La proteína p53 que protege contra el cáncer está asociada con el envejecimiento

Ratones a los que por error se aumentó la cantidad de proteína envejecieron prematuramente

Un equipo de investigadores de EE UU ha descubierto que una proteína que protege contra el cáncer es también responsable del envejecimiento. La función primordial de la proteína P53 es impedir el crecimiento descontrolado de las células y la formación de tumores, pero ese mismo mecanismo preventivo actúa anulando la capacidad del cuerpo para renovar sus tejidos, y por tanto acelera su deterioro.

El hallazgo, publicado esta semana en la revista Nature, ha estremecido los cimientos en los que hasta ahora se apoyaba la investigación sobre esos dos mecanismos esenciales de la biología: la vejez y el cáncer. Ha suscitado dudas, por ejemplo, sobre si se debe o no proseguir con experimentos en busca de fórmulas para rejuvenecer, dado que alteran el proceso natural del envejecimiento y al mismo tiempo pueden provocar mutaciones cancerígenas.

El estudio, realizado en la Universidad Baylor de Houston, concluye que cuanto más elevado es el nivel de la proteína p53 menor es la posibilidad de desarrollar cáncer y mayor la de envejecer más pronto. De la misma forma, cuando los niveles se invierten, aumenta la propensión al cáncer.

Arnold Levine, codescubridor en 1979 de la proteína p53, y actual rector de la Unversidad Rockefeller, ha calificado el estudio de 'extraordinario'. Compara el funcionamiento de la proteína con el de un procesador de texto que detecta y corrige errores. En este caso, la p53 hace que las instrucciones genéticas se copien adecuadamente para que las células no se dupliquen caóticamente y se conviertan en tumores. Tiene incluso capacidad para detener el ciclo de reproducción celular hasta que se subsanen los errores del código genético, y también puede activar un mecanismo de suicidio de las células malas. Esa maquinaria de defensa se aniquila cuando al organismo se le priva de la p53.

El descubrimiento lo realizó el equipo de Houston por casualidad. Todo comenzó hace ocho años cuando el equipo del doctor Lawrence Donehower manipulaba genéticamente ratones para observar qué les pasaba al reducirles la proteína p53. Se equivocaron y en vez de desarrollar ratones con una deficiencia de p53 les aumentaron los niveles de la proteína.

Al frustrarse el experimento arrinconaron a las criaturas hasta que un día empezaron a observar su extraña transformación. Al principio no sabían bien de lo que se trataba hasta que se percataron de que estaban envejeciendo prematuramente: tenían chepa, osteoporosis, debilidad muscular, perdieron peso y en general empezaron a encogerse. Sin embargo, su resistencia al cáncer se multiplicó hasta el punto de que ninguno desarrolló tumores, a pesar de la propensión de esa especie. Pero también se acortó su expectativa de vida, de 118 semanas a 96.

El hallazgo abre nuevos horizontes para la ciencia, pero al mismo tiempo varios expertos norteamericanos, sorprendidos por los resultados del estudio de Houston, señalan que también plantea numerosas incógnitas. Una de ellas es si el tratamiento con quimioterapia en personas jóvenes puede acelerarles el envejecimiento al activarse la proteína p53 con las mutaciones.

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