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La literatura breve no deja de crecer

Jóvenes autores, más traducciones y dos nuevos sellos especializados fortalecen el mercado del cuento

Minirrelatos que viajan con humor desde el amor al delirio, textos fantásticos del siglo XVIII al XX, cuentos tradicionales del Japón que borran con delicadeza oriental la distancia entre la literatura para niños y adultos y una antología del cuento suramericano con obras de autores de reciente cosecha son algunas de las novedades que cierran 2004, un buen tiempo para el género breve. Año en el que ha habido justicia, también, para maestros como Poe, Capote, Cortázar y Medardo Fraile, cuyos cuentos completos, publicados por distintos sellos, seducen a nuevas generaciones de lectores. "Sigue siendo una especie minoritaria, pero hay una apertura mayor en las editoriales", opina el escritor José María Merino, militante del cuento.

Que un cuento puede inaugurar un mundo es algo bien sabido por los viajeros que se sientan junto al fuego a compartir historias en noches sin luna y por los niños que reclaman, desde tiempo inmemorial, su pago en fantasía a cambio del amargo deber de irse temprano a la cama. Pero, a juzgar por la calidad de los cuentos, relatos y microrrelatos que cierran 2004, la literatura breve gana espacio también en el mercado y sigue dando pelea por sacudirse el sambenito de género que vende poco y mal, frente a la voracidad de la novela.

Cuentos completos, de Truman Capote (Anagrama); Nadie vale más que otro, de Lorenzo Silva (Destino); Grandes minicuentos fantásticos, selección de Benito Arias García de diversos autores del XVIII y XX (Alfaguara), y El país de los ciegos, de H.G. Wells (El Acantilado), son algunos de los títulos recientes que engalanan los escaparates de las librerías. A estas novedades hay que sumar dos acontecimientos que los amantes del género han agradecido con fervor: la publicación de los cuentos completos de Julio Cortázar y de Edgar Allan Poe (ambos en Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores) y otras propuestas como Amigos y fantasmas, de Mercedes Abad (Tusquets); Alto voltaje, de Germán Sierra (Mondadori), y El miedo de Montalbano, de Andrea Camilleri (Salamandra).

Antonio M. de Ávila: "Lo breve se adapta mejor a una época de velocidad y vértigo"

"Es un género que exige un mayor esfuerzo psicológico del lector", dice Merino

"Se puede 'vivir del cuento' si se 'trabaja por el cuento", afirma Juan Casamayor

A la oferta de estas editoriales hay que añadir la labor de Clan Editorial, especializada en la recuperación de cuentos de escritores ya consagrados del 98 y de la generación del 27, y el debú de dos sellos dedicados a la narrativa breve, Menoscuarto en Palencia (www.menoscuarto.net) y Thule Ediciones en Barcelona (www.thuleediciones.com), que siguen la senda abierta en 2000 por la pionera Páginas de Espuma (www.ppespuma.com). "A finales de los noventa", cuenta Juan Casamayor -dueño e ideólogo de este sello que ha convertido en timbre de honor aquello de "vivir del cuento"-, "había una ausencia notable de libros de cuentos en los medios y en las mesas de novedades".

Alentados por ese espacio en blanco, se lanzaron al ruedo y hoy celebran un "crecimiento sostenido" y el hecho de haber calado en "un perfil de lector iniciado, un lector atento que compra y al que no le venden libros". "Muchos autores me dicen que cuando van a sus editoriales o cuando van de nuevas a un despacho de un editor, éste les dice que traigan una novela porque 'el cuento no vende'. La experiencia de Páginas de Espuma apunta en dirección contraria. Nuestra editorial empezó con un trabajo casi artesanal para convertirse en una pequeña editorial independiente con todo un equipo que gira en torno al género. Se puede 'vivir del cuento' si se 'trabaja por el cuento", afirma Casamayor.

Escritura y vida, que reúne 50 años de relatos de Medardo Fraile, y Pequeñas resistencias 3, una antología del cuento suramericano que integra una ambiciosa tetralogía con textos de 200 cuentistas, han sido dos de los platos fuertes de la editorial para 2004. Apuesta por nuevas voces, Pequeñas resistencias 3 reúne 50 textos escogidos en base a dos criterios: autores con al menos un libro publicado y nacidos después de 1960. El libro no sólo se opone a un concepto "unitario" de América Latina; también pretende acabar con otros estereotipos sobre sus literaturas. "Colombia no es igual al realismo mágico, y Argentina no es sólo Borges", definió uno de los nueve antólogos, el escritor Andrés Neuman, en la reciente presentación del libro, informa Jennifer Wilson.

"El cuento no es un género mayoritario y no creo que llegue a serlo nunca, porque exige un mayor esfuerzo psicológico del lector, que debe lidiar con la muerte de la trama. '¿Sabe?', me confesó una vez una señora para disculparse por no llevar un libro mío, 'es que los cuentos se acaban enseguida", recuerda José María Merino, autor de Cuentos de los días raros (Alfaguara). "¿Para qué meterte en un cuento si un best seller te permite viajar cómodamente durante 300 páginas?", ironiza el escritor, que ha reunido sus reflexiones sobre el género en Ficción continua (Seix Barral).

