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El Nobel premia el hallazgo del sistema de reparto de proteínas en las células

Günter Blobel dona el importe del galardón de Medicina a la reconstrucción de Dresde

Estocolmo / Nueva York

Un mecanismo básico de la célula viva, descubierto por el estadounidense de origen alemán Günter Blobel en los años setenta, ha sido el objeto del Premio Nobel de Medicina de este año, anunciado ayer en Estocolmo. Blobel desentrañó el código que hace que las proteínas sepan dónde deben dirigirse dentro de la célula una vez fabricadas, lo que ha servido ya para conocer la causa de algunas enfermedades hereditarias, como la fibrosis quística o el exceso de colesterol, debidas a que ciertas proteínas no se colocan en su sitio.

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Blobel, de 63 años, aseguró ayer en la Universidad Rockefeller de Nueva York, en la que ha realizado toda su carrera, que cederá la mayor parte de los 150 millones de pesetas que le corresponden por el premio a la ciudad de Dresde, en la antigua Alemania Oriental. "He decidido donar el premio a una organización que yo fundé, los Amigos de Dresde". Esta asociación apoya la reconstrucción y la conservación de la ciudad, destruida por un bombardeo aliado en 1945.Blobel, que nació en 1936 en la localidad de Waltersdorf, entonces alemana y ahora polaca, fue testigo de esta destrucción cuando tenía 8 años. "Nada me ha marcado tanto como ver la destrucción de Dresde. Es la pérdida más importante causada por un solo acto a la arquitectura de Europa", dijo ayer.

Miles de millones

El científico de origen alemán ha sido premiado por su descubrimiento de que "las proteínas disponen de señales intrínsecas que gobiernan su transporte y situación en la célula", según el jurado del Nobel de Medicina. Esta frase se entiende mejor si se recuerda que un ser humano adulto está formado por unos 100.000 millones de células y que cada célula contiene aproximadamente 1.000 millones de moléculas de proteína, de las que algunas constituyen los materiales de construcción del esqueleto celular y otras -las enzimas- funcionan como catalizadores de miles de reacciones químicas específicas.En este complicado y microscópico mundo celular se desconocía, hasta que Blobel realizó los trabajos ahora premiados, cómo las proteínas recientemente generadas se dirigían a sus lugares correctos en las células. Ahora se sabe que el mecanismo es común a todas las células de los animales y las plantas.

"Sus descubrimientos son utilizados por científicos de todo el mundo y por la industria farmacéutica", señaló Bertil Daneholt, miembro de la Asamblea Nobel. "Serán cada vez más importantes para la industria farmacéutica cuando en el futuro sea posible tomar células, repararlas con tecnología genética y reintroducirlas en el organismo", añadió.

Blobel explicó ayer que las señales de que van provistas las proteínas "se pueden comparar a las etiquetas que permiten a las maletas llegar al aeropuerto correcto o a las cartas llegar a su destino". El descubrimiento de este mecanismo ya ha permitido saber la causa de enfermedades congénitas, como la hiperoxaluria, que produce cálculos renales a temprana edad, y la fibrosis quística. "Cuanto más comprendamos cómo funcionan las células, más sabremos acerca de cómo funciona el cáncer, el Alzheimer o el sida", comentó ayer Blobel

Fuertes instituciones

También recordó el científico premiado a George Palade, en cuyo laboratorio, en el Instituto Howard Hughes, se integró a su llegada a Estados Unidos en los años sesenta. Palade obtuvo el premio Nobel de Medicina en 1974 junto a dos científicos belgas por sus trabajos sobre la estructura y el transporte celular.El premio de este año consolida una vez más el poder de las instituciones científicas estadounidenses, cuyos investigadores, sean naturales de Estados Unidos o extranjeros, han dominado los premios Nobel de Medicina desde hace decenios. En sus 89 ediciones han resultado premiados 80 estadounidenses. El segundo país en número de científicos premiados con este galardón es el Reino Unido, con sólo 22.

Ayer, Blobel, que tiene la nacionalidad estadounidense desde hace 12 años, recordó que cuando hizo los trabajos ahora premiados todavía era ciudadano alemán, y dijo, bromeando, que Alemania se puede vanagloriar de tener dos premios Nobel este año y de que los dos se llamen Günter, en alusión a Günter Grass, premio Nobel de Literatura. El canciller alemán, Gerard Schroeder, envió ayer un telegrama de felicitación al científico premiado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de octubre de 1999