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Entrevista:Josefina Aldecoa | Escritora

"Nunca he podido superar la muerte de Ignacio"

Tras el éxito de su trilogía iniciada con 'Historia de una maestra', Josefina Aldecoa (La Robla, León, 1926) vuelve a la cita con sus lectores con 'El enigma', una novela sobre la derrota del amor y la soledad. La escritora se plantea un triángulo formado por un profesor de literatura, su convencional esposa y una atractiva mujer, inteligente, culta y sensible que le eleva a un mundo que siempre había ambicionado.

Tras el éxito de su trilogía iniciada con 'Historia de una maestra', Josefina Aldecoa (La Robla, León, 1926) vuelve a la cita con sus lectores con 'El enigma', una novela sobre la derrota del amor y la soledad. La escritora se plantea un triángulo formado por un profesor de literatura, su convencional esposa y una atractiva mujer, inteligente, culta y sensible que le eleva a un mundo que siempre había ambicionado.

'Una cosa es el deslumbramiento del amor y otra muy diferente la convivencia'

'El enigma es la historia de un amor y de una derrota, la derrota del amor'

'La mujer sólo puede ser libre si tiene independencia económica'

Amores fracasados, postergados, traiciones, soledad, las dificultades de llevar adelante una relación son temas que aparecen con frecuencia en la narrativa de Josefina R. Aldecoa, una de las escritoras que mejor reflejan la sensibilidad femenina contemporánea. Tras la publicación de su trilogía compuesta por Historia de una maestra, Mujeres de negro y La fuerza del destino, ambientadas en la Segunda República y en la guerra civil, que obtuvieron un enorme éxito, era esperada con verdadera expectación su nueva novela. El enigma (Alfaguara) enlaza con anteriores libros de Aldecoa, como La enredadera (1984), Porque éramos jóvenes (1985) y El vergel (1988), en los que aborda los problemas de la relación de pareja.

El enigma que se plantea y plantea Aldecoa a sus lectores es por qué Daniel Rivera, de 48 años, catedrático de Literatura en una universidad madrileña, casado y padre de dos hijos adolescentes, renuncia a un amor maravilloso que lo eleva a un mundo estimulante que siempre había soñado y se resigna a una vida sórdida y mediocre.

Es una historia muy triste, con un final desolado. 'Yo soy melancólica, pero no trágica. Lo que más me interesa es el ser humano, y me siento muy solidaria. El enigma es la historia de un amor y de una derrota, la derrota del amor'.

Daniel Rivera se vio casado casi sin darse cuenta con Berta, una de esas mujeres interesadas en pescar un marido; conserva el apartamento que su padre le regaló cuando era estudiante y lo convierte en su último refugio; hastiado de su matrimonio, liga con alumnas. Todo cambia cuando es invitado por una universidad estadounidense a impartir clases durante cuatro meses. Conoce a Teresa, hija de un exiliado español que está escribiendo un libro sobre parejas. El amor es como una explosión y Daniel y Teresa reconstruyen sus vidas desde la infancia. Pero él debe regresar a Madrid y aunque continúan su relación a través de cartas, llamadas telefónicas y breves encuentros, en Asturias y Menorca, se va intuyendo poco a poco que no tienen futuro. Daniel prefiere la comodidad de lo conocido al riesgo de la aventura.

No es la primera vez que Josefina Aldecoa elige un protagonista masculino. Por ejemplo, en Porque éramos jóvenes cuenta la historia de un hombre muerto desde los puntos de vista de su mujer, de un amigo y de un antiguo amor. 'He conocido a tantas y tantas parejas desiguales... Una cosa es el deslumbramiento del amor y otra la convivencia. Daniel vuelve al punto de partida. Intenta conservar su apartamento, su refugio, el símbolo de su libertad, pero su mujer también se lo va a quitar. Y se resigna. ¿Por cobardía? ¿Por comodidad? Me inclino a pensar que lo hace por comodidad. Su mujer ignora su vida profesional, en eso no se mete con él. En cambio, Teresa le plantea mil problemas, le hace pensar, de alguna manera logra que recupere su infancia, la casa de sus abuelos en Asturias, que sienta el deseo de volver a escribir poemas, que se acerque a su hijo... Es un amor maravilloso y estimulante, pero... Su cobardía queda enmascarada por un sentimiento de culpa. Es absurdo que algo así suceda en el siglo XXI'.

