Honores académicos para los Nobel Seamus Heaney y Saramago

Investidos 'honoris causa' en las universidades de A Coruña y Salamanca

A Coruña / Salamanca - 28 jun 2000 - 22:00 UTC

Los Nobel Seamus Heaney y José Saramago fueron investidos ayer doctores honoris causa por las Universidades de A Coruña y Salamanca, respectivamente. Acompañado por la música de su compatriota Lian O' Flynn, Heaney reivindicó la literatura de la periferia. Y ante un paraninfo abarrotado de público, Saramago aseguró que "el presente es una invención nuestra, vacilante entre la perplejidad del futuro y del pasado".

"De niño, dos de mis palabras preferidas eran Finisterre y Vizcaya, que escuchaba constantemente en las informaciones meteorológicas sobre el estado del mar. Finisterre significa el fin de la tierra, pero sólo desde el punto de vista de los que vivían en el centro del mundo conocido. Visto desde Irlanda, Galicia no es el fin de la tierra, sino su comienzo", contó ayer Seamus Heaney (Derry, Ulster, 1939) en el abarrotado paraninfo coruñés y en un discurso estructurado a base de pequeños relatos. A pocos metros, según recordó Antonio de Toro, padrino académico de Heaney, de donde las leyendas célticas sitúan el origen de Amergin, el primer poeta que pisó el suelo de Irlanda.Para su reivindicación periférica, Heaney recurrió al noble O'Neill del Ulster, invitado después de la conquista inglesa a la corte británica y situado a extramuros de la mesa presidencial como muestra de su futuro papel. En vano. "Donde se sienta un O'Neill, allí está la cabecera de la mesa", exclamó el invitado. El último relato que contó el nuevo doctor a compañeros de claustro es más reciente, en todos los sentidos. Una noche, desvelado por el ruido de una discoteca, Heaney se asomó a la ventana y reflexionó con tristeza sobre la uniformización cultural de hoy día. Hasta que oyó hablar a los que salían y se dio cuenta de que en cualquier aparcamiento del mundo, los jóvenes oirán y vestirán lo mismo, pero no hablan igual: "La literatura es nuestra recompensa por ser fieles a lo que somos, y su efecto radica en despertar en nosotros lo que podemos ser".

Esquizofrenia

El escritor portugués José Saramago centró su intervención en su relación personal con el tiempo que le ha permitido "poner en duda la existencia de un presente". Para el Nobel de Literatura, el presente no será más que "un cursor que se desliza a lo largo de una escala, caracterizado por no ser, ni siquiera, mensurable; nada más que un punto móvil, una luz que corre hacia las tinieblas dejando tras de sí una claridad difusa". El escritor portugués señaló, en su discurso de investidura por la Universidad de Salamanca, que hoy ya no está tan seguro de que, como había mantenido antes, la mejor manera de explicar las cosas sea la metáfora, esto es, decir una cosa por otra.

Al preguntarse por el lugar que ocupa, de qué medios se sirve, qué fines quiere conseguir el trabajo del novelista, el autor de Memorial del convento indicó que cuenta su percepción "de una humanidad vista como transportadora del tiempo, la idea, también de que toda comprensión del mundo y de la vida solamente ficcionante podrá ser: histórica para el pasado, caótica para el presente, utópica para el futuro".

Antes, en rueda de prensa, Saramago dijo que rozaba "la esquizofrenia" que una sociedad como la actual, "apática e indiferente, formada por personas centradas en sí mismas, despreocupada y descomprometida, genere escritores comprometidos" y les exija a éstos, como una gran contradicción, el compromiso para transformar la sociedad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 28 de junio de 2000.

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