En cuestiones de mercado, la novela sigue reinando hoy por hoy en las librerías. "Nosotros vendemos un libro de cuentos cada 20 novelas", se anima a cuantificar Concha Gubern, encargada del área de literatura de la librería Laie de Barcelona. En la misma ciudad, Marta Ramoneda de la Central, descarta generalizar: "Yo no distinguiría. La buena narrativa siempre encuentra lectores tanto en forma de cuento como de novela", apunta. Con una mirada panorámica, la Federación de Gremios de Editores de España anima al optimismo: "No tenemos estadísticas, pero nuestra percepción es que el cuento crece en España, no sólo en literatura infantil y juvenil, sino también en la de adultos. La aceptación de autores como Manuel Rivas, Luis Mateo Díez, José Manuel de Prada, entre otros, lo prueba", sostiene Antonio María de Ávila, su director ejecutivo, para quien "lo breve se adapta mejor a una época de velocidad y vértigo". Las estadísticas que confirmarían esa sensación del cuento en alza empezarán a conocerse en 2005: "A partir de febrero, cuando publiquemos los datos del sector editorial correspondientes a 2004, comenzaremos a desglosar en subgéneros todo lo que actualmente se reúne como literatura". Un apartado que hasta hoy no distingue entre ficción y no ficción y que representó en 2003 el 19,7% de los 65.824 títulos publicados en España.

Entretanto, el cuento batalla y suma. "Es una tradición que tiene 800 años en nuestra lengua y que vive y crece por la persistencia de los jóvenes autores que siguen escribiéndolo y viendo en él un espécimen fundamental en cualquier ecosistema literario", opina Merino, quien destaca su intensidad y capacidad para sintetizar toda una tradición cultural. "La novela se permite excursiones, desvíos; el cuento es un viaje al centro en el que no nos alejamos de la trayectoria. Un cuento de Baroja, de Chéjov, de Poe, dispara en pocas páginas referencias culturales, literarias e históricas esenciales. Bien usado, algo que no creo que esté haciendo hoy el sistema educativo español, un cuento de Rubén Darío sintetiza todo el Modernismo", afirma Merino.

Invirtiendo en el futuro, las editoriales más jóvenes se abren al género breve multiplicando traducciones y nuevos nombres en sus fondos. La madrileña Gadir, centrada en la literatura de los países de Mediterráneo, no ha olvidado el cuento: La lluvia, de Arturo Uslar Pietri, y El descubrimiento del alfabeto, de Luigi Malerba, de 1963, inédito en castellano hasta esta edición, han sido sus dos títulos para 2004. Desde A Coruña, Ediciones del Viento optó por el Japón y los relatos tradicionales para los primeros cuentos de su catálogo, que gira alrededor de la literatura exótica. El niño que dibujaba gatos, de Lafcadio Hearn, es el libro número 11 de la editorial. Además de recuperar a un autor de culto (de quien Siruela ha publicado este año Kwaidan), se ofrece con sabiduría y delicadeza orientales como literatura sin fronteras para niños y adultos.

Arte, síntesis e imaginación distinguen el rumbo de las ficciones que acompañan e iluminan. Un buen cuento puede ser una cosmovisión de bolsillo como ésta, que, siempre genial, urdió Augusto Monterroso en un microrrelato de 1972: "Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso."

La pasión como exceso

Un crío temblón en su primera excursión a un prostíbulo; una solterona que rumia sus 50 y muchos años soñando con bailar bajo la lluvia con el vecino del quinto piso como en un musical de Stanley Donen; Carlos I y el Cardenal Cisneros jugando al escondite y un gallo sacudiendo mandobles y plumas en un corral doméstico son algunas de las criaturas de 25 historias de amor (y algunas más), de Luciano G. Egido (Salamanca, 1928). Una galaxia de microrrelatos donde humor, ironía y pasiones animan un triángulo tentador en formato de belleza artesanal, gracias a la cuidada edición de El taller del libro.

Con estas historias, Egido se asume reincidente ("continuó la propuesta de Cuentos del lejano oeste") y devoto de la brevedad. "García Márquez dice que un cuento cuaja o no cuaja. Eso es todavía más cierto en el caso del microrrelato, que es casi una fulguración, un momento, un grito, una puñalada. Algo fuera del tiempo, como un poema."

La "intensidad verbal" y "la dialéctica de la eficacia narrativa" se ponen a prueba en los formatos breves, afirma el autor de La piel del tiempo, premio de la Crítica Castilla y León 2003. "Si tocas sólo una tecla, si no eres capaz en pocas líneas de coger al lector y abrirle un abanico infinito de sugerencias que le den densidad a la historia, has fracasado", define Egido.

Heterodoxo y movedizo ("fui profesor universitario, luego me dediqué al periodismo, al cine, y escribí mi primera novela a los 65 años... He ido traicionando varias vocaciones", dice), el escritor confiesa: "He querido escribir un libro vivo, poliédrico, que huya del amor romántico, del amor cursi, y rescate la pasión como acicate, como tragedia, como bienvenido exceso."

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de diciembre de 2004

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