozar las notas autobiográficas minuciosamente escritas por su abuelo, a indagar en los recuerdos de sus familiares y a investigar en los archivos históricos. Y llegó a la conclusión de que no había paradoja alguna en ese perfil, sino mera coherencia con los valores militares democráticos que hoy se dan por supuestos: honestidad, legalidad democrática, respeto a las reglas del juego.

"Lo que pasó fue que el franquismo secuestró esas palabras durante mucho tiempo, hasta el punto de que contaminó, incluso, la visión de los historiadores", dice Rojo, "de una manera tan brutal que parte de la historiografía dio por hecho que el general permaneció leal a la República sólo por una mera cuestión geográfica: porque el día 18 de julio le cogió en Madrid".

La biografía de Rojo sobre Rojo desmonta esa falacia. Según el autor, la idea de España del general estuvo siempre marcada, desde bastante antes de la guerra, por la "tradición demócrata y liberal española que nació en las Cortes de Cádiz y acabó desembocando en la II República".

Por eso, y porque era un militar "disciplinado y honrado, vivió la rebelión como una agresión intolerable contra el Gobierno legalmente establecido".

El general siempre fue un militar atípico: "Aunque estuvo en Marruecos, nunca conectó bien con los africanistas. Fue un hombre de acción pero la etapa más feliz de su vida la pasó como profesor en la Academia de Toledo, durante la década de los años veinte. Y siempre le gustó escribir y pensar sobre su oficio, su tiempo y su país".

El jurado ha valorado especialmente "el relato exhaustivo de la peripecia de una figura histórica que, pese a haber desempeñado un papel fundamental durante la Guerra Civil, sigue siendo en gran medida un desconocido".

Quizá porque el libro acerca al lector al personaje desde tres puntos de vista: humano, profesional e histórico. Narra su esforzada y dramática vida ("nunca tuvo un duro"), sus contradicciones más íntimas ("su mujer era hija de un militar más franquista que Franco"), los oscuros años del exilio en Buenos Aires y Bolivia ("se escondió allí harto de las rencillas entre los republicanos exiliados"), y la "tristeza y la profunda ingenuidad política" que marcó su extraño y doloroso regreso a España en 1957.

"En las sesenta páginas de su autobiografía sólo dedica tres a la Guerra Civil; en el resto trata de justificar su vuelta", cuenta Rojo. "Aduce que había que dar la batalla desde dentro contra el Pacto España-Estados Unidos. Pero probablemente volvió para satisfacer los deseos de su mujer, que jamás se integró en la vida de Bolivia".

La dura vida de un hombre discreto

Vicente Rojo era el sexto hijo de un militar valenciano que hizo la guerra de Cuba. Había nacido en una familia muy humilde y su padre murió al poco de nacer él. Su madre logró meterlo en un colegio de militares a los 13 años. "Realizó una carrera brillante y cuando se licenció fue a Barcelona y se encontró con su hermano, un hombre de izquierdas que había organizado una huelga en su empresa de Valencia". Destinado a Marruecos, vivió algunas batallas esporádicas, "pero su desprecio de clase por los militares africanistas le animó a volver". Fue profesor en Toledo durante los años veinte, y allí escribió libros técnicos y fundó la Colección Bibliográfica Militar. Cuando las tropas franquistas se disponían a tomar Madrid en noviembre de 1936, Rojo fue nombrado jefe del Estado Mayor de las fuerzas militares de defensa: dirigió la resistencia de una ciudad que las autoridades republicanas daban prácticamente por perdida. Madrid resistió y, a partir de entonces, su papel cobró cada vez mayor relevancia en el Ejército Popular. En 1937, con la llegada de Negrín al poder, se convirtió en la figura más destacada de su bando: las batallas de Brunete y Belchite, la toma de Teruel o la maniobra del Ebro, entre otras, fueron algunas de las iniciativas que puso en marcha para tratar de frenar el avance de las fuerzas de Franco.

Tras la campaña de Cataluña siguió ocupándose del ejército en los campos de concentración de Francia. Se exilió en Buenos Aires (Argentina) de 1939 a 1943, y en Cochabamba (Bolivia) hasta 1957. Ese año, muy enfermo del pulmón ("era un fumador compulsivo"), regresó a España. Fue juzgado y condenado a cadena perpetua por "auxilio a la rebelión militar". Aunque indultado, se le mantuvieron las penas accesorias: interdicción civil e inhabilitación absoluta. "Se me ha reducido a la muerte civil", escribió sobre sí mismo. Murió en 1966.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de septiembre de 2005

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