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El espíritu de Borges domina la primera jornada del festival Kosmopolis 2002

Alberto Manguel lamenta la imposibilidad de construir ahora utopías y lugares imaginarios

Barcelona
La I Fiesta Internacional de la Literatura, Kosmopolis 2002, abrió ayer sus puertas en Barcelona bajo el signo de Borges. Borges, escritor; Borges, profesor y maestro de generaciones; Borges y el cine. Alberto Manguel comparó los imaginarios europeos y americanos y llegó a la conclusión de que "Europa ha impuesto su visión en cada una de las Américas". Rodrigo Rey Rosa habló de exilio y paisaje e, instalado ahora en Tánger, afirmó que no sentía nostalgia de Guatemala. Los autores hispanos coparon casi la primera jornada del festival, pero también estuvieron William Gibson, uno de los escritores que más han aportado a la ciencia ficción moderna, y Jean-Claude Carrière, que habló de la mentira necesaria.

Alberto Manguel nació en Buenos Aires en 1948; es ciudadano canadiense desde 1988 y reside en París. Rodrigo Rey Rosa (1958) emigró de Guatemala a Nueva York y ahora vive en Tánger (Marruecos). Edgardo Cozarinsky, nacido en Buenos Aires en 1939, es hijo de inmigrantes rusos y vive en París desde 1974. Martín Arias, Buenos Aires, 1970, se ha instalado hace unos meses en Barcelona. Son gentes de todas partes, que han borrado, queriendo o no, las fronteras. Y éste es uno de los objetivos de Kosmopolis 2002, que se inauguró ayer en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona.

La primera jornada estuvo dominada por la figura de Jorge Luis Borges. Al Borges escritor se lanzaron de cabeza lectores entusiastas: desde ayer y hasta el viernes se dedicarán a la lectura de tres de sus textos, Borges y yo, Pierre Menard, autor del 'Quijote' y El Aleph. El Borges profesor fue más polémico. "Tras un golpe de Estado en Argentina y después de que abandonaran el país muchos profesores, él volvió a dar clases en la universidad. No fue bien aceptado", dijo la profesora de Literatura de la Universidad Autónoma de Barcelona Marieta Gargatagli, que habló del libro Borges, profesor (Emecé). "En 1966, ni siquiera podíamos leerle, se le consideraba un reaccionario". "Pero fue uno de los primeros en escribir contra el fascismo y contra Hitler, ya en 1935", replicó Martín Arias, autor, junto a Martín Hadis, del libro.

La ideología o no ideología de Borges centró buena parte del primer debate, pero lo que quedó claro es que las 25 clases sobre literatura inglesa que impartió en la Universidad de Buenos Aires en 1966 debieron ser maravillosas. Arias explicó la peripecia de esos textos orales, ahora reunidos en un libro. Fueron grabados por un grupo de alumnos. Las cintas se perdieron, pero un ex alumno hizo llegar a la Biblioteca Nacional argentina, donde trabajaba Arias, unas fotocopias borrosas y amarillentas con la transcripción de esas cintas. "Al principio, pensé que eran unos apuntes, pero cuando lo leí me di cuenta de que era un material sensacional", dijo Arias.

Edgardo Cozarinsky trató por la tarde de la pasión de Borges por el cine. Autor de Borges y el cinematógrafo (Emecé), presentó una película inédita en España: Portrait de Borges en Aleph.

Alberto Manguel, que centró su intervención en los lugares imaginarios de la literatura panamericana, comparó "esos lugares típicos" anglosajones (la Utopía de Tomás Moro; la isla de Robinson Crusoe de Defoe y las historias de Jonathan Swift) con los latinoamericanos (el Macondo de García Márquez, la isla de La invención de Morel, de Bioy Casares; el Buenos Aires, de Borges). Y llegó a una conclusión: "La imaginación europea se ha impuesto en América".

"Hoy es muy difícil inventar lugares imaginarios. Pondré el ejemplo de Argentina: si alguien se presenta con una propuesta razonable de economía, con jueces justos, con un Ejecutivo al servicio del ciudadano, si pudiese inventar esa utopía, el Fondo Monetario Internacional la impediría. En estas circunstancias no creo que un escritor pueda inventar una utopía en la que podamos salvarnos".

Rodrigo Rey Rosa, el último autor hispano en intervenir, que fue presentado por Pere Gimferrer, dio una lección de literatura en su conferencia El exilio voluntario y el paisaje. "Exiliarme a Tánger es una de las ideas más felices que he tenido. No siento nostalgia de Guatemala", dijo. Antes, había leído la biblioteca de Borges -"sus textos y los que el propuso"- y en Marruecos se pasó a la biblioteca de Paul Bowles y descubrió el paisajismo literario de los anglosajones. Rey Rosa (La orilla africana o Piedras encantadas, en Seix Barral) comparó esa tradición anglosajona de escritores viajeros con la inexistente guatemalteca y, en general, latinoamericana. El escritor leyó textos de diversos autores y dejó al público entregado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de diciembre de 2002