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Suben los precios mientras todos esperan la flotación del peso

La cotización funciona como detonante y como excusa. Los precios suben porque el dólar va a aumentar o porque aún no se sabe cuánto llegara a costar. El desabastecimiento de mercaderías se aprecia a simple vista en los supermercados. Los proveedores no entregan, y si aceptan vender sin precio es hasta que se pueda determinar cuánto va a costar el producto. Nadie compra así. Las asociaciones de consumidores han comprobado aumentos injustificados y desmedidos desde el 4% en el pan, por el alza en el coste de la harina, hasta el 9% en los paquetes de fideos. El índice de precios al consumidor en el mes de enero fue del 2,3%, pero el verdadero nivel del coste de la vida sólo podrá estimarse al final del verano, cuando comience la temporada escolar y todos los precios reprimidos hasta ahora por el congelamiento de la economía se ajusten también a la realidad de la cotización del dólar. El proyecto de Ley de Presupuesto prevé una inflación anual del 15%, pero las proyecciones de los analistas la sitúan en el 30%. De ser así, otros tres millones de argentinos se sumarán a los 15 millones que ya están por debajo de la línea de pobreza.

El ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, aseguró que el índice de desempleo, que superaba ya el registro histórico del 18%, es ahora del 22%. En los dos meses que lleva casi paralizada la actividad económica del país, desde que el pasado 3 de diciembre se impusieron las restricciones al retiro de fondos de los bancos para evitar la fuga masiva de depósitos, otros 500.000 argentinos fueron expulsados del mercado laboral.

No hay más excusas. Desde el próximo lunes, cuando vuelva a operar normalmente el mercado de cambios, la estrategia económica del Gobierno argentino deberá someterse a la prueba de la realidad. La evolución diaria en la cotización del dólar será la bomba de relojería y el marcapasos de toda la gestión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de febrero de 2002