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Los talibanes resisten intensos bombardeos en su feudo de Kandahar

EE UU lanza comida sobre campos minados

Los talibanes, recluidos en su feudo de Kandahar, resisten con fiereza la lluvia de bombas norteamericanas y presentan combate en diversos puntos de la provincia que sigue bajo su control. Cerca de 1.000 marines estadounidenses se han desplegado en la zona y desde allí dirigen las operaciones tanto para acabar con el régimen del mulá Omar como para capturar a los terroristas de Al Qaeda, incluido su jefe supremo, el saudí Osama Bin Laden, que supuestamente permanece oculto en esta provincia sureña.

Según han declarado testigos presenciales a la Agencia Islámica Afgana (AIP), cercana al derrocado régimen, los talibanes lograron ayer reconquistar un distrito que cayó en poder de las tribus pastunes, que ahora se disputan esta zona, a principios de semana. Se trata del distrito de Tajtapul, que fue capturado a los talibanes por el antiguo gobernador pastún de la provincia, Haji Gul Aga.

"Los partidarios de Gul Aga se han retirado", declaró a la AIP Abdul Rashid, un habitante de Kandahar que aseguró haber tomado parte en los combates. Según Rashid, unos 70 combatientes de Gul Aga murieron en los combates y alrededor de 50 fueron hechos prisioneros. Sin embargo, nada cuenta sobre bajas entre los talibanes.

Las tropas norteamericanas bombardearon a lo largo de ayer con insistencia la ciudad de Kandahar y sus alrededores, donde murieron al menos 15 personas en las aldeas cercanas al aeropuerto, que fue tomado por los estadounidenses y desde el que dirigen las operaciones en la zona.

La Alianza del Norte tiene previsto, según el comandante Besmilá Jan, antiguo responsable del frente norte de Kabul, alcanzar la próxima semana el último bastión. Hasta el momento, los comandantes de la Alianza han preferido consolidar sus posiciones a aventurarse dentro del corazón de la mayoría pastún. La Alianza, hasta el momento, ha dejado que sean las tribus pastunes quienes se alcen contra los talibanes, pero las disputas existentes entre ellas dificulta un ataque coordinado.

Precisamente eso es lo que tratan de hacer los estadounidenses que han aterrizado en Kandahar, organizar y dirigir a las tribus pastunes contra los restos del régimen integrista del mulá Omar. Ayer fue ahorcado en una plaza pública de Kandahar un supuesto informante de los estadounidenses, a quienes señaló diversos objetivos para sus bombas y misiles a través de un teléfono satélite.

Combatientes talibanes llegados ayer a la ciudad de Quetta, en Pakistán, aseguraron también que Spin Boldak, un pueblo situado a 10 kilómetros de la frontera paquistaní, en la carretera de acceso a Kandahar, sigue bajo control talibán a pesar de los intensos combates de estos días. Los talibanes que entran y salen de Quetta repiten el mismo mensaje a quien quiera oírlo: "Resistiremos hasta la última gota de sangre".

Y mientras se intensifican los bombardeos sobre Kandahar, en el resto de Afganistán los frentes permanecen relativamente tranquilos, incluido el de Mazar-i-Sharif, donde ayer llegó un nuevo grupo de soldados norteamericanos procedentes de la base que han instalado en Uzbekistán. El Pentágono informó anoche de que uno de sus soldados desplazados a Uzbekistán había muerto; no explicó de qué forma, pero aseguró que no fue en una acción bélica.

Aunque las armas empiezan a callar, los civiles afganos, y sobre todo los niños, no escapan de los peligros. En Herat, al oeste, dos niños murieron y tres resultaron gravemente heridos al adentrarse ayer en un campo de minas para coger los paquetes de comida lanzados por los aviones de EE UU.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de noviembre de 2001