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Entrevista:Elena Poniatowska | Periodista y escritora

'Me gustan los personajes apocalípticos'

A Elena Poniatowska (París, 1932) le gustan los personajes con un pie en el infierno. La veterana periodista y escritora mexicana recoge hoy en Madrid el Premio Alfaguara de Novela 2001 por su novela La piel del cielo, protagonizada por un idealista que todo lo ve en términos absolutos y al que obsesiona el misterio del universo. Está considerada como una de las voces más críticas de su país, pero ella se define como una mujer 'dócil que dice lo que piensa'.

Elena Poniatowska lleva casi cincuenta años compaginando el periodismo y la literatura en todas sus facetas. Hasta ahora, las mujeres siempre habían protagonizado sus novelas. La piel del cielo, su nueva obra, propone, por primera vez en la carrera de esta narradora, a un hombre fascinado por la astronomía como personaje central. 'No fue difícil ponerse en ese papel', aseguró ayer la escritora. 'Ellos tienen mayor capacidad de síntesis, precisión y eficacia, pero las mujeres no somos tan distintas'.

Como documentación para su novela, de más de 400 páginas, empezó a leer todos los libros sobre temas científicos que caían en sus manos. 'Quería retratar un campo del que se ha hablado muy poco en México y confrontar una disciplina que se basa en el rigor y en el ejercicio de la razón con un país donde todo es escapismo'. En parte se inspiró también en uno de sus tres hijos, físico de profesión, y en su marido, un astrónomo al que no le hubiera gustado nada leer La piel del cielo. 'Tiene algo que ver con su biografía, sobre todo en lo que se refiere a los aspectos científicos, pero le cuelgo muchos milagros y le invento muchos amores', contó ayer en Madrid, donde hoy recogerá el galardón literario, dotado con 25 millones de pesetas.

A sus 68 años, Poniatowska, madre de tres hijos y abuela de cinco nietos y un sexto en camino, no parece la mujer dócil que dice ser. 'Nada que ver' con los personajes rebeldes e inconformistas que pueblan sus novelas. 'Eso es todo ficción', dijo, como quitándose importancia, al poco de aterrizar en la capital procedente de Barcelona y Los Ángeles, donde ha impartido unas conferencias literarias.

Ataviada con un vestido negro, que resalta su melena blanca, y unos zapatos de tacón a juego, la escritora cuenta que desde niña le fascinan los personajes con vocación de fracaso: 'Tipos apocalípticos que te transportan al infierno y te torturan, pero también me interesan aquellos seres capaces de descubrir un mundo nuevo e inesperado. Me gusta el riesgo y el precipicio y todo lo que uno emprende por primera vez, ya sea en una relación de pareja o un nuevo empleo'.

En México, donde vive desde que tenía 10 años, se 'presta poca atención a la cultura y a la educación, lo que motiva que muchos talentos se queden en el camino por falta de apoyo'. La piel del cielo es, en palabras del jurado que la premió, presidido por Antonio Muñoz Molina, la novela de un personaje que busca en las posibilidades de la ciencia la explicación del mundo y de la vida, y que haya, en ese proceso de búsqueda, el desafío del amor.

La biografía de Lorenzo de Tena, el mayor de cinco hermanos cuya vida cambia radicalmente cuando muere su madre y se trasladan a la colonia Juárez del Distrito Federal, donde viven su padre y sus hermanas solteras, protagoniza La piel del cielo. La vida del mayor de los Tena, un chico inteligente y sensible al que obsesionan el misterio del universo y los fenómenos naturales, está plagada de relaciones fallidas, y es que su creadora no tiene excesiva 'fe en el amor'. Las aventuras de este personaje acaban confundiéndose con la historia contemporánea de México.

La piel del cielo, como no podría ser de otro modo, está plagada de mexicanismos. Los personajes de Poniatowska se sientan a tardear, se enchamarran, jalan las cosas, se llaman familiarmente cuate o guacalean. Es el lenguaje que la periodista escucha en la calle y el que utiliza para expresarse en sus entrevistas y en sus libros.

