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El 'bolado' que viene de 'bola' y no de 'volar'

Si en algo se ha notado la etapa de Víctor García de la Concha al frente de la Real Academia Española (RAE) ha sido en el peso de la última palabra de sus siglas. "Ahora somos más la Real Academia del español", asegura su director. Lo dice porque si de algo se siente orgulloso es de haber trascendido la frontera del espacio territorial para llegar a la de la lengua que es mucho más ancha y ni siquiera termina en América. "Para el nuevo Diccionario histórico volverá a ser crucial la colaboración con todas las academias, como lo fue con el Diccionario panhispánico de dudas", afirma De la Concha, que presentó este trabajo, consensuado palabra a palabra, en el Congreso Internacional de la Lengua celebrado en Rosario, Argentina, el pasado noviembre. El diccionario se puede consultar en la web de la Academia (www.rae.es) y se publicará el próximo mes de mayo.

Ese signo de intercambio constante y rico entre las 22 academias del español se nota en los pasillos de la sede en Madrid. Porque por allí se mueven a menudo esos sabios callados del lenguaje, como es el caso de Miguel Ángel Quesada Pacheco, que ha hecho un Diccionario histórico del español para Costa Rica y ahora presta su apoyo al nuevo proyecto de la RAE como gran experto. "¡He encontrado una palabra! ¡He encontrado una palabra!", le dice Quesada a José Antonio Pascual, otro académico de la Española, que califica su trabajo como "de vicio y desenfreno".

Hacia el 'embolado'

"Bolado, con b y no con v, existe", afirma Quesada Pacheco. Le ha costado dos días probarlo pero al final ha llegado a una conclusión de peso que Pascual enriquece: "Viene de bola, no de volar, por eso mucha gente se confunde al escribirlo con v". "En mi país quiere decir muchas cosas, una es rumor: 'pasar la bola', se dice, 'escurrir la bola', también. Lo que no sé todavía es por qué cambia de género, del femenino al masculino", dice Quesada.

Pero hay más significados: "También quiere decir asunto, negocio, encargo", añade el costarricense. "¿Encargo?", pregunta Pascual. "Claro, por eso empleamos aquí la palabra embolao, es en ese sentido". Total, que de un encuentro casual en el pasillo ha salido toda una cadena semántica. Y siguen: "También, tener un bolado significa en mi país

mantener una aventura amorosa", sostiene Quesada. Así se podrían tirar otro buen rato, pero lo dejan para una mejor ocasión.

La colaboración, el intercambio entre todas las academias está probado y será inagotable. "Ya no tiene sentido que lo hagamos de otra manera", cuenta De la Concha.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de marzo de 2005