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Antonio Muñoz Molina desentraña en un curso los mecanismos de la invención

Los organizadores del Círculo de Bellas Artes lo llaman taller. Y esa denominación sirve ya a Antonio Muñoz Molina para formular teorías en su curso El juego de la invención. 'Me sirve para ironizar. Un taller supone un lugar de trabajo en el que un carpintero, a fuerza de experiencia, hace cada vez mejor sus muebles, pero en la literatura no ocurre así. Con los años, hay escritores que escriben peor', afirma el autor de Sefarad. Es uno de los misterios que han desentrañado durante dos días él y sus alumnos. 'Ése y otros, como la relación de las personas con la invención. Uno sube al metro y ve a todos leyendo cosas distintas. La literatura les sirve de evasión, pero también de lección de sus propias vidas', cuenta el escritor y académico, que prepara una biografía sobre Juan Carlos Onetti.

También la discusión sobre la técnica ha estado presente. 'Eso de la técnica es peligroso. A escribir se aprende leyendo y observando el mundo que nos rodea', cree Muñoz Molina. La inspiración es otro capítulo importante: 'La magdalena mojada en el té, que tanto juego dio a Marcel Proust, o la inspiración que muchas veces viene de los sueños, es algo inconsciente que debe volverse consciente al realizarse'. Y la mezcla. 'Muchas veces, la literatura debe nutrirse de otras artes, como la pintura o la música, para que dé sus frutos', afirma el escritor, que hoy recibe la Pluma de Oro del Club de la Escritura en una comida que se celebrará en el hotel Ritz de Madrid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de junio de 2002