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Bush presiona a Sharon para que negocie con el presidente Arafat

George W. Bush presionará hoy a Ariel Sharon para que negocie con Yasir Arafat, le guste o no. 'A mí también me ha decepcionado Arafat', comentó ayer Bush, 'y está claro que debe cambiar de rumbo y demostrar al mundo que cree en la paz'. Pero la posición del presidente de EE UU es clara: 'Yasir Arafat es el líder palestino y hay que hablar con él', afirmó el portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer.

Sharon, que se encuentra ya en Washington, tratará a su vez de convencer a Bush de que Arafat no puede ser interlocutor en ningún proceso de paz. El primer ministro israelí acudirá a la Casa Blanca con un informe de 103 páginas que, según él, contiene pruebas abundantes sobre los vínculos del líder palestino con el terrorismo. Un portavoz palestino indicó ayer que el informe de Sharon no era más que 'un montón de falsedades y tergiversaciones'.

La ministra de Educación de Israel, Limor Livnat, que acompaña a Sharon en su viaje a EE UU, declaró ayer que mientras Arafat ostentara el liderazgo palestino no sería posible avanzar hacia la paz. 'No podemos llegar a acuerdos con su régimen corrupto. Arafat nunca cumple sus compromisos. Con él tenemos asegurados muchos más años de guerra. Necesitamos negociar, pero con otro jefe palestino', dijo Livnat.

El secretario de Estado, Colin Powell, se entrevistó ayer con Sharon después de recibir al ministro saudí de Asuntos Exteriores, el príncipe Saud al-Faisal, al que informó sobre las perspectivas de la conferencia internacional sobre Oriente Próximo convocada para principios de verano. 'La conferencia no parece una mala idea, pero mi Gobierno necesita conocer más detalles antes de apoyarla', declaró Al-Faisal. A su llegada al hotel de Sharon, Powell insistió en que los israelíes no podían elegir interlocutor: 'El hecho es que Arafat sigue ahí, y voy a hablar de eso con el primer ministro', dijo.

Último obstáculo en Belén

Mientras tanto, en Belén, el número de milicianos palestinos que deben ser deportados a Italia constituía anoche el último obstáculo entre israelíes y palestinos para levantar el asedio a la iglesia de la Natividad. A pesar de que el lunes por la noche los representantes palestinos anunciaron que se había alcanzado un acuerdo definitivo y que seis milicianos serían deportados, los israelíes, bajo la dirección del ministro de Defensa, Benjamín Ben Eliezer, exigieron que ese punto no quedara cerrado. Israel quería que los deportados fueran 13. 'Ya está casi todo, ahora los palestinos tienen la palabra final', señaló un portavoz del Ejército. 'Sólo faltan unos pequeños detalles', declaró desde EE UU Colin Powell.

Belén amaneció ayer en un ambiente mucho más relajado que durante el mes largo que se ha prolongado el asedio. Los soldados hebreos ya no correteaban en zig-zag en las cercanías de la basílica y tampoco se escucharon disparos. Varias mujeres musulmanas pudieron manifestarse en los alrededores de la iglesia en contra de las deportaciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de mayo de 2002