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El presidente de Bolivia huye de La Paz

Un helicóptero del Ejército saca de la capital a Sánchez de Lozada desde un centro militar

El pleno del Congreso de Bolivia, cerrado durante más de dos semanas, escuchó ayer en silencio la carta de dimisión del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), a los 14 meses de jurar el cargo. El clamor popular, el abandono de sus aliados y la pérdida, a última hora, del apoyo de Estados Unidos fueron insostenibles para el mandatario boliviano. Durante varias horas el país entero esperó en un ambiente de gran confusión la anhelada noticia. Según la Constitución, el sucesor debería ser el vicepresidente, Carlos Mesa, aunque al caer la noche el Congreso no había empezado a discutir la cuestión. Sánchez de Lozada, alias Goni, se convierte en el segundo gobernante de su país que abandona la presidencia antes de terminar el mandato, después del ex dictador Hugo Bánzer (1997-2001), que dimitió un año antes por enfermedad.

Kirchner y Lula enviaron mediadores a La Paz para intentar salvar la crisis

A la hora de buscar una alternativa muchas miradas apuntan al vicepresidente Mesa

Sánchez de Lozada sigue los pasos del peruano Alberto Fujimori y del argentino Fernando de la Rúa, que dejaron el poder antes de tiempo en medio del repudio popular. Antes de que el Parlamento iniciara la sesión histórica, diversas fuentes confirmaron que el presidente dimisionario fue trasladado en helicóptero desde el colegio militar, en un barrio residencial de La Paz, hacia el aeropuerto de El Alto, para volar desde allí al aeropuerto de la ciudad de Santa Cruz (900 kilómetros al este de la capital), adonde llegó anoche acompañado del ministro de Defensa, Carlos Sánchez Bersaín, y donde les esperaba un avión. El destino final de González Lozada, según las referidas fuentes, sería Perú o EE UU.

En medio de una avalancha de rumores, el líder opositor indígena y diputado del Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales, hizo un llamamiento a la población a impedir la salida del país del presidente dimisionario. "Ha llegado la felicidad del pueblo boliviano", dijo desde Cochabamba el dirigente de los productores de hoja de coca. "No le vamos a dejar salir del país; tiene que estar 30 años en la cárcel, como García Meza [antiguo dictador militar]". Morales no viajó a La Paz por cuestiones de seguridad, según manifestó.

Los diputados que llegaron a La Paz procedentes de las provincias del interior, recorrieron los 15 kilómetros que separan el aeropuerto de El Alto del centro de La Paz, en autocares fuertemente escoltados. Por las calles de la capital, la comitiva protegida por las columnas a pie de soldados de la Policía Militar, recibieron el abucheo de miles de campesinos y mineros que se manifestaron durante todo el día por las calles de La Paz. Los únicos incidentes se registraron en El Alto, donde fuerzas policiales lanzaron gases lacrimógenos contra manifestantes que trataban de bloquear las rutas.

El gran interrogante de la jornada de ayer cuando se confirmó la dimisión de Sánchez de Lozada era quién sería el nuevo presidente de Bolivia. La Carta Magna es clara a la hora de establecer el mecanismo sucesorio, pero para cumplirlo hace falta el consenso de las principales fuerzas políticas. La figura de Mesa, uno de los periodistas de más prestigio del país, no cuenta con el respaldo de algunos de los dinosaurios políticos, entre ellos el líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Jaime Paz Zamora. Mesa se distanció abiertamente del presidente en señal de repudio a la violenta represión de los movimientos de protesta por parte de las fuerzas militares. En caso de fracasar la fórmula Mesa, las alternativas serían, sucesivamente, el presidente del Senado, de la Cámara de Diputados o de la Corte Suprema de Justicia.

El golpe definitivo a las aspiraciones de Sánchez de Lozada de mantenerse en el poder lo dio el ex capitán Manfred Reyes Villa, líder de Nueva Fuerza Republicana (NFR), tercer partido más votado del país, que después de reunirse con el presidente anunció la ruptura de la coalición gubernamental. Reyes Villa anunció la retirada de sus tres ministros y pidió la dimisión de Sánchez Lozada. El presidente se quedó solo con el apoyo de su partido (MNR) y el del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Al término de una reunión en la residencia presidencial, Jaime Paz Zamora declaró que no abandonaría al presidente, aunque precisó que le pidió que reflexionara. El resultado de tal reflexión, confirmó Paz Zamora, lo comunicaría Sánchez Lozada ante el Congreso Nacional.

Rápidamente trascendió que la respuesta que Goni daría en el Parlamento no sería otra que la dimisión, aunque pocos esperaban a aquellas horas, que la renuncia llegaría pos escrito cuando el gobernante ya había puesto tierra por medio. Hasta el último momento Sánchez de Lozada contó con el firme apoyo de Washington y de la UE. La ruptura de la coalición de gobierno cambió las cosas. La última iniciativa internacional llegó tarde. El brasileño Marco Aurelio García y el argentino Eduardo Escuria, enviados especiales de los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva y Néstor Kirchner llegaron a La Paz cuando el presidente ya había tomado la decisión. Era la primera iniciativa internacional sobre la crisis tras el desafortunado pronunciamiento de la Organización de Estados Americanos y de su secretario general, César Gaviria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de octubre de 2003