Berta, la mujer de Daniel, es casi un estereotipo del ama de casa. 'No es un personaje exagerado. He conocido a muchas mujeres como ella, que no tienen ningún interés por la profesión del marido, que sienten una gran avidez de bienes materiales, que tienen una gran falta de formación y utilizan los trucos más viejos del mundo para que el marido se sienta culpable'.

Al final, Daniel acaba aún más frustrado y Berta consigue todo lo que quiere. 'A ella sólo le interesa tener un marido y se acabó, que se mantengan las apariencias, que él continúe en casa aunque tenga historias fuera. Y el hombre es el que más desea la libertad, aunque rara vez asume el riesgo que comporta esa libertad'.

Josefina insiste en que el protagonista de El enigma es Daniel, aunque página a página crece la figura de Teresa, como también crece la de Beatrice, madrastra de Teresa, una mujer de gran fortaleza y generosidad. No es difícil para el lector pensar que Teresa se parece bastante a Josefina. Ambas son muy independientes.

'Creo que es muy importante que la mujer trabaje, porque sólo es libre si tiene independencia económica. Aunque la pareja sea maravillosa, ¿cómo va a funcionar si ella depende en todo de él?'.

Josefina Aldecoa fundó en 1959 en Madrid el prestigioso y progresista colegio Estilo y en él continúa. Sus novelas han tenido mucho éxito, pero ella jamás se ha planteado dejar el colegio. 'Para mí, la educación es una auténtica pasión. Podría dejarlo sin ningún riesgo, riesgo psicológico quiero decir, pero ni se me ha ocurrido. Con el colegio me he permitido siempre el lujo de hacer lo que he querido y, además, tengo mucha libertad de movimientos'.

El enigma es también una historia de soledad, 'la soledad de uno o la de dos en compañía', como dice Josefina. 'De eso está lleno el mundo. 'La soledad de la pareja', como decía Dorothy Parker. La he visto en muchos matrimonios, aunque esa soledad en pareja no la he experimentado, porque yo tuve una pareja maravillosa. Compartimos el amor, los días, los amigos, no siempre estábamos de acuerdo pero hablábamos mucho. Aún no he podido superar la muerte de Ignacio; aún ahora me pregunto qué diría Ignacio de tal o cuál cosa. Analizábamos las relaciones de la gente que conocíamos... ¡Recuerdo tanto nuestro viaje a Estados Unidos!'.

Josefina e Ignacio Aldecoa, autor de libros como El fulgor y la sangre, Gran Sol o El corazón y otros frutos amargos, pertenecían al mismo grupo de amigos (Rafael Sánchez Ferlosio, Jesús Martín Santos, Carmen Martín Gaite, Alfonso Sastre...), y se casaron en 1952. Ignacio Aldecoa murió en 1969 y para Josefina fue un auténtico choque. Durante 10 años se alejó por completo de la literatura. 'Me salvó el colegio. Leer he leído siempre, pero no podía escribir. Dejé todos los proyectos aparcados. Pasados 10 años empecé a estar mejor. Luego, Gustavo Domínguez me pidió un prólogo para un libro de cuentos de Ignacio que publicó Cátedra. Me costó Dios y ayuda escribirlo, pero me sirvió para romper el hielo. Hice un texto muy personal, a diferencia de los prólogos que publica Cátedra, que suelen ser muy eruditos. Tuvo bastante éxito. En 1979 nació mi nieto y fue un choque muy positivo'.

Escribió y publicó Los niños de la guerra, un libro, como dice ella, de 'memoria generacional'. Y, después, La enredadera, sobre la condición femenina. Y ya no paró. Historia de una maestra la lanzó al gran público y la convirtió en una de las escritoras más queridas de España.

En El enigma, Josefina Aldecoa utiliza con frecuencia el calificativo 'superior', tanto para referirse a hombres como a mujeres, algo que más de uno juzgará políticamente incorrecto. 'Teresa escribe un libro sobre parejas, lo que me permite reflexionar sobre las relaciones hombre-mujer'. Cuando habla de seres superiores no lo hace desde el punto de vista social o profesional, explica, sino desde la calidad humana, de 'sensibilidad aguzada, de ideas claras'.

Y, desde luego, su Teresa tiene las ideas muy claras. Una desearía que hubiera tenido más suerte con Daniel, pero ante ella se abre todo un futuro y en cambio él se ve encerrado en la trampa. Ya no tendrá su refugio, y desde su nuevo estudio, el que desea su mujer, ni siquiera podrá ver el sol.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de enero de 2002