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EL CONFLICTO DE ORIENTE PRÓXIMO

Israel aísla de nuevo a Arafat tras un atentado con cinco muertos en Tel Aviv

Ocho colaboradores del líder palestino se entregan para no poner en peligro la vida de éste

Los tanques israelíes irrumpieron ayer por la tarde en el cuartel general de Yasir Arafat en Ramala, sometiéndolo a un asedio y reclamando la entrega de 20 de sus colaboradores, en represalia por el atentado suicida que horas antes se había perpetrado en Tel Aviv, donde un activista palestino se inmoló en el interior de un autobús provocando cinco muertos y más de 60 heridos. Pasada la medianoche, ocho de los reclamados se entregaron a las fuerzas israelíes con la esperanza de rebajar la tensión, evitar el enfrentamiento y no poner en peligro la vida de Arafat.

Seis horas después de que un terrorista suicida palestino se inmolara en el interior de un autobús de la línea 4 en el centro de Tel Aviv, una decena de tanques y blindados irrumpían en medio de los disparos de las ametralladoras en el interior de la residencia del presidente Yasir Arafat en Ramala -Mukata-, iniciando un duro asedio de carácter indefinido. Desde el exterior del recinto, y a través de los altavoces, los soldados, siguiendo las consignas del alto mando militar, reclamaron a la Autoridad Nacional Palestina la entrega de 20 de sus colaboradores que se encontraban en el complejo, entre los que se hallaban el responsable de la guardia presidencial, el general Mahmud Dambra, y el jefe de los servicios secretos de Cisjordania, Tawfik Tirawi.

El asedio al cuartel general de Arafat en Ramala supone la repetición de una situación similar acaecida el pasado mes de abril, en la que el Ejército rodeó también la Mukata durante varias semanas exigiendo la entrega de un grupo de seis personas, supuestamente implicadas en el asesinato del ministro de Turismo de Israel, Rehvam Zeevi. Esta vez, sin embargo, el asedio se ha hecho extensivo a todas las aldeas, pueblos y ciudades de Cisjordania y Gaza, que desde ayer noche permanecen también bajo asedio, en toque de queda permanente y privados de cualquier tipo de movimiento, en uno de los más impresionantes y amplios castigo colectivos impuestos a la población palestina.

Ayer, las tropas israelíes se dedicaron en el exterior a destrozar las viviendas e instalaciones de los funcionarios palestinos. Las máquinas excavadoras abrieron en torno a la residencia una especie de trinchera y un helicóptero de combate se posó sobre la pista de aterrizaje, dispuesto a acoger y transportar al interior de Israel a los rehenes. De manera reiterada las tropas anunciaban una y otra vez que entrarían en la residencia si los 20 reclamados no se rendían voluntariamente.

Presión sobre Sharon

El temor a que se agravara la situación llevó a que ocho de los colaboradores de Arafat se entregaran voluntariamente a las tropas israelíes pasada la media noche, en un esfuerzo por rebajar la tensión, eludir un enfrentamiento suicida y no poner en peligro la vida del presidente. A pesar de estas rendiciones, la confusión ayer noche era absoluta. El pánico de un desenlace trágico obligó a la comunidad internacional a presionar al primer ministro israelí, Ariel Sharon, quien acabó comprometiéndose a no tocar al presidente palestino y no atentar contra su vida.

La ofensiva militar contra Arafat dejó arrinconadas las reivindicaciones de Hamás y Yihad Islámica, que durante la tarde se habían declarado autores del atentado. Isamil Ilaniya, líder de Hamás, a través de la cadena de televisión Al Jazira, explicó que la operación "es parte del derecho que tiene nuestro pueblo a defenderse de los crímenes perpetrados por los israelíes contra nuestra gente". En su mensaje recalcó que el atentado era el inicio de una cadena de ataques que continuarán hasta que "Israel no abandone nuestra tierra". Yihad Islámica reivindicó la operación a través de su página de Internet. El atentado suicida de ayer es el segundo que se produce en Israel en veinticuatro horas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de septiembre de 2002