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Reportaje:LA RUTA DEL VINO

Una gran bodega artesana

La visita a Bodegas Lan supone un recorrido por el mundo de las cifras: de los millones de botellas anuales que sobrepasan la capacidad de comprensión del aficionado al detalle de las pequeñas partidas de sus producciones exquisitas. Lo mismo ocurre con el parque de barricas, que acoge 21.000 bajo un mismo techo, pero que está dividido en partidas en función de su origen, su tratamiento y el vino que albergan hasta conformar un verdadero laberinto de calidades.

Es, pues, una bodega que aúna la gran producción de vinos de crianza con la elaboración de cuidados caldos para paladares exigentes y bolsillos pudientes, síntesis poco frecuente en Rioja. Y sorprende todavía más en esta bodega que ha sufrido distintos avatares en su accionariado, de los que, según parece, sale con fuerzas renovadas.

La mecanización y las nuevas tecnologías permiten a Lan moverse en todas las dimensiones del vino

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Vinculada desde sus inicios al empresario vasco Juan Celaya, entre otros, hace cinco meses pasó a manos de Mercapital, entidad que cuenta con la experiencia riojana de El Coto. Desde su entrada parece que se mantiene la apuesta por esa conjunción entre tecnología para grandes producciones y artesanía de chateau. Así lo demuestra el próximo vino que sacará al mercado, el Lan 2000, 6.000 botellas que prácticamente ya están vendidas. Esta exquisitez para los aficionados más modernos se suma al clásico Viña Lanciano, al distinguido Mención y a la joya de la casa, el reputado Culmen. Todos ellos surgen de las uvas de la finca de 70 hectáreas propiedad de la bodega, sita en un meandro del Ebro, junto a la localidad de Assa.

Pero la producción fundamental son los cientos de miles de litros de crianza, reserva y gran reserva. A ellos están destinados todos los adelantos tecnológicos que alberga la bodega de Fuenmayor, levantada a principios de los años 70 y ampliada según las necesidades posteriores.

Desde la zona de recepción de la uva hasta la nave de embotellado, todo está mecanizado. De otro modo, sería imposible la trasiega de las 21.000 barricas cada seis meses o el relleno de 10.000 botellas a la hora. Algunos de los imprescindibles depósitos de acero inoxidable llegan a tener 500.000 litros de capacidad, magnitud necesaria para lograr que todas las botellas de una añada determinada contengan el mismo vino.

Esta robotización contrasta con el discurso del director técnico, Buenaventura Lasanta, cuando se refiere al parque de barricas. No en vano, su tesis doctoral como ingeniero agrónomo, recién presentada, estudia la reacción de los vinos a las distintas maderas. Así que en Bodegas Lan se pueden ver barricas para todos los gustos: francesas, americanas, rusas, franco-americanas, de distintos toneleros, de robles procedentes de diferentes comarcas,... Eso sí, con una media de tres años, como se constata en la visita a esa gran nave climatizada de 80 por 80 metros capaz de albergar 56.000 barricas hasta una altura de 14 gracias a una estructura metálica que las mantiene aisladas.

Todo lo que sea necesario para conseguir que hasta el popular crianza tenga una personalidad en la inmensidad de los vinos riojanos. Lasanta insiste en otro aspecto que ya es frecuente en las marcas de prestigio de la denominación de origen: la enología comienza en la viña. El control del fruto que llega a bodega es minucioso tanto en la propia finca como la que entregan otros agricultores de la zona.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de marzo de 2003