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Editorial:

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El crecimiento de la economía española durante el primer trimestre (3,3% según los datos difundidos ayer por el Instituto Nacional de Estadística) es tanto más notable cuanto que la zona euro está creciendo a tasas próximas al estancamiento (1,2%). Las instituciones internacionales tienen perfectamente claro que nuestra economía mantiene un amplio diferencial de crecimiento con la europea, como demuestra la predicción de que este año crecerá en torno al 3%; diferencial que, por cierto, no responde a un milagro ni a misteriosas recetas seguidas por los Gobiernos españoles durante los últimos años. Está basado principalmente en que el tipo de interés vigente en la zona euro (2%) es demasiado bajo para la elevada inflación española. Una política monetaria rigurosa, con tipos más elevados, desaceleraría las tasas de crecimiento español. Por ahora, la delicada situación de la economía alemana aconseja mantener el coste del dinero en el 2% -el BCE ha rechazado la sugerencia de bajar los tipos de interés-, sobre todo en la confianza de que la elevada cotización del euro respecto al dólar está protegiendo la eurozona de otras amenazas como es el precio del petróleo.

La reciente revisión estadística explica que la tasa de crecimiento intertrimestral supere el 3%. Pero la aceleración del crecimiento es indiscutible, puesto que supera en una décima la registrada durante el trimestre anterior comparada en términos homogéneos. Ahora bien, la composición del crecimiento no ha variado desde que los Gobiernos del PP impusieran el consumo y la construcción como motores de la actividad. La demanda interna ha crecido el 5,8% entre enero y marzo respecto al mismo periodo del año anterior, pero el sector exterior, crecientemente lastrado por la pérdida de competitividad de los productos españoles, ha restado a ese crecimiento 2,5 puntos porcentuales, dos décimas más que en el primer trimestre de 2004. Es decir, la eficiencia económica empeora a ojos vistas.

Así pues, la buena noticia del crecimiento esconde un envés inquietante, como se apresuran a denunciar quienes jalearon la insana política de consumo y ladrillo aplicada entusiásticamente por los Gobiernos de Aznar. Desafortunadamente, las disposiciones para mejorar la competitividad -más inversión en capital tecnológico, en capital humano y en infraestructuras- no surten efecto inmediato. Requieren paciencia y tenacidad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de mayo de 2005