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Sharon compara la actitud de Bush con la permisividad de Europa con Hitler en 1938

EE UU califica de 'inaceptables' las declaraciones del primer ministro israelí

Washington / Jerusalén

La Casa Blanca reaccionó ayer con una virulencia inusual a unas declaraciones del primer ministro israelí, Ariel Sharon, en las que se comparaba la actual política de Estados Unidos hacia los países árabes con la política de apaciguamiento hacia Adolf Hitler practicada en 1938 por las democracias europeas. 'Las declaraciones del primer ministro son inaceptables', dijo Ari Fleischer, portavoz de George W. Bush.

El político israelí evoca la entrega a Hitler de Checoslovaquia para apaciguar a los nazis

El embajador estadounidense en Israel transmitió de inmediato a Sharon la irritación de Bush por sus palabras. Israel no tiene un aliado más fiel que EE UU y la relación entre ambos países siempre ha sido estrecha en momentos de crisis. Pero el ultraconservador Ariel Sharon pareció perder el jueves por la noche toda perspectiva histórica y declaró que Israel estaba solo. "Sólo podemos confiar en nosotros mismos", dijo, "y de hoy en adelante, sólo en nosotros confiaremos". El primer ministro israelí comparó su país con la Checoslovaquia de 1938, cuya invasión por el Ejército alemán fue tolerada por las democracias europeas con la esperanza de que las ambiciones territoriales del régimen de Adolf Hitler se vieran satisfechas.

"Nos encontramos", declaró Sharon, tras subrayar que no cesaba el terrorismo palestino contra Israel, "en una compleja y difícil campaña política. Hago un llamamiento a las democracias occidentales y, sobre todo, al líder del mundo libre, Estados Unidos: no repitan el terrible error de 1938, cuando las democracias europeas decidieron sacrificar Checoslovaquia como solución cómoda y temporal. No intenten apaciguar a los árabes a nuestra costa. Eso es inaceptable para nosotros. Israel no será Checoslovaquia. Israel luchará contra el terrorismo. He dado instrucciones a mis fuerzas de seguridad para que tomen todas las medidas necesarias para hacer frente al terrorismo palestino".

Preguntado sobre una posible reanudación de las negociaciones con la Autoridad Palestina, Sharon respondió: "Cuando me hablan de Yasir Arafat dejo de escuchar. Todos nuestros intentos de alcanzar un alto el fuego han sido torpedeados por los palestinos. El fuego no ha cesado ni un minuto".

"Estados Unidos no está haciendo nada dirigido a apaciguar a los árabes a costa de Israel", afirmó ayer el portavoz de la Casa Blanca. "Israel no tiene en el mundo un aliado más fiel y fuerte que Estados Unidos y el presidente Bush es especialmente amigo de Israel. Seguiremos presionando tanto a Israel como a los palestinos para que vuelvan a la negociación", añadió Fleischer. El enfado de Washington por la salida de tono de Sharon fue formalmente transmitido al Gobierno israelí por vía diplomática.

Anoche, Sharon intentó rebajar la tensión y expresó en un comunicado "su gratitud personal y la del Estado de Israel" por la amistad de EE UU, así como por "las relaciones especiales que hay entre los dos países". El comunicado fue difundido después de que Sharon recibiera un llamada telefónica del secretario de Estado norteamericano, Colin Powell.

Fuentes del Departamento de Estado comentaron que el arrebato de Sharon podía tener una doble causa: el martilleo incesante del terrorismo en Israel y, sobre todo, los indicios de que la diplomacia estadounidense podría estar considerando un leve giro en su estrategia hacia Oriente Próximo, algo más favorable a los palestinos, para facilitar la adhesión de los países árabes a la coalición antiterrorista. George W. Bush tenía previsto reunirse a finales de septiembre con Yasir Arafat durante la asamblea general de Naciones Unidas, aplazada tras los atentados contra Nueva York y Washington. El martes, Bush confirmó que la creación de un Estado palestino había formado parte "siempre" de la visión a largo plazo de EE UU para la zona.

Las palabras del general Sharon suponen una andanada a las gestiones de la Casa Blanca, que trata desde hace varias semanas de convencer a los países árabes moderados para que se sumen a la coalición antiterrorista, ofreciéndoles a cambio adoptar una posición más activa en el conflicto israelo-palestino, retomando la labor de mediación efectuada por el anterior presidente, Bill Clinton, durante sus dos mandatos e impulsando un alto el fuego y tratando de reabrir el camino del proceso de paz. Las declaraciones del líder israelí son además inoportunas, ya que representan una zancadilla a la misión que Bush ha encomendado al secretario de Defensa, Ronald Rumsfeld, quien en los últimos días ha visitado Arabia Saudí y Egipto en un intento de buscar apoyos para la alianza.

Pero las palabras de Sharon han sentado también fatal en Israel, donde se le ha acusado de fomentar el catastrofismo. Desde la izquierda se recordaba ayer que EE UU ha sido el aliado más fiel y firme que ha tenido Israel y que, sólo por ello, se merecía un respeto. La derecha ultranacionalista y radical aplaudía, sin embargo, los comentarios y la valentía del primer ministro al decir en voz alta lo que piensa un sector de la población en la calle.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de octubre de 2001