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Tribuna:

La música, de luto

La música está triste, ¿qué tendrá? De Ávila, de Alicante, los lamentos se suceden en la sección de Cartas al director de este periódico, con un tono entre desconsolado y pesimista, a propósito de la pérdida de entidad en la enseñanza secundaria por la disminución de horas lectivas que pretende el nuevo Plan de Reforma de las Humanidades. La enseñanza secundaria, qué problemón. Estremece el desencanto que ayer mostraba Luis Sanjuán, profesor de conservatorio, en La música en el país de nunca jamás, augurando un panorama futuro de "buenos ciudadanos sordos y felices" y denunciando con amargura que, "como la música es una lengua universal, no se levanta con su homicidio ninguna ampolla autonómica". Y conmueve, asimismo, la lucidez, con una buena dosis de escepticismo, de Purificación Sevilla, presidenta de la Federación Nacional de Profesores de Música, cuando en Con la música a otra parte reflexionaba el pasado domingo sobre la presencia de la música en los discursos de los filósofos o la necesidad de la música en la formación integral del individuo. Cosas sabidas, todas ellas, que hay que volver a recordar porque la memoria es frágil y escurridiza.Sin salirnos de EL PAÍS, Víctor Pliego de Andrés, al frente de 94 miembros de la Coordinadora de Profesores de Música de Secundaria de Madrid, reivindicaba en una tribuna de las páginas de Educación la defensa de la música en la secundaria, volviendo a poner sobre la mesa que la música desarrolla "la atención, la concentración, la memoria, la tolerancia, el autocontrol, la sensibilidad; favorece el aprendizaje de la lengua, de las matemáticas, de la historia, de los valores estéticos y sociales". La importancia de la música en la educación estética, a las edades de ilusión e hipersensibilidad de la secundaria, está fuera de toda duda. Es una cuestión que afecta mucho más a los valores formativos que a la acumulación de conocimientos. "Lo que hace falta es transmitir pautas de comportamiento que permitan utilizar y rentabilizar la información que se posee", ha puntualizado el filósofo Fernando Savater. En estos últimos años en que tanto se habla de una educación de valores, no creo que esté de más recordar que en el Instituto Escuela, de la Institución Libre de Enseñanza, la jornada escolar comenzaba todos los días con treinta minutos de canto coral, compartido por profesores y alumnos. En fin, otros tiempos.

Un apunte más sobre la trascendencia de la educación musical en el contexto de la educación global. En 1998, el filósofo Emilio Lledó escribía: "La educación no es sino la puesta en práctica de una singular armonía que consuma todas las armonías del mundo. Y la música, al despertarnos a ese universo total de consonancias, forma en el alma el territorio donde la persona irradia, en el gozo del oído, el otro gozo en el que se acompasa la tensión y el deseo de una misteriosa excelencia, de una humanidad superior". ¿Y en los países nórdicos o centroeuropeos? Pues, bueno, la cosa es menos traumática y la familiaridad con la música forma parte de las señas cotidianas de identidad cultural. Por citar un ejemplo, al hilo de la actualidad, la semana próxima actúa en Madrid el Aurinkorannikon, coro finlandés de la Costa del Sol. Cuando el canto se lleva dentro...

Un gesto de compromiso, de buena voluntad con la música, se necesitaba de los políticos en un país como el nuestro. La realidad musical es algo más que la creación de orquestas sinfónicas periféricas, que el anuncio de nuevos auditorios y festivales, que el glamour que despierta la ópera. Es cuestión de prioridades, desde luego, pero dudo que haya alguna más urgente que el acceso a la música del mayor número posible de personas. Decía John Galbraith que "la educación sirve, más que nada, para ensanchar la vida y disfrutarla. La educación es lo que abre la ventana del individuo a los placeres del lenguaje, de la literatura, del arte, de la música...". La ventana de la música se ha empequeñecido. Siempre quedará el refugio, o el consuelo, del silencio, pero hasta para percibir la sensibilidad del silencio se necesita una esmerada educación musical.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de noviembre de 2000