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REPORTAJE

La CIA busca a Osama Bin Laden a golpe de talonario

Hasta el 11 de septiembre, la CIA veía al millonario saudí y no podía matarle; ahora tiene todos los medios, pero no le ve

Johnny Spann, padre del agente secreto de la CIA muerto el pasado domingo durante el sangriento asalto a Mazar-i-Sharif, no dudó cuando le preguntaron a quién culpaba por la pérdida de su hijo: "Osama Bin Laden", respondió de inmediato.

El millonario saudí Osama Bin Laden es una obsesión para los estadounidenses. Su nombre y su rostro están en todas partes, y los sondeos demuestran, de forma tajante, que la opinión pública norteamericana daría por perdida la guerra de Afganistán si Osama Bin Laden saliera de ella vivo y en libertad.

En términos generales, la operación militar desencadenada por Estados Unidos se dirige a acabar con el régimen talibán y a destruir la infraestructura afgana de la organización Al Qaeda; pero el hilo conductor de todos los movimientos bélicos es la persecución del carismático exiliado saudí.

La búsqueda de Osama Bin Laden es dirigida por la CIA. Hasta poco antes del 11 de septiembre, la figura espigada del dirigente de Al Qaeda aparecía habitualmente en los monitores del centro de vigilancia planetaria de la sede de la CIA en Langley (Estado de Virginia); los aviones espía captaban con frecuencia imágenes de Bin Laden entrando y saliendo de edificios, dando charlas o moviéndose por el país.

Hasta los atentados del pasado 11 de septiembre en Washington y Nueva York, Bin Laden era visible, pero Estados Unidos carecía de medios para atacarle.

Ahora hay medios, pero el objetivo ha desaparecido. Y la CIA se ha visto obligada a desplazar a Afganistán a centenares de agentes en la operación más importante de su historia.

La muerte del agente Mike Spann reveló uno de los mecanismos de la búsqueda. Spann, un antiguo marine, fue enviado a Afganistán hace seis semanas con la misión de interrogar a los prisioneros de guerra sospechosos de pertenecer a la organización Al Qaeda.

No hablaba ninguna de las lenguas afganas y contaba con un servicio local de ayudantes y traductores. El dinero no es problema: el presidente George W. Bush ha entregado un cheque en blanco a la CIA.

Mike Spann realizaba un interrogatorio cuando cientos de prisioneros talibanes se sublevaron en un fuerte a las afueras de Mazar-i-Sharif. Fue una de las primeras víctimas de una revuelta que acabó en matanza. Spann, como el resto de los agentes de la CIA, buscaba pistas sobre el paradero de Osama Bin Laden.

Para estimular la locuacidad de sus interlocutores, disponía de dinero en efectivo e incluso de la posibilidad de garantizar "inmunidad" al preso que ofreciera pistas.

La dirección de la CIA considera que en esta ocasión el dinero será la clave. La recompensa por Osama Bin Laden ha sido elevada de 5 millones hasta hasta 25 millones, más de 4.500 millones de pesetas.

"Imaginamos que algún individuo con información de primera mano se verá tentado por la recompensa, pero no se atreverá a actuar solo y hablará con el jefe de su tribu, a quien también puede interesarle hacerse rico; suponemos que la información que nos permita cazar a Osama Bin Laden procederá de un colectivo jerarquizado, no de una sola persona, y por eso hemos aumentado la recompensa", ha explicado el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de diciembre de 2001