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ABORDAJE EN EL ÍNDICO

Bush devuelve el barco y los misiles a Yemen

Estados Unidos reconoce que no había nada ilegal en el transporte de armas

Bush devuelve el barco y los misiles a Yemen
Rafa Höhr / Cristián werb

El buque So-San, su tripulación y su carga de 15 misiles norcoreanos Scud reemprendieron ayer viaje hacia Yemen, después de que el Gobierno de Estados Unidos se viera obligado a reconocer que no había nada ilegal ni en el barco ni en el transporte de armas al Gobierno de Saná. El incidente, en el que la Armada española desempeñó un papel protagonista, dejó a la Casa Blanca en una situación embarazosa. Ari Fleischer, portavoz del presidente George W. Bush, explicó que la intercepción del So-San estaba "totalmente justificada" porque en el momento en que se produjo, el lunes por la mañana, el Gobierno yemení no había admitido aún que los misiles eran para su Ejército. "Teníamos derecho a inspeccionar la carga, pero no a decomisarla", dijo.

El incidente del So-San supuso un mal trago para el Gobierno de Bush. En primer lugar, provocó un roce con Yemen, un aliado dudoso, pero crucial en la lucha contra el terrorismo en la península Arábiga. Yemen no sólo se quejó a la Casa Blanca, sino que hizo llegar una nota de protesta a Madrid en la que señalaba que la operación de la Armada Española "no sirvió para mejorar las relaciones" entre los dos países.

En segundo lugar, el So-San dejó al descubierto los límites del poder de Estados Unidos, que ni puede atajar la exportación de armas por parte de Corea del Norte ni parece ejercer una influencia demasiado profunda sobre sus nuevos aliados yemeníes, que en agosto se comprometieron a no seguir importando misiles norcoreanos. En tercer lugar, quedó en evidencia una cierta descoordinación entre Washington y Madrid en el momento de informar sobre los hechos. El Gobierno español indicó que el buque, de bandera camboyana, era prácticamente pirata. La Casa Blanca, sin embargo, entendió que el So-San tenía todos los papeles en regla, ya que no sólo permitió que los misiles siguieran viaje hacia Yemen, sino que dejó que lo hicieran en el mismo barco.

Averiguar el destino

Estados Unidos había seguido, con barcos y aviones de guerra, el recorrido del So-San desde que inició viaje en noviembre. Según el portavoz Ari Fleischer, se sabía que transportaba misiles norcoreanos y se quería averiguar el destinatario. El pasado fin de semana, cuando se hizo obvio que la nave se dirigía hacia Yemen, se le preguntó al Gobierno de Saná si tenía algo que ver con esa operación. El Gobierno yemení dijo, según Fleischer, que no esperaba ningún cargamento de armas. Después de la intercepción efectuada por los buques españoles, Yemen decidió poner las cartas sobre la mesa y admitió que los 15 misiles sí eran para su Ejército y tenían una utilidad "defensiva". El ministro de Asuntos Exteriores, Abu Bakú al Kerbi, convocó al embajador estadounidense, Edmund Hull, para mostrarle los documentos que acreditaban la legalidad de la importación de misiles y para asegurar que éstos no serían cedidos a nadie. La Casa Blanca, que hasta entonces estaba convencida de que el destinatario final de los Scud era Al Qaeda, tuvo que dar marcha atrás.

El vicepresidente, Dick Cheney, y el secretario de Estado, Colin Powell, jugaron papeles complementarios en la embarazosa resolución del incidente. Cheney hizo saber a las autoridades yemeníes que nadie en el Pentágono veía qué función "defensiva" podían tener los misiles, pero reconoció que, en último extremo, Yemen era una nación soberana y podía comprar esas armas. Powell recordó al Gobierno de Yemen que no era la primera vez que adquiría misiles norcoreanos y que en agosto se había comprometido a no efectuar nuevas importaciones de armas fabricadas en Corea del Norte. Anoche, Powell aseguraba que habían dejado partir al buque porque el presidente yemení, Alí Abdulá Salé, se había comprometido a que esa entrega de misiles era la última. Ari Fleischer dijo ayer que la explicación yemení se basó en que estos 15 Scud formaban parte de una operación contratada antes de agosto y que, por tanto, no estaban afectados por el compromiso. "Estamos tratando de concretar esos extremos con las autoridades de Yemen, para que no se produzcan confusiones como la ocurrida", indicó Fleischer.

En agosto, George W. Bush ordenó que se impusieran sanciones a la empresa norcoreana Changgwang Sinyong por vender misiles a Yemen. Las sanciones, consistentes en la prohibición de vender a EE UU durante dos años, fueron simbólicas, porque ambos países apenas mantienen relaciones comerciales. "Misiles como los Scud pueden ser cargados con material nuclear, químico o bacteriológico y, por tanto, forman parte de las armas que no queremos ver circular, pero, desgraciadamente, el derecho internacional ampara por el momento las exportaciones norcoreanas", afirmó Fleischer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 2002