No le gusta que la califiquen como la escritora que ha puesto voz a los que carecen de ella. 'Ése es un cliché que no responde a la realidad. Todos tienen voz, aunque sea desgarradora. Lo único que he hecho es poner un cauce para que se oiga a los más desfavorecidos'.

La literatura y el periodismo siempre han caminado de la mano en la vida de esta escritora. La inmediatez con la que redacta crónicas y entrevistas le ha ayudado a escribir de una manera más ágil, aunque luego haga infinitas correcciones y cambie páginas, y hasta capítulos de sitio. El ejercicio del periodismo le ha aportado también muchas historias y apuntes de la vida de la gente que luego ha utilizado en su literatura. Pese al tiempo y los premios que ha recibido, entre otros el Nacional de Periodismo (1979), se sigue considerando periodista. Su último trabajo fue la cobertura de la llegada del subcomandante Marcos a la capital mexicana, donde coincidió en una conferencia con Vázquez Montalbán y José Saramago. Fue cronista también de la matanza de Tlatelolco en 1968, del terremoto de su país en 1985 y del levantamiento de Chiapas, pero no todo han sido grandes titulares en su carrera. Ha pasado por todas las secciones de un periódico y conoce a fondo el trabajo de mesa.

En 1953, cuando debutó como periodista, quiso firmar sus artículos con el seudónimo de Dumbo, 'el elefantito que vuela', pero sus jefes se lo impidieron. No quería firmar con su nombre de pila para que no la tomaran por 'una condesa polaca'. Utilizó también el nombre del personaje de Disney para firmar su novela cuando la presentó al Premio Alfaguara de Novela, el primero al que se presenta en su vida.

La vida de Poniatowska bien podría servir como argumento para una novela. Nació en París, hija de una mexicana, Paula Amor, y un noble polaco, Jean Poniatowska. El estallido de la II Guerra Mundial hizo que su madre tomara una decisión que cambió sus vidas. Madre e hija partieron para México mientas su padre luchaba con el Ejército francés y participaba en en el desembarco de Normandía. La guerra los separó durante cinco largos años, pero cuando su padre regresó a casa, la niña que fue Poniatowska lo recuerda cargado de 'corcholatas'.

Fue francesa hasta que casó y su marido la nacionalizó mexicana, y así sigue. Hasta entonces no había tenido conciencia de ser ciudadana de otro país. En México conoció a muchos españoles, exiliados tras la guerra civil. León Felipe, María Zambrano y Max Aub se contaban, en ese tiempo, entre sus autores de referencia. Fue amiga personal de Luis Buñuel, al que 'acompañaba a la prisión de Lecumberri a visitar a un preso colombiano llamado Álvaro Mutis', recuerda.

Es de los pocos creadores que puede presumir de haberse permitido el lujo de rechazar un premio literario. Su novela La noche de Tlatelolco, en la que recreaba la matanza de estudiantes en la plaza de Las Tres Culturas, obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia, que concede el Gobierno de su país, pero ella se negó a recogerlo porque no 'podía devolver la vida a las víctimas'.

Tras La piel del cielo, Poniatowska volverá a ponerse en la piel de un hombre. Le gustó mucho que el jurado del Premio Alfaguara pensara, al leer su manuscrito, que estaba escrito por un hombre. Ya tiene bastante avanzada una nueva novela sobre 'un ferrocarrilero'. Su intención esta vez es 'recuperar un mundo que ha desaparecido en su país, donde ya no funcionan los trenes de pasajeros'.

Nada más llegar a España, la autora de Hasta no verte, Jesús mío se ha encontrado con la polémica levantada por el discurso del Rey en la entrega del Premio Cervantes a Umbral. 'Los mexicanos vivieron la conquista como una injuria. Fueron aplastados todos sus valores y, en vez de los dioses del agua o de la guerra, a los que ellos adoraban, se les dio un Dios que murió en la cruz y se les obligó a hablar español'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de abril de 2001