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Los afganos huyen despavoridos de las grandes ciudades tras los bombardeos

'La situación es crítica. Miles de personas están llegando a la frontera en camiones'

Los afganos vieron cumplirse anoche sus peores presagios. Aviones estadounidenses y británicos rompieron el silencio del toque de queda. En dos oleadas de ataques, diversos objetivos en Kabul, Kandahar, Jalalabad, Herat y Mazar-i Sharif fueron bombardeados no sólo por la aviación, sino también por misiles de crucero. Muchos afganos optaron por huir de esas ciudades. Los talibán informaron de que Osama Bin Laden había sobrevivido a los primeros ataques y que habían derribado uno de los aviones atacantes.

En un nuevo gesto de desafío, el hombre más buscado del mundo se había permitido emitir un mensaje grabado por televisión: 'Estados Unidos está lleno de miedo'. Las primeras noticias de 'fuertes explosiones y fuego antiaéreo' llegaron desde la capital. Eran las nueve menos cinco en Afganistán (seis y veinticinco de la tarde en la España peninsular). Enseguida se pudieron ver las imágenes en directo de Al Yasira, la única cadena de televisión autorizada por los talibán. En un cielo negro, resplandecían los fogonazos de los disparos de las baterías antiaéreas. Poco después llegaban noticias similares desde Kandahar, el feudo de los talibán. Los destellos de las detonaciones fueron observados por los habitantes de Dalbandin, una aldea del Baluchistán paquistaní cercana a la frontera con Afganistán.

Informaciones difundidas por una cadena de televisión daban cuenta de la destrucción del centro de control del aeropuerto de esa ciudad del sur de Afganistán. Sin embargo, el responsable de ese aeródromo, Abdullah Mansouri, contactado por teléfono desde Quetta, aseguraba que los proyectiles habían caído en las proximidades, pero no el recinto aeroportuario. 'Tres aviones estadounidenses han atacado varias posiciones cercanas, no el aeropuerto', declaró Mansouri. 'Las baterías antiaéreas les han respondido, pero no han logrado alcanzarlos', añadió.

Sea como fuera, el pánico se apoderó de quienes aún quedaban en Kandahar, una ciudad que en las pasadas semanas se había vaciado de la mitad de sus cien mil habitantes. 'La situación es crítica. Miles de personas están llegando a la frontera en camiones, furgonetas y cualquier cosa que se mueva', declaró a EL PAÍS un periodista de Quetta que estaba en contacto con sus colegas en el paso fronterizo de Chaman.

Abdul Salam Zaif, el embajador de los talibán en Pakistán, calificó de 'terrorista' la operación. 'Este ataque de Estados Unidos es un acto terrorista', declaró Zaif a la agencia de noticias AIP (próxima a los talibán). 'Intentamos con empeño encontrar una solución al problema, pero Estados Unidos ha elegido el camino de su poder y arrogancia', manifestó. Pocas horas antes de los ataques, el enviado de los talibán había reunido a los medios de comunicación para anunciar que estaban dispuestos a juzgar a Osama Bin Laden en Afganistán y de acuerdo con la ley islámica, una posibilidad que ya había sido rechazada con anterioridad por Washington.

'Morirán muchos ciudadanos afganos normales y corrientes y Estados Unidos será responsable. Es un ataque a un país independiente. Lucharemos hasta nuestro último aliento', aseguro el enviado. Zaif, que es el único embajador que el régimen de los clérigos afganos tiene en el mundo, insistió en la imposibilidad de entregar a Bin Laden. El portavoz de los talibán también dijo que tanto su líder, el jeque Mohamed Omar, como Osama Bin Laden habían sobrevivido a los primeros ataques, 'gracias a dios'

Vivo o muerto

El saudí, por el que Estados Unidos ha ofrecido 25 millones de dólares vivo o muerto, había grabado con anterioridad a los ataques de EE UU una declaración en vídeo que fue difundida anoche por Al Yasira. En ese mensaje, Bin Laden afirma que los atentados de esa fecha dieron a Estados Unidos 'lo que se merecía' por su apoyo a Israel y las sanciones que mantiene contra Irak.

Bin Laden aseguró que los actuales ataques son parte de una campaña contra el islam. 'Es una batalla entre creyentes y no creyentes', defendió. 'Han venido a luchar contra el islam con el pretexto de luchar contra el terrorismo'.

Expulsión de refugiados

La expulsión de los refugiados afganos de las cercanías del aeropuerto de Quetta y la base áerea de Samjli ha desatado este fin de semana todo tipo de rumores en esa ciudad fronteriza paquistaní, como que iba a ser derribado un avión en un atentado. La cancelación del vuelo de Islamabad el sábado les dio pábulo. Muchos ciudadanos esperaban un desembarco estadounidense de un momento a otro. El desalojo, que se inició el viernes, afectó a los habitantes de unas 250 chabolas levantadas en ese lugar en los últimos seis años. El secretario de Interior del Gobierno provincial de Baluchistán, Azmat Khan Orqzey, reconoció la operación, pero desmintió que tuviera nada que ver con una supuesta llegada de tropas extranjeras. 'Se trata de mantener la ley y el orden', aseguró Orqzey, quitando importancia al asunto. En todo caso, los afectados no son recién llegados. 'No sé dónde están los nuevos refugiados', aseguró Orqzey, 'porque si lo supiera, tendría que mandar detenerlos y expulsarlos, tal como hicimos con los 400 que llegaron los primeros días'. El secretario insiste en que la frontera está cerrada. No obstante, es un secreto a voces dónde se alojan los varios cientos de familias que han cruzado desde el día 11 de septiembre. La proximidad de Afganistán y los vínculos familiares que unen a los habitantes de uno y otro lado hacen imposible luchar contra su llegada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de octubre de 2001

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