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Mendoza define su nueva novela como 'picaresca colectiva'

'El último trayecto de Horacio Dos' se publicó por entregas en EL PAÍS

La nueva novela de Eduardo Mendoza, El último trayecto de Horacio Dos (Seix Barral), trata de las alocadas peripecias de un comandante intergaláctico que surca el espacio como jefe de una improbable expedición que incluye a delincuentes, mujeres descarriadas y ancianos impróvidos en busca de su destino. La novela, que se publicó por entregas en EL PAÍS hace poco más de un año, es definida por su autor como 'una historia picaresca colectiva'.

'Mis personajes son cada vez más derivativos', explica Mendoza. 'Mi capacidad de crear se agota, y cada vez se parecen más unos a otros. En este sentido, Horacio Dos se parece a Gurb y a otros personajes salidos de mi imaginación'.

Igual que hiciera en Sin noticias de Gurb, Mendoza se ha zambullido, una vez más, en el mundo de la ciencia-ficción, aunque confiesa no ser lector de este género. 'Me gustan las películas de ciencia-ficción', puntualiza, 'y las series de televisión, sobre todo Star Trek, que siempre está presente en mi corazón, pero cuando me pongo a escribir este tipo de novelas no busco hacer una alegoría del género humano, sino contar una historia que participa de los libros de viajes, de la nave de los locos y del disparate. Aquí hay grupos de hombres, mujeres y viejos dirigidos por un funcionario en busca de su identidad. Es un tema recurrente en mis novelas, aunque aquí lo trato en crudité'.

Para Mendoza, escribir una novela por entregas para un periódico, como hizo con ésta para EL PAÍS, supone algunos cambios, sobre todo los que hacen referencia a la extensión y al plazo de entrega. 'Normalmente aborrezco que me den un plazo de entrega', explica, 'pero de vez en cuando me va bien para marcarme un ritmo. Recuerdo que esta novela la empecé en Nueva York y la terminé el 30 de agosto de 2001, tan sólo unos días antes del 11 de septiembre. ¿Por qué me salió esa aventura galáctica de fin de milenio? Pues debía de ser algo que estaba en el ambiente. Alguien más serio le hubiera dado un tratamiento duro, pero a mí me dio por el humor'.

Entre los modelos en los que se fija Mendoza para este tipo de novelas, cita a los grandes del XVIII como Voltaire o Swift. 'No hay nada inventado', reflexiona, 'pero hay que buscar el referente adecuado. Estamos bajo la sombra de las novelas del XIX, que de todos modos ya no nos sirven de modelo. Para leer novelas como ésta es mejor acudir directamente a Balzac y no intentar repetirlas'. Cuando se le pregunta si no volverá a meterse en líos como cuando le dio por anunciar la muerte de la novela, Mendoza sonríe. 'Estas novelas mías son como certificados de defunción de la novela', afirma. 'Ahora ya no nos creemos lo que se cuenta en las novelas. Les hemos perdido el respeto. La ficción tiene que ir por otros derroteros, pero no veo cuáles serán. Quizás por el terreno de la no ficción. La novela de más impacto de los últimos tiempos ha sido Soldados de Salamina, de Javier Cercas, en la que se recurre mucho a la no ficción'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de octubre de 2002