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Reportaje:ABORDAJE EN EL ÍNDICO

Entre hambruna y misiles

El régimen de Kim Jong-Il ha recurrido al chantaje, fabricando misiles o armas nucleares, para obtener petróleo o alimentos

El martes pasado, otros dos norcoreanos sortearon los controles y lograron introducirse en la Embajada de Alemania en Pekín. Querían evitar así a toda costa ser detenidos y devueltos a su país por las autoridades chinas. Cerca de 300.000 norcoreanos viven ilegalmente en el noreste de China, donde huyeron para librarse de la hambruna que devasta Corea del Norte desde 1995. Los más audaces intentan llegar a Pekín con la intención de pedir asilo en alguna representación diplomática occidental.

Desde que hace más de siete años Corea del Norte sufriera unas inundaciones, el último régimen estalinista del mundo padece una escasez de alimentos paliada en parte hasta ahora por la ayuda internacional que le proporcionan la ONU, la Unión Europea, EE UU, Japón y Corea del Sur.

La hambruna ha causado la muerte, según reconoció en 1998 el régimen de Pyongyang, de unas 220.000 personas. Las ONG que operan en ese país estiman que los muertos son al menos 1,5 millones, pero es posible que ronden los tres millones, un 13,5% de la población. En las guarderías de Haeju, en la costa oeste, que este periódico visitó hace cuatro años, abundaban los niños con anemia, escorbuto, pelagra o incluso marasmo.

Y la hambruna va a ir a peor. Los donantes se han cansado de ayudar al régimen de Kim Jong-il, que pone más trabas que cualquier otro Estado para permitir el control internacional de la distribución de alimentos.

Incluido hace un año por el presidente George W. Bush entre los integrantes del eje del mal, Pyongyang ha tirado piedras contra su propio tejado reconociendo, en octubre, que poseía armas nucleares. En 1994 se había comprometido a renunciar a fabricarlas a cambio, entre otras compensaciones, de recibir anualmente medio millón de toneladas de petróleo sufragadas por la UE, EE UU, Japón y Corea del Sur.

Más tarde intentó también obtener contrapartidas a cambio de abandonar sus exportaciones de misiles. La industria militar es la única que sigue funcionando en Corea del Norte, que, según Seúl, logró vender unos 600 cohetes soviéticos Scud mejorados con tecnología propia.

Pyongyang pidió a Washington mil millones de dólares anuales para dejar de proporcionar misiles a diversos países del Tercer Mundo, pero esta vez la respuesta fue negativa. La técnica del chantaje, tan utilizada por el régimen norcoreano, no funcionó en esta ocasión.

La confesión sobre el desarrollo de un programa nuclear incitó a las potencias que suplían el petróleo a cancelar las entregas. La última tendrá lugar el próximo domingo. Buena parte de Corea del Norte padece ya prolongados cortes de luz. Dentro de poco vivirá prácticamente a oscuras. El crudo regalado representaba entre un 8% y un 30% del consumo.

Pero no sólo va a faltar petróleo y electricidad. La ayuda alimentaria internacional está disminuyendo. El pasado septiembre, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU dejó de proporcionar raciones a tres de los 6,4 millones de norcoreanos que atendía.

Para 2003, el PMA ha solicitado a los donantes 512.000 toneladas de alimentos, un 16% menos que este año. Hasta la fecha, sin embargo, nadie, excepto la UE, con sólo 33.000 toneladas, ha respondido al urgente llamamiento de la agencia humanitaria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 2002