Editorial:El Cervantes premia una voz de la vieja CastillaEditorial
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Escueto y profundo

Jiménez Lozano es un gran escritor, en prosa y en verso. Tuvo un momento de narrador sólido y exclusivo, y estuvo a punto de ganar el Nadal varias veces por los años 60. Posteriormente se mostró como poeta, un poeta revelador de su intimidad, escueto y profundo que sorprendió a los que no creían en él. Su última etapa se caracteriza por el cultivo de la novela corta -Sara de Ur, La boda de Ángela- donde los temas religiosos, bíblicos, la naturaleza y la muerte son tratados a menudo. Junto a esa veta de novelista, Lozano demuestra ser un gran ensayista en libros especialmente castellanos como Los cementerios civiles y Guía espiritual de Castilla, o un autor de cuentos breves de gran significado, como El grano de maíz rojo.

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Influido por Julien Green, Peguy, Bernanos o Simone Weil escribió una serie de artículos en El Norte de Castilla -donde se dio a conocer- y en la revista Destino, donde, con el título de Cartas de un cristiano impaciente, nos mostró una cierta disconformidad con el catolicismo imperante hace unos lustros, para reencontrarse con él en el aggiornamento de Juan XXIII, con el cual se identificaría Pepe plenamente.

La alta calidad de sus libros se hace evidente en cualquiera de sus escritos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 12 de diciembre de 2002.

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