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Fallece el historiador Miquel Batllori

El erudito jesuita, de 93 años, era un especialista mundial en Ramon Llull y los Borgia

Miquel Batllori (Barcelona, 1909), jesuita,considerado uno de los grandes eruditos del siglo y especialista mundial en Ramon Llull y la familia Borgia, falleció ayer en una residencia de la localidad barcelonesa de Sant Cugat a los 93 años. Autor de más de 200 títulos publicados y traducidos en diversas lenguas, Batllori destacaba por la amplitud de sus estudios sobre la Iglesia y la cultura que abarcan periodos tan diversos como la Edad Media y el siglo XIX. El humanista acumuló numerosos reconocimientos, entre ellos el premio Nacional de Historia (1980) por su obra Humanismo y Renacimiento.

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En los últimos meses, Batllori trabajaba en el Diplomatario borgiano, cuyo primer volumen -de los 50 previstos que han de recoger toda la documentación sobre la familia Borgia / Borja- apareció el pasado año y que dirigía él mismo.

Académico numerario de la Real Academia de la Historia y profesor numerario de la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (desde 1952), entre los galardones del padre Batllori figuraban el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales (1995), el Premio Nacional de las Letras (2001) y el Premio de Honor de las Letras Catalanas (1990).

En mayo del año pasado, el erudito fue objeto de un gran y solemne acto de homenaje en Barcelona en el curso del cual, y con el padrinazgo del historiador Martín de Riquer, 11 universidades catalanas, valencianas y de Baleares lo invistieron a la vez doctor honoris causa. En su discurso en ese último homenaje, Batllori dijo con la ironía que siempre le caracterizó: "No creo que se hayan reunido tantas universidades en una iglesia para asistir a un funeral de cuerpo presente".

La obra de Miquel Batllori - que hablaba catalán, castellano, latín, francés, italiano, inglés y alemán, y conocía bien el griego clásico, el portugués y el provenzal- se ha centrado en problemas de historia cultural y eclesiástica y se ha basado en la investigación sistemática de los fondos documentales de Europa y América. Batllori, según los especialistas en su obra, contribuyó de manera genial a reinterpretar personajes y épocas.

Durante su larga trayectoria, Batllori se preocupó tanto por encontrar nuevas fuentes para la documentación histórica como en ofrecer síntesis de la investigación realizada.

Los especialistas en la ingente obra del jesuita destacan en ella sus estudios sobre Ramon Llull, Gracián y San Ignacio, así como sus valoraciones sobre las relaciones hispano-italianas (el caso de los Borgia) que han abierto el camino hacia nuevas interpretaciones y han dado pie a continuar la investigación histórica desde otras perspectivas. Arnau de Vilanova, Jaume Balmes, Joan Lluís Vives, los jesuitas de la ilustración catalana, el humanismo en Cataluña, Valencia y Mallorca, son otros campos de estudio en los que dejó su huella Batllori.

Considerado un verdadero humanista, Batllori vivió muchos años en Roma, ciudad que adoraba y donde se relacionó tanto con la vieja nobleza que entronizaba papas como con creadores como Federico Fellini, a quien conoció en las termas de Montecantini, de las que era asiduo. Batllori solía lucir unas impecables corbatas de seda e iba acompañado de un elegantísimo bastón con pomo de plata. De no haber sido religioso, su personalidad hubiera encajado en la de un burgués ilustrado y sibarita. Nunca se sintió nacionalista aunque sí muy catalán.

Joven mundano

La capilla ardiente de Batllori se instalará hoy en el Centro Borja de Sant Cugat, la misma residencia en la que ha fallecido el historiador, y estará abierta entre las 9.30 y las 21.30. Batllori será enterrado en el cementerio del mismo centro mañana, martes, tras el funeral que se celebrará a las 11.30 en la iglesia parroquial de Sant Pere de Sant Cugat.

Nacido en Barcelona el 1 de octubre de 1909, Batllori estudió Filosofía y Letras y Derecho y se licenció en Historia en 1928. Al terminar sus estudios universitarios ingresó en la Compañía de Jesús, en la que ha muerto tras 74 años de vida religiosa y 62 de sacerdocio. La decisión de tomar las órdenes sorprendió en su entorno, pues Batllori estaba considerado un joven mundano, gran conversador y amante de las tertulias.

Al proclamarse la II República en 1932 y disolverse la Compañía de Jesús, Miquel Batllori se refugió en Avigliana, cerca de Turín, donde realizó los estudios de Teología. La jerarquía jesuita le tuvo algún tiempo por un rebelde y durante años, hasta 1947, fue enviado a una especie de exilio en Mallorca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de febrero de 2003