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La literatura cubana llega a Guadalajara con las heridas de su historia sin cicatrizar

La isla caribeña protagoniza la XVI edición de la Feria del Libro de la ciudad mexicana

La presencia de Cuba en México, como país invitado de la XVI edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara que se inaugura hoy, va a desencadenar los debates más variados sobre un país cuya literatura no sólo se escribe dentro de sus fronteras, sino en todo el mundo. Y que se escribe, muchas veces, bajo la presión de un episodio que alteró la historia de la isla: la revolución de Castro. La delegación cubana llega a Guadalajara con la voluntad de sortear viejos obstáculos, y lo hace a lo grande. En la inauguración esperan contar con Gabriel García Márquez.

Tequila y mojitos. La mezcla puede desencadenar el mayor de los jolgorios, pero podría también complicar las cosas. Cuba protagoniza esta edición de la Feria del Libro de Guadalajara, y cada vez que Cuba se mueve se disparan las disputas. Una numerosa delegación de 600 personas (de las que sólo 60 son escritores) llega desde la isla a la ciudad del interior de México con muchas ganas de hacer explotar la cultura cubana y que se difunda hacia todas las direcciones. La cuestión surge en cuanto se pregunta ¿de qué cultura cubana se trata? ¿De la que se hace dentro de la isla, de la que se hace fuera, de todas juntas y bien mezcladas?

Las actividades programadas por Cuba como invitado de honor de la feria son abundantes. Están los homenajes: a Nicolás Guillén, Dulce María Loynaz, Alejo Carpentier, Roberto Fernández Retamar -el único que vive y que estará presente- , José Martí, José Lezama Lima y Eliseo Diego. Luego habrá distintas mesas redondas sobre la situación de los diferentes géneros literarios en Cuba -narrativa, poesía, drama- o sobre otros asuntos más generales: las voces femeninas, la emigración en la literatura cubana, creación literaria y lectura... Las actividades del llamado Café Literario serán muy diferentes y tratarán aspectos más variados: desde temas musicales a cuestiones relacionadas con las nuevas tecnologías. Además de las numerosas presentaciones de libros, la cultura cubana saldrá fuera del recinto ferial. En la Explanada, justo a la entrada, habrá espectáculo todos los días: Juan Fornell y los Van Van, la Sinfónica Nacional (dirigida por Leo Brower), el Ballet Nacional y el Tropicana, Issac Delgado, Eliades Ochoa, Marta Valdés, etcétera. El arte, además de las obras de Waldo Saavedra que estarán en el pabellón de Cuba, se desplegará por la ciudad con distintas propuestas, y se ha organizado también un ciclo de cine. Una amplia y ambiciosa panorámica, no cabe duda.

¿Está contenida en toda esa vasta oferta toda Cuba? Que lo cuenten los propios escritores.

Arturo Arango (Manzanillo, 1955) ha publicado en Tusquets El libro de la realidad, vive en La Habana y es uno de los escritores que llega a Guadalajara dentro de la delegación oficial cubana. "Ese dentro y fuera fue una clasificación impuesta por circunstancias políticas, que en principio no tendrían nada que ver con el proceso interno de la literatura cubana", escribe por correo electrónico. Luego comenta que la situación actual es complicada, que "hubo años de ruptura, de alejamiento entre el dentro y el fuera". "En años más recientes, han salido con carácter definitivo o transitorio escritores que han dejado acá afectos, afinidades, lazos que ya ninguna razón política ha podido borrar". Y termina con la esperanza de que "sea ese sentido de amistad, de unidad, lo que prevalezca en Guadalajara".

Buena o mala

Antonio José Ponte (Matanzas, 1964) vive también en La Habana. "Soy, hasta donde sé, el único escritor cubano residente en la isla que viaja fuera de la delegación cubana", cuenta por correo electrónico. Lo invita la editorial Artes de México. Ponte ha publicado recientemente en España Contrabando de sombras (Mondadori), y considera que no hay que hablar de literatura cubana de dentro o de fuera, sino de buena y mala literatura. A ello añade: "Pero a la hora de una feria no son los libros los que hablan, sino los autores. No es todavía la hora de los lectores, sino la hora de los espectadores. Y entonces esa división entre afuera y adentro de Cuba sí que se hace ostensible. Porque, de tratar preocupaciones políticas, el escritor cubano del exilio podrá formular públicamente sus discrepancias y rechazos al régimen político cubano. Pero el escritor cubano de adentro callará esas discrepancias y rechazos o estará lejos de sentirlos".

Iván de la Nuez (La Habana, 1964) vive en Barcelona. Uno de los últimos libros que ha publicado es Cuba y el día después (Mondadori), donde invitaba a 12 ensayistas cubanos (de dentro y de fuera) a reflexionar sobre el futuro de la isla. No va a Guadalajara. "Casi mejor porque puede haber mucha tensión", cuenta por teléfono. "Todo cuanto ocurre en Cuba se lleva a los extremos, y yo, que paso aquí por ser de izquierdas, allí me tienen por un tipo de derechas". De la Nuez considera que la feria es una oportunidad para "la afirmación de las posiciones oficiales", que toleran mal las críticas. Piensa que nadie puede tener el monopolio de una literatura y que hoy "hay muchos espacios donde surge la literatura cubana".

Punto de encuentro

La presencia de Cuba como país invitado, y de todo el ruido que desencadene por su particular situación política, puede hacer olvidar algo fundamental: que se trata de una feria y, por tanto, de un lugar de encuentro para cuantos andan complicados en el negocio del libro: escritores, agentes, editores, libreros, bibliotecarios... Guadalajara no es sólo Cuba, y una de las delegaciones que ha querido subrayarlo ha sido la canadiense. Una de las escritoras más importantes de este país, Margaret Atwood, estará en Guadalajara acompañando a otros autores de menos renombre de su país y con la voluntad de acercar Canadá a Latinoamérica. Otra de las grandes figuras que participarán en esta edición es el italiano Antonio Tabucchi, un autor publicado en España por Anagrama, cuyo editor -Jorge Herralde- recibirá mañana el reconocimiento al Mérito Editorial 2002 . He aquí unos cuantos números: 26.000 metros cuadrados de exhibición, 13.500 profesionales del libro, 1.258 editoriales, 82.000 títulos, 32 países participantes. Habrá presentaciones de libros, debates, homenajes, actividades destinadas a los niños, conferencias, galardones... La entrega del Premio Juan Rulfo -al poeta Cintio Vitier- será uno de los primeros actos de una feria que pretende superar sus marcas del año pasado: 12 millones de dólares en transacciones internacionales, cinco en transacciones nacionales y otros cinco por venta directa al público. Una novedad de este año es el Foro Internacional de Editores, donde se discutirá sobre los retos del mercado y las posibilidades del libro en el contexto de las nuevas tecnologías.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 30 de noviembre de 2002

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