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La oposición venezolana desafía la advertencia del Ejército de apoyar a Chávez

Los promotores de la huelga llaman nuevamente a cortar las vías de comunicación del país

La oposición venezolana no obtuvo la ambicionada complicidad de la cúpula de las Fuerzas Armadas, clave para forzar la renuncia de Hugo Chávez, y decidió desafiar la advertencia de intervención del jefe de Ejército, general Julio García Montoya, convocando nuevamente a cortar hoy las autopistas y calles de todo el país. La ofensiva callejera contra el jefe de Gobierno, sumada al descalabro de Petróleos de Venezuela (PDVSA), había tenido el efecto contrario al pretendido, la desobediencia castrense, y activó un rotundo pronunciamiento de respaldo a Chávez.

El jefe del Ejército, general Julio García Montoya, advirtió la tarde del lunes que los militares actuarán para impedir "la apuesta" por el colapso del país y los resultados de la "irresponsabilidad social y política" imputada a la oposición. El activismo callejero antigubernamental, lejos de aminorar ante el aviso del principal mando castrense, casi un ultimátum sin vencimiento preciso, se acentuó. "Hacemos un llamado a tomar autopistas y avenidas de Caracas y de todo el país paras garantizar el paro", anunció anoche Carlos Ortega, presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV), portavoz de la oposición. Sólo se permitirá el paso de diplomáticos y periodistas.

Estimulada por la impresionante y masiva sublevación del pasado sábado, una de las más numerosas de la historia de Venezuela, con cientos de miles de personas exigiendo la renuncia de Chávez, la oposición acentuó sus movilizaciones. El primer trancazo nacional, desarrollado pocas horas antes de que Montoya arremetiera contra la oposición, bloqueó vías de comunicación con barricadas y vehículos, paralizó parte de la vida ciudadana y desató cargas policiales y violentos choques entre manifestantes de distinto bando. "La cosa va de mal en peor", lamentó ayer el embajador norteamericano, Charles Shapiro. Las oficinas del ex candidato presidencial, Enrique Salas, conservador, fueron allanadas anoche "en busca de armas", según comentó un agente de la policía política DISIP. "Esta es una lucha hasta el final", declaró Carlos Ocariz, dirigente del partido Justicia Primero. "Si el presidente quiere jugar con fuego, jugaremos con fuego".

Admitiendo la crítica situación nacional, el Comandante del Ejército, general de división García Montoya, apercibió con el músculo de las Fuerzas, que no es otro que las tropas y los cañones en prevengan: "El Ejército tiene a sus mejores capacidades dispuestas para impedir que prospere esa apuesta por el colapso económico y social de la nación". La paralización del sector petrolero, el gran patrimonio nacional, casi equivalente al turismo en España, que aporta más del 50% de los ingresos fiscales y cerca del 80% de las divisas, amenaza con "la anarquía", agregó, y "constituye un sabotaje contra la principal fuente de riqueza de Venezuela".

El general de división rechazó "el discurso que pretende manipular a civiles y usarlos como escudos humanos, como salvoconducto para que sus promotores salgan ilesos del peligroso malabarismo que están intentando". A continuación pidió a los venezolanos: "no confíen en quienes enarbolan banderas de libertad y democracia y les invitan a ser cómplices de sus particulares intereses". Carlos Ortega reaccionó contra Montoya. "señor general de división, usted de hace cómplice [del Gobierno] y pretende arrastrar tras suyo al Ejército". Desde el epicentro opositor, una plaza del barrio residencial de Altamira, en el este de Caracas, el general Enrique Medina, dado de baja como insurrecto con otro centenar de militares, instó a sus compañeros de armas a secundar su rebeldía, a no hacer caso a Montoya, "a dar un paso al frente en esta hora menguada de la patria".

Hasta ahora los frecuentes llamamientos a la desobediencia castrense no han sido correspondidos. Retando al bolivariano Chávez, varios miles de manifestantes de la oposición marcharon ayer hacia el Panteón Nacional, con motivo del 172 aniversario de la muerte del libertador americano Simón Bolívar. La militarizada Guardia Nacional impidió su acceso porque les esperaban grupos chavistas. Las principales bazas siguen en las calles y la salomónica declaración emitida la noche del lunes, en Washington, por la Organización de Estados Americanos (OEA), no tuvo la contundencia reclamada por los promotores de la huelga, según admitieron fuentes opositoras. Los embajadores de los 34 países de la OEA instaron al Gobierno a una salida electoral y a preservar las libertades y el ejercicio de los derechos democráticos, a las partes a "negociar de buena fe". Y respaldaron "plenamente la institucionalidad democrática y constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, cuyo Gobierno preside Hugo Chávez Frías".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 18 de diciembre de 2002