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XXII EDICIÓN DE LOS PREMIOS PRÍNCIPE DE ASTURIAS

Los premios Príncipe de Asturias llaman al diálogo y a la libertad

Asturias proyecta al mundo los valores del arte y la inteligencia a través de sus premios

Arthur Miller (Letras), Hans Magnus Enzensberger (Comunicación y Humanidades), Lawrence Roberts, Robert Kahn, Vinton Cerf y Tim Berners-Lee (Investigación Técnica y Científica), Anthony Giddens (Ciencias Sociales), Woody Allen (Artes), el Comité Científico para la Investigación de la Antártida (Cooperación Internacional), Daniel Barenboim y Edward W. Said (Concordia) y la Selección Brasileña de Fútbol (Deportes): todas esas figuras y colectivos del conflictivo mundo que habitamos desfilaron ayer por el teatro Campoamor de Oviedo para recibir de manos de Felipe de Borbón los Premios Príncipe de Asturias. Y con su presencia y sus lecciones de su talento, abrieron las puertas a un universo de paz, libertad e inteligencia.

El príncipe Felipe y la reina Sofía salieron a las 17.57 del hotel Reconquista. Pocos minutos más tarde empezaba, en el teatro Campoamor, la entrega de la 22ª edición de los Premios Príncipe de Asturias. Oviedo era desde mucho antes una fiesta. Con el telón de fondo de la música de Haendel, los galardonados fueron ocupando sus respectivos lugares.

Woody Allen, que cerró las intervenciones de los galardonados, improvisó. No hay mejor fórmula para una ocasión como ésta que la que utilizó un cómico estadounidense del siglo pasado en una situación similar, vino a decir. Y le citó: 'No merezco este premio, pero tengo diabetes y tampoco la merezco'. Luego, se dedicó fundamentalmente a echar pestes del cine que se hace en su país y a rendir homenaje al europeo, con una elogiosa referencia a Almodóvar. Habló desde la perspectiva de quienes 'piensan que el cine es un arte', y comentó que en Estados Unidos ya sólo se piensa en 'glorificar la tecnología'. 'Se gasta tanto dinero en publicitar durante un fin de semana una sola película como el que gastó Buñuel para filmar todas sus obras'. El cineasta llegó al Campoamor tan nervioso que se olvidó del protocolario saludo a la Reina Doña Sofía y al príncipe Felipe, pero luego se fue relajando.

Arthur Miller habló el primero. 'La palabra España en los años treinta era explosiva', dijo, 'el emblema esencial no sólo de la resistencia contra un retroceso obligado a un feudalismo eclesiástico mundial, sino también contra el dominio de la sinrazón y la muerte de la mente'.

Su discurso, hilvanado sobre los recuerdos y lazos que lo ligan a este país, empezó y terminó en español con la voz quebrada de emoción. Se refirió al siglo XX, 'probablemente el peor siglo de la historia', y habló de la Guerra Civil (en la que intervinieron dos de sus amigos al lado de la República) y de la España que lo ayudó a conocer Inge Morath, su última mujer y una extraordinaria fotógrafa, a la que rindió homenaje.

'Uno de los atractivos de la identidad de España es la de haber conseguido negociar con éxito el pluralismo dentro de una misma nación', dijo Edward W. Said, que tocó en su discurso el fango de la historia contemporánea: los conflictos de los nacionalismos y la identidad, el ruido entre palestinos e israelíes: 'Palestina es la tierra de dos pueblos que tienen que vivir juntos, en paz y con seguridad, como iguales, con los mismos derechos', subrayó. Daniel Barenboim, por su parte, afirmó: 'Nuestro proyecto posiblemente no va a cambiar el mundo, pero es un paso, y son esos pasos los que todos tenemos la obligación de dar desde nuestra responsabilidad y nuestras posibilidades'. Ambos emocionaron con sus intervenciones y recibieron una de las más calurosas ovaciones de la tarde.

El príncipe Felipe cerró el acto. En una larga intervención en la que glosó las cualidades de cada uno de los premiados, destacó el extraordinario valor del conjunto de los mismos. 'Como siempre ha sucedido', dijo, 'las puertas de la esperanza siguen abiertas, porque la historia nos enseña que todas las tragedias y fracasos, todas las dificultades, por extraordinarias que sean, no han impedido que la humanidad siga avanzando hacia un mundo mejor'. Es verdad que son palabras, pero a la vista de las figuras que en esta edición han ganado los Premios Príncipe de Asturias, no son palabras vacías. Son acaso las que han inspirado unos galardones que han iluminado durante estos días Asturias, proyectando hacia todo el mundo esos viejos valores de la libertad, la inteligencia, la esperanza, el talento, la capacidad de compromiso y la piedad, el gusto por el trabajo bien hecho y la celebración de la vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de octubre de